sábado, 18 de julio de 2015

Toscanos aromatizados: el reflejo moderno de una tradición antigua

Si bien no es nuestra intención completar una serie de dos entradas, todo lo que veremos hoy se vincula estrechamente con el material plasmado en este espacio hace apenas un par de semanas. En aquella ocasión logramos atisbar viejas y misteriosas recetas empleadas en las factorías tabacaleras italianas hace un siglo y medio, cuyo propósito consistía en oscurecer las capas y añadir algunos elementos aromáticos al perfil de los cigarros peninsulares emblemáticos.  Vimos  asimismo  que  tales procedimientos no se empleaban directamente en el toscano, pero sí en sus dos principales competidores de la época: el Cavour y el Brissago. De hecho, el agregado de sustancias odoríferas no fue una técnica utilizada en la manufactura toscanera hasta la aparición de los ejemplares que hoy vamos a reseñar,  cuyo lanzamiento data de los primeros años del siglo XXI (1). Pero si las fórmulas y metodologías apuntadas resultaron comunes y frecuentes en la antigua industria del puro itálico,  no  debe  extrañar  que formen parte de una tradición, y que ésta haya sido rescatada del olvido en los últimos años para ponerla al servicio del arquetipo actual del tabaco italiano, es decir, del toscano.


Cuando el que suscribe adquirió los paquetes de referencia, allá  por  2006,  el  segmento  Toscanello Aroma  era relativamente  novedoso.  Al  principio  estuvo  formado exclusivamente por las etiquetas Caffe, Grappa y Anice, pero luego se amplió con la aparición de los modelos Vanilla y Nero Fondente (chocolate amargo) (2). Es evidente que el escaño de los cigarros aromatizados ha tenido bastante éxito en ese lapso,  aunque el propósito de la cata que vamos a describir a continuación pertenece, como siempre, al campo de la interpretación  histórica. A nuestro entender, estos puros perfumados con elementos nobles como la grapa y el café no dejan de ser un eco que nos llega desde los lejanos años intermedios del siglo XIX,  cuando la industria exportadora del tabaco italiano estaba comenzando a conformar la silueta que dejaría su legado en la Argentina de ese entonces. En el pasado fueron el Cavour y el Brissago, hoy es el Toscano, pero la nobleza de los productos no se ha modificado.  Como  elemento  adicional  de  interés, desde hace algunos meses, los toscanos italianos legítimos han ingresado nuevamente a nuestro país vía importación, y eso incluye también a ciertos módulos del escaño aroma. Entre ellos, nos enfocaremos en el Toscanello Grappa y el Toscanello Caffe.


















El grupo de amigos que compartió los humos en cuestión es harto conocido por los seguidores de este blog y también de Consumos del Ayer. Varios de ellos aparecen en las fotos que adornan los textos, encendiendo o fumando reflexivamente, mientras que otros se limitaron a sentir los aromas que invadían el lugar mientras expresaban sus opiniones al respecto (3). Un primer punto a tener en cuenta es el perfil “dulce”  que  expresan  ambos  prototipos  al  ser olfateados en crudo, antes de la combustión, lo que les brinda cierto matiz análogo a determinados tabacos  para  pipa.  Sin  embargo,  una  vez encendidos, los cigarros no pueden disimular su origen toscanero, cuyo trasfondo se traduce en el sabor potente, picante y ligeramente ahumado del Kentucky curado a fuego. Ahora bien, el modelo Grappa expresa con más vehemencia esa personalidad original del toscano, toda vez que los efluvios del destilado que le da nombre son muy sutiles, nada invasivos. El Caffe, por su parte, resulta ligeramente más dulzón sin llegar a serlo de manera determinante. En ambos casos, las notas aromáticas añadidas se van haciendo menos notorias con el avance de la fumada. Esa bien puede ser la conclusión resumida de nuestro análisis sensorial: los dos puros muestran un excelente equilibrio entre los rasgos de sus respectivas esencias y el sabor natural del tabaco, a tal punto que se perfilan como indistintamente propicios para los fumadores duros y para los más novatos.


Así terminamos una nueva experiencia de cata, esta vez dirigida a evaluar las bondades de un segmento no siempre conocido y muchas veces ignorado. En base a lo que olimos y  saboreamos,   podemos  afirmar  que  estos  toscanos  aromatizados  son  dignos compañeros de los del tipo natural.  Pero, por sobre todo, representan la permanencia de una tradición que se remonta a los primeros años de la manufactura tabacalera de la Italia unida, hace más de 150 años, cuando la grapa, la melaza, el anís y otros elementos nobles formaban parte de las fórmulas magistrales para elaborar cigarros representativos del espíritu peninsular.

Notas:

(1) Sin tener relación con tinturas ni aromatizantes, podemos citar un único caso de “manipulación” sobre el modelo toscanero original, que fue la aparición en la década de 1920 de los toscanos attenuati, ejemplares de tipo “suave” cuya vida comercial fue efímera. Para su elaboración, el tabaco era mojado y prensado con el fin de eliminar parte de la nicotina natural de las hojas. Existen al respecto numerosas referencias gráficas de los años veinte y treinta, entre las cuales elegimos una publicidad relativa al importador uruguayo de los productos de la Regia Italiana fechada en 1927.


(2) En forma reciente, toda la línea ha sido relanzada a través de nombres e imágenes que relacionan cada esencia con un color: Rojo Café, Negro Chocolate Amargo, Amarillo Vainilla, Blanco Grapa y Azul Anís.


(3) Cuando se trata de degustaciones de tabacos, el criterio de los observadores pasivos es primordial. Existen personas que no toleran ningún tipo de humo del tabaco, pero hay otros que, sin ser fumadores, declaran con gran sinceridad su preferencia por los puros o las pipas, e incluso suelen avanzar más allá exteriorizando sus puntos de vista sobre tal o cual tipo de producto. Eso, para el cronista atento, siempre es útil.

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