martes, 8 de septiembre de 2015

Cigarreros italianos en 1895 II

Tal cual señalamos en el posteo de junio titulado Desventuras de un investigador, el Boletín Industrial del censo 1895 es tan útil para ubicar manufacturas de tabaco como inútil para saber si se dedicaban a alguna especialización determinada. Dicho en otros términos, prácticamente ningún dato allí plasmado nos ofrece indicios sobre la eventual elaboración de productos   italianos (1).   No  obstante,  aquella adversidad  inicial  se  convirtió  en  un marcado entusiasmo por averiguar algo más sobre esos cigarreros peninsulares que tenían toda la aureola de  fabricantes  toscaneros. La  primera  fuente complementaria que consultamos fue el capítulo poblacional del censo en cuestión (que es un censo aparte, en rigor de verdad), donde los habitantes quedaron asentados en los domicilios junto con sus grupos familiares (2).  Sabiendo que nuestro sondeo se limitaba a la Capital Federal  iniciamos la exploración de nombres y apellidos. Un dato histórico nos ayudaba bastante: la gente de la época solía vivir en el mismo lugar de trabajo  o  muy cerca de él,  especialmente si se trataba de empresas pequeñas  y familiares. Era más que probable encontrar a estos cigarreros italianos habitando en la misma sección donde desarrollaban sus labores cotidianas.


Y así fue que dimos con muchos de ellos, quienes declaraban siempre  tener  como  oficios  los  de cigarrero   o   comerciante.   Eso  es  una  buena confirmación de su existencia en tiempo y lugar, pero no implica ningún rastro concreto del tema que más nos interesa.  Un cigarrero a secas podía hacer cualquier tipo de puro y no necesariamente uno italiano, e incluso era capaz de armar cigarrillos de papel.  Lo mismo sucede con los comerciantes dedicados al rubro, que podían elegir entre cientos de ítems tabacaleros para confeccionar y vender. La  nacionalidad italiana es un dato que apunta en la dirección que queremos, pero no lo suficiente, al igual que la condición de talleres artesanales con pocos empleados. ¿Qué más pudimos encontrar? Pues bien, la siguiente etapa de la búsqueda nos llevó a la misma Italia (virtualmente hablando, claro), donde logramos descubrir algunas cosas harto interesantes.   Verbigracia,  que  la  nómina presentada en la entrada anterior está repleta de apellidos originarios del norte de Italia, especialmente del Piemonte, la Liguria, la Lombardía y el Véneto. Y eso, como veremos, no es casualidad.


Señalamos hace algún tiempo que la primera gran inmigración desde Italia, entre 1860 y 1880, estuvo compuesta por nativos del norte,  y que a partir de entonces empezó a venir la gente del centro y el sur.  En la Argentina de 1895,  quince años después del comienzo de esta segunda oleada,  era  igualmente  sencillo encontrar personas de cualquier región de ese país. ¿Por qué, entonces, la mayoría de los cigarreros italianos era del norte?  Por algo muy simple: la industria tabacalera se encontraba allí mucho más desarrollada, había más fábricas y existía una mayor tradición en la manufactura de ciertos  cigarros emblemáticos,  como  el Cavour,  del Piemonte,  o el Brissago,  del Véneto.  Ergo,  esos artesanos tabacaleros llegaban empapados de una tradición laboral claramente inclinada hacia los puros de sus respectivas regiones.   No  eran especialistas en los tipos habanos,  ni en cigarrillos de papel (3),  sino en los cigarros que consumían ellos, sus hermanos, sus padres, sus abuelos, y que seguramente habían aprendido a armar cuando todavía eran niños. Veamos a modo de ejemplo gráfico un par de casos: el de Francisco Queirolo y Cayetano Sturla. En ambos  podemos apreciar una selección de la página correspondiente al censo de población y luego la ubicación geográfica de sus apellidos en Italia, de acuerdo con el sitio www.gens.info (4)


Exactamente lo mismo sucede con Ricotti, Aime, Cavanenghi, Rotta, Corso, Bonani, Montini, Camillo, Dodero, Ferrando, Pancini, Carrega, Capra, Bertolazzi (apuntado erróneamente en la ficha del censo con una sola zeta) Gambetta y Nicolodi, sumados a los socios y cuñados Caligaris y Terzano, cuyo caso especial trataremos en la próxima entrada. Empezamos hablando de cigarreros italianos. Luego, de cigarreros italianos artesanales. Ahora ya tenemos a cigarreros italianos artesanales mayormente del norte, lo que nos va llevando lentamente hacia donde queremos llegar…

                                                            CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Hay excepciones muy puntuales. En aquella misma ocasión señalábamos el sugestivo nombre de la Cigarrería de la paja, de Botti y Ramírez, y poco tiempo después dimos con algo parecido, pero mucho más explícito: nada menos que el inestimable y legendario establecimiento La Argentina, de Juan Otero y Nicolás Cavalleri, pionero en la industria nacional de puros itálicos. En el padrón que nos ocupa aparece como Fábrica de cigarros denominados de la paja,  es  decir,  Brissagos.  Semejante rótulo viene a confirmar que cualquier referencia de la época sobre la elaboración de alguno de los tres cigarros italianos más famosos indicaba inexorablemente la confección simultánea de los otros dos. En el caso de La Argentina lo sabemos bien porque conocemos la reseña de su establecimiento según una importante guía industrial publicada ese mismo año de 1895, cuyo contenido volcamos hace un par de años bajo el título Manufacturas pioneras del toscano nacional . Volveremos sobre este punto en la cuarta y última entrada de la presente serie, cuando expongamos conjuntamente los indicios que avalan nuestra hipótesis de que todos los integrantes de la lista de cigarreros italianos afincados en Buenos Aires producían toscanos.


(2) Esa información es de libre acceso en el sitio familysearch.org. La parte específica del censo 1895 está en el siguiente enlace que lleva al motor de búsqueda de nombres y apellidos: https://familysearch.org/search/collection/1410078
(3) De hecho, los cigarrillos son la más remota de las posibilidades, por dos razones. La primera es que en Italia no gozaban de un consumo extendido: según las estadísticas presentadas por el profesor Luca Garbini (cuyo excelente trabajo académico hemos citado varias veces), en 1895 Italia vendió en su mercado interno cigarros puros por un total equivalente a 5.845.851 kilos de tabaco, mientras que los cigarrillos apenas alcanzaron los 390.712 kilos. El segundo motivo es que la manufactura argentina del cigarrillo estaba en ese entonces sumamente mecanizada y en manos de fábricas grandes. Para un cigarrero artesanal, elaborar semejante  tipo de artículos era poco o nada competitivo.
(4) Si alguien desea buscar un apellido deber ir al botón Cognome.

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