lunes, 16 de junio de 2014

Nos adentramos en la bruma del tiempo y encontramos diez fábricas con sus marcas a principios del siglo XX

No vamos a insistir acerca del carácter sorpresivo e imprevisto   que   suelen   tener   muchos   de   los descubrimientos efectuados en este blog, porque se trata de algo señalado en numerosas oportunidades, tanto aquí como en Consumos del Ayer. Pero sí vale la pena resaltar nuevamente la enorme utilidad que presta el puntilloso  trabajo de recopilación efectuado por la web del CPCCA (Cigar Pack Collectors Club of Argentina), que más de una vez nos ha servido para encontrar  aquello  que  parece  imposible  de  ser hallado. Por supuesto, se trata de un sitio muy vasto, con información asequible  a  través  de  numerosos caminos y diferentes entradas, no siempre plausibles de ser abiertas por el primer intento de sondeo. Para no abundar demasiado en detalles, digamos simplemente que la fortuna estuvo una vez más de nuestro lado  y  nos permitió acceder  a  registros documentales irrefutables, a partir de los cuales pudimos localizar la existencia pretérita de diez fábricas argentinas de toscanos que no conocíamos hasta hoy.


Concretamente, el completo espacio virtual de marras posee cierto apéndice que consiste en un listado cronológico del registro de Patentes y Marcas de productos derivados del tabaco aparecidos en el Boletín Oficial de la República Argentina desde 1894  hasta 1947  (1).  Así,  luego de un prolongado  y  paciente análisis,  fuimos  descubriendo  muchos registros de marcas, tipografías, ilustraciones y envases relativos al cigarro que aquí nos ocupa. Buena parte de eso correspondía a fábricas ya conocidas (2),  pero lo interesante es que también salieron a  la  luz  factorías  cuya  presencia  en  el  pasado  nos  era completamente anónima. Es que de eso se trata, esencialmente, este pasatiempo de la investigación histórica: de buscar y encontrar. Lo primero se cumple inexorablemente, pero  no  hay ninguna garantía para lo segundo.  Con  todo,  nos alegramos de darle la bienvenida  a  más  nombres  antiguos de  la  familia  toscanera nacional.  Y  sin  más demoras,  vayamos  al  grano examinando los rótulos marcarios concedidos a cada uno de estos viejos talleres tabacaleros especializados en el puro más popular de nuestro país durante cien años.


El 1 de septiembre de 1904, la firma Lastra, Caponetti y Cía. obtuvo el registro de la marca “La Toscana” con la correspondiente ilustración de la etiqueta que cubría sus cajas de 50 unidades al precio de cinco centavos cada una. El producto es presentado textualmente como cigarros “napolitanos”, que eran una rara especie de toscanos con uno de sus extremos cerrados. En teoría y por esa razón, sólo se podían fumar enteros, aunque sospechamos que los humildes y veteranos consumidores italianos de la época no dudaban en despuntarlos y cortarlos al medio para obtener dos mezzo napolitanos.


El 2 de julio de 1906 se le concedió a Fernando Paganini la marca “F. A. Paganini” para rotular su envase de 100 cigarros al precio de diez centavos cada uno.   La   leyenda Comuni 1° Qualitá no deja dudas sobre su condición toscanera, aunque no lo diga con todas las letras.   La mencionada es la categoría a la que pertenecían entonces los toscanos en la compleja y vasta nomenclatura de producción italiana.


El 19 de mayo de 1908, Agustín Grillo fue autorizado al uso del rótulo “Avaneti” en la etiqueta de una caja de 50 cigarros. Lo de Avaneti no debe confundir con un habano, con el cual no tiene nada que ver, como lo indican  la inscripción Fermentados Uso Italiano y el módico valor de cinco centavos la unidad.


El 2 de noviembre de 1909, Juan Llull, titular de Tabacos y Cigarros La Amistad, recibió el cuño de “Toscanos Ferri” para una caja de 50 cigarros. Quince años más tarde, el 4 de Julio de 1924, logró lo propio para los toscanos “Gurugú”. (3)



















El 10 de agosto de 1910 le fue otorgado a María C. de Di Paola el timbre “De Di Paola” para el envase de 50 toscanos fermentados,  incluyendo  en  ello  dos  ilustraciones completas, tal vez para tapa y fondo.


El 27 de Febrero de 1913,  Juan Panullo recibió la propiedad de la marca  “Toscano Panullo” para su caja de 50 toscanos al precio de cinco centavos cada uno.


El 28 de Abril de 1915 salió la adjudicación marcaria de los toscanos “Chianti” a nombre de Waldino Robles, representante de la Sociedad Productora e Introductora de Tabacos.


El 31 de Mayo de 1918 fueron adjudicadas dos marcas a los señores Enrique Lampe y Rodolfo Gaertner para distinguir sus toscanos: “Abruzzi” y “Aída”.  En el caso de la segunda se asegura que son productos para exportación  y aparece además la referencia al uso exclusivo de tabaco Kentucky para su capa.


El 5 de Noviembre de 1925 ocurrió otro tanto con el otorgamiento simultáneo de los rótulos “Pisa”  y “Alianza” a nombre de la Compañía Nacional de Tabacos.



















El 24 de Septiembre de 1936,  finalmente,  la  curiosa  marca  “Mulero”  quedó  bajo propiedad de Raimundo Koch. En la copia de la ilustración adjunta aparecen apuntadas diversas indicaciones sobre los colores que llevaría la etiqueta definitiva.


Por supuesto que no faltaron algunos casos dudosos, y por ello decidimos omitirlos hasta tanto tengamos mayores evidencias de las dos condiciones necesarias para ingresar en el territorio de nuestro interés: que se trate realmente de toscanos (y no de otro tipo de puros), y que hayan sido efectivamente comercializados en la Argentina (4). Pero no nos quedamos  acá:  seguimos investigando   y   muy pronto vamos a iniciar un sondeo bibliotecario   que   tal   vez   nos   lleve    a    descubrir   algunos   establecimientos desconocidos anteriores a la segunda mitad de la década de 1890, es decir, previa a la aparición del registro de marcas en el Boletín Oficial.  Más  adelante,  con  esos  datos mayormente completos y mejor chequeados, vamos a hacer una actualización de nuestro listado principal de fábricas. ¿Cuándo? Muy pronto, en este mismo blog.

Notas:

(1) Aquí va el link a la introducción. Haciendo click en “ingresar” se llega al listado de 89 páginas con cien ítems cada una.  http://cpcca.com.ar/BO/index.htm
(2) Eso nos permitió aclarar muchos puntos oscuros que teníamos sobre tales establecimientos, así como responder algunas preguntas que ya habíamos planteado con anterioridad. Las próximas entradas van a estar enfocadas precisamente en eso.
(3) Años más tarde, la marca Gurugú pasó a manos de M. Duran y Cía, sita en Rosario al igual que la empresa de Llull. Dentro de pocos meses realizaremos una degustación de toscanos Flor de Mayo de la década de 1960, marca que originalmente pertenecía a Fernández y Sust pero que para ese entonces era explotada por la citada M. Durán y Cía. Con algunos datos obtenidos ahora y otros que intentaré buscar tal vez podamos reconstruir el pasado de esa misteriosa firma rosarina, que al parecer tenía como política adquirir marcas de toscanos ya constituidas en aquella ciudad. 
(4) El siguiente es un caso típico: el 28 de Febrero de 1935 aparece la renovación de la marca “Garibaldi” a nombre de C.F. de la Fuente, cuya solicitud fue hecha en Asunción del Paraguay. La imagen, sin mayores datos, se reduce a lo que parece ser una simple anilla individual de cigarro, pero el nombre netamente itálico y el aditamento Prima Qualitá refuerza la sospecha de que se trata de un toscano.  Sin  embargo  no  tenemos  esa certeza,  amén de que la solicitud hecha desde un país vecino no implica que el rótulo haya sido vendido en nuestro país. Por eso, al igual que otras, la dejamos en suspenso hasta el día en que tengamos indicios más certeros.


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