martes, 15 de enero de 2013

Una caja, un cartel y muchas incógnitas

Suele ser frecuente que los hallazgos históricos ocurran en forma puramente incidental, aunque también sucede que tales descubrimientos terminan generando más interrogantes que certezas. En ese orden de cosas, dos viejas marcas de toscanos han llegado a mi conocimiento de una manera absolutamente episódica. Ello me ha proporcionado la certidumbre absoluta de su existencia en el pasado, así como algunos datos valiosos (nombres, direcciones, precios) e incluso cierta aproximación sobre la época en que se comercializaron, pero todo eso está muy lejos de la abundancia de antecedentes documentales que poseo sobre otros productos famosos como Avanti, Regia Italiana o Flor de Mayo. La lectura más sensata que se desprende de ese hecho nos habla de lo que parece ser una vida comercial efímera  en ambos casos. O, dicho de otro modo, que las marcas en cuestión no fueron muy duraderas en el mercado nacional, por lo cual no dejaron  rastros en artículos periodísticos, propagandas y documentos añejos.


Tanto una como otra fueron  “avistadas” por mí en distintos sitios de remates en Internet (verdaderos yacimientos para coleccionistas e historiadores) hace algunos meses. El primer caso tiene que ver con los Toscanos Suizos de B. Yoldi, marca impresa en el costado de una antigua caja de madera de  50 unidades para el expendio en cigarrerías y comercios del ramo. En la impronta aparecen también el precio de diez centavos, la dirección Triunvirato 1063 y el eslogan “no hay mejores”. Las dos primeras leyendas  resultan  útiles para establecer una fecha aproximada, que podemos situar entre 1910 y 1927. ¿Por qué? En primer término, porque el valor de $ 0,10 es propio de esa época, pasada la cual resulta difícil encontrar indicios sobre toscanos con precios inferiores a los $ 0,15. Tampoco creo que sean anteriores al período señalado por la tipografía y el diseño que acompañan a la caja, típicos de la posguerra 1914/18. Luego, la dirección esconde un enigma que me permitió despuntar el vicio del investigador aficionado y confirmar la cronología. Habiendo descartado la posibilidad de que se tratara de un domicilio perteneciente al interior del país (en ese caso aparecería también el nombre de la localidad), pronto me percaté de que la Avenida Triunvirato de hoy nace a la altura del 2700 y que la Avenida Corrientes es su continuación natural -salvando la interrupción que supone el predio de la estación Federico Lacroze-, aunque las numeraciones presentes de las dos arterias no se relacionan para nada ni siguen una secuencia lógica. Todo el embrollo se explica perfectamente escarbando un poco en el ayer, puesto que entre 1900 y 1927 una parte de la actual avenida Corrientes se llamó Triunvirato, concretamente desde Angel Gallardo hacia el norte, comenzando allí su numeración a partir de cero. Ergo, el domicilio Triunvirato 1063 corresponde al actual Corrientes 5663, en la cuadra ubicada entre Thames y Serrano. Precio y dirección, entonces, tienen sentido y coinciden perfectamente con un período concreto de 17 años, pero igualmente nos quedan irresolutos muchos interrogantes. A modo de ejemplo: ¿por qué “suizos”? ¿Acaso porque imitaban a los toscanos suaves elaborados en ese país, como los Pedroni? ¿O simplemente era un argumento comercial para establecer cierta diferenciación  respecto de la competencia? Quizás podamos responderlos algún día, o quizás no, pero no flaqueamos en el empeño.


Un último dato de los misteriosos Toscanos Suizos de B. Yoldi está vinculado con otra venta en Internet por un sólido despuntador metálico del tipo que se utilizaba en las cigarrerías para cortar los toscanos al medio, con la marca que nos ocupa incisa en el mismo metal. Ello nos indica, adicionalmente, que la empresa  podría ser pequeña pero no escatimaba recursos para difundir sus productos.


La otra marca es Ottone (I) y fue hallada en un cartel litografiado que parece corresponder a la misma época de Yoldi. Tenemos un precio similar (diez centavos), el eslogan con versito (al buen humor predispone el saborear un Ottone) y la indicación de sus concesionarios, la empresa Mignaquy y Cía. La firma de marras era sita en la calle Wenceslao Villafañe 740, a pocos metros del estadio de Boca Juniors, lugar que ocupó hasta su liquidación en el año 2006. En los tiempos de nuestro letrero, el término “concesionario” era utilizado para definir al distribuidor, o lo que hoy se da en llamar “empresa de logística” encargada de múltiples funciones como vender, publicitar, entregar y cobrar. Mignaquy y Cía. fue famosa durante décadas y se dedicaba a rubros tan diversos como los combustibles e hidrocarburos Texaco , los productos alimenticios, los tabacos y las bebidas. Respecto a esta última actividad hemos podido encontrar un anuncio de la Sidra Sagardúa de la década de 1940 o 1950 que así lo confirma.


Ahora bien, volviendo a los toscanos, ¿dónde estaba la fábrica? ¿Cuál era su origen? ¿Serían el resultado de una elaboración propia o de una manufactura hecha por algún  tercero por cuenta y orden de Ottone, que luego los comercializaba con su marca? No lo sabemos aún, pero la búsqueda es el motivo esencial de este blog, así que seguiremos trabajando sin descanso en la materia toscanera para resolver éstos y otros enigmas de su historia.

Notas:

(I) Existió un vermouth homónimo elaborado por la prestigiosa casa licorera Peters, pero es francamente poco probable que tenga algo que ver con nuestros toscanos. 


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