lunes, 25 de agosto de 2014

El nudo gordiano de los fabricantes

Hace un par de entradas, en una nota al pie, señalamos que la antigua presencia de fabricantes, importadores,  distribuidores y concesionarios (1) conformaba un “complejo nudo histórico”, más aún cuando  estamos  hablando  de  manufactura  y comercialización de toscanos nacionales, italianos, suizos  e  incluso  de  otros  orígenes  aún  no corroborados. Como para enredar más el tema,  no eran pocas las empresas enfocadas en varias de estas operaciones al mismo tiempo, incluyendo algunas de las más grandes y conocidas. Un ejemplo típico es la SATI (Societá Anónima del Tabacchi Italiani), que indistintamente importaba los genuinos ejemplares de la península y fabricaba prototipos argentinos en su planta porteña del barrio de Villa Real. También manifestamos el hallazgo de gran cantidad de marcas ubicadas en viejos registros, especialmente en pretéritas ediciones del Boletín Oficial de las República Argentina, lo cual nos brindó además el conocimiento de casas elaboradoras, nombres de fabricantes y locaciones domiciliarias.


Con todos esos nuevos datos en juego era inminente una actualización de nuestro listado de  fabricantes  argentinos.   Pero,  en sintonía con lo dicho anteriormente sobre la multiplicidad de facetas y actividades exhibidas por las empresas vinculadas al producto de nuestro interés, vale la pena puntualizar bien cuáles son los criterios de inclusión en el repertorio junto a otras aclaraciones complementarias, de acuerdo a los parámetros que siguen:

- El listado intenta recoger exclusivamente datos de la industria toscanera  nacional, si bien varias de las firmas encuadradas realizaron importaciones en algún momento de su vida, como la ya mencionada SATI, Yoldi, Mignaquy, etcétera. En la mayoría de los casos contamos con la certeza plena de su carácter manufacturero, pero también añadimos aquellos que cuentan, por así decirlo, con un “alto grado de sospecha”.  Por  lo  tanto,  no  están comprendidas en este elenco las casas comerciales que sólo se dedicaron a la importación  (2),  al menos de acuerdo a nuestra información actual.
- Aunque son pocas, también  encontramos un par de compañías cuyas marcas de toscanos no eran fruto de una manufactura propia,  sino de una elaboración realizada por terceros, lo cual queda aclarado en los renglones correspondientes. Así sucede con la marca Ottone, distribuida por Mignaquy  y fabricada por Luchador (3). Lo mismo ocurre con La Colmena, de Cardín y Cía,  confeccionada por Tabacos Colón. Desde ya que podría haber otros casos similares “escondidos” entre la nómina, pero en principio asumimos a los demás como fabricantes  hasta tanto comprobemos lo contrario.
- La empresa E y M Durán, de la ciudad de Rosario (que también era conocida simplemente como “Cigarrería Durán”) parece haber tenido una política consistente en comprar marcas ya establecidas por otros fabricantes. Por eso vemos que sus rótulos Flor de Mayo y Gurugú se repiten con anterioridad como pertenecientes a razones sociales distintas. Mientras tanto, estamos tratando de investigar algo más sobre esta misteriosa casa.
- Las fechas marcadas en la columna “época” nos son necesaria y estrictamente las de apertura y cierre de cada establecimiento, sino una aproximación que puede tener diferentes motivos. A veces es eso, con certeza total; otras es simplemente un cálculo estimado sobre el mismo punto, y en otras representa el período en el que ciertas fábricas se abocaron a la producción de toscanos, sin perjuicio de que hayan continuado elaborando otros productos tabacaleros con posterioridad, pero ya no los cigarros que nos ocupan.
- Marcamos cinco renglones con letra cursiva. Se observa que en ellos no hay tampoco domicilio registrado. Se trata de solicitudes de marcas aparecidas una única vez en el Boletín Oficial, sin renovaciones posteriores y sin que hayamos podido obtener ningún otro dato sobre ellas. Así, aunque es muy probable que esos toscanos hayan existido en la realidad física, esperamos futuros hallazgos confirmatorios para considerarlos históricamente verídicos.

La lista queda pasa a contar entonces con 37 protagonistas. Haciendo click en la imagen se puede ampliar el cuadro para su lectura.


¿Cuántas otras empresas faltarán por descubrir? Personalmente creo que muchas, aunque probablemente no sean de las más importantes y conocidas. Con todo, es casi seguro que durante  los cien años de éxito del toscano deben haber funcionado decenas de talleres medianos y pequeños, sobre todo establecidos en domicilios particulares y cigarrerías del interior del país. ¿Llegaremos a conocerlos algún día? Tal vez sí, o tal vez no, pero siempre mantenemos el espíritu investigativo a la espera de resultados inéditos.


Notas:

(1) Todavía no he logrado aclarar bien el papel que desempeñaba la figura del concesionario y su diferencia con el simple “importador”,  pero es un hecho comprobado que ambos existían y que trabajaban conjuntamente a principios del siglo XX. En el caso que nos interesa, a partir de 1904, la nueva firma introductora de los toscanos italianos legítimos pasó a ser Bunge & Born, mientras que el empresario Roberto de Sanna hacía las veces de concesionario, tal cual lo confirman numerosas publicidades de la época. ¿Qué tarea realizaban  uno y otro, concretamente? No lo sabemos por el momento, pero apenas tengamos un mayor entendimiento del asunto aquí lo vamos a volcar.


(2) Muy pronto subiremos una entrada sobre los importadores chequeados a principios del siglo XX.
(3) El caso Ottone – Mignaquy – Luchador fue mencionado hace poco, pero vale la pena volver sobre él porque viene muy al caso.  Es un claro ejemplo del  “complejo nudo histórico” referido al principio y de las dificultades que supone tratar de construir una estructura cronológica ordenada cuando hablamos de un cigarro tan fabricado, importado y fumado como el toscano. Hacia 1908, Mignaquy era importador de toscanos suizos, mientras que Ottone era eso mismo o, quizás (no pudimos establecerlo fehacientemente aún),  una marca elaborada por un tercero,  pero es seguro que ninguno de los dos fabricaba por cuenta propia.  Hacia 1940,  sabemos que Mignaquy distribuía la marca Ottone, cuya manufactura estaba a cargo de Luchador, la factoría de la familia Zenobi fundada  en  1920.  Ahora bien,  ¿los cigarros Ottone de 1908 eran importados o nacionales? Si la primera es la respuesta correcta, ¿era Mignaquy su importador? Y si es la segunda, ¿quién los elaboraba? Aunque los indicios apuntan más bien hacia el primer postulado,   para poder contestar tales interrogantes  con  certidumbre absoluta es necesario encontrar registros, documentos o testimonios que despejen cualquier duda de un modo incontrovertible. Así es la tarea del investigador aficionado, y en ella estamos.

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