miércoles, 17 de julio de 2013

Una nota sobre la industria toscanera nacional en 1942

Aunque el toscano ya no era una “moda” como a principios del siglo XX, el primer quinquenio de la década de 1940 bien puede ser señalado como su etapa de mayor  expansión en términos de volumen. Con un amplio porcentaje del mercado en manos de las fábricas Avanti y Regia Italiana, el cigarro de estilo italiano por excelencia se encontraba en boca de millones de habitantes del país. La mayor parte de la manufactura nacional empleaba tabacos cultivados en las provincias del NEA, especialmente Criollo y Kentucky de Misiones, si bien existía una pequeña importación de materia prima norteamericana. La importancia de esta rama singular del quehacer tabacalero quedó registrada en una nota publicada por la revista MAN (iniciales del Ministerio de Agricultura de la Nación), que le dedicó cuatro amplias páginas en su edición Noviembre-Diciembre del año 1942.


La nota de referencia no es técnica ni detallada en cifras sino más bien visual y fotográfica, con un pequeño texto genérico cuyo valor histórico, no obstante, es digno de ser destacado. Tal vez pocas personas tengan hoy alguna idea sobre la envergadura de la producción toscanera de entonces. El texto comienza señalando que otra de las industrias que se ha colocado entre las principales del país por la perfección y el volumen de su producción es la de los cigarros del tipo conocido con el nombre de “toscanos”. Fábricas montadas con los más modernos elementos técnicos, utilizando el acreditado tabaco nacional, y aprovechando también la maestría adquirida por la mano de obra netamente argentina, elaboran mensualmente alrededor de 20 millones de unidades de estos excelentes cigarros, entre los que se incluyen los clasificados como “medios toscanos", que se expenden en el comercio en paquetes de cinco unidades.



















Luego continúa: estas importantes manufacturas dan trabajo a gran número de obreros, especializados en su mayor parte, pues la confección de los cigarros es puramente manual, oficio que exige además de la destreza una larga experiencia en la selección de los tabacos, para acertar con el gusto del consumidor y mantener inalterable la calidad del producto. Puede servir de índice de referencia para calcular el número total de obreros tabacaleros que trabajan en las diversas fábricas existentes en la Capital Federal e interior del país, el saber que sólo en el establecimiento donde se tomaron las fotografías que ilustran la nota se ocupa a más de mil personas de ambos sexos (1).















Para finalizar, el artículo destaca que la producción argentina de este ramo de los cigarros del tipo toscano abastece en la actualidad las necesidades del mercado interno, y el excedente es exportado al Uruguay, Perú y Chile. Sin dudas, un notable testimonio del período dorado en la historia del cigarro puro que nos ocupa en este blog. Muy pronto presentaremos más documentos reveladores sobre el pasado toscanero argentino en sus mejores épocas de gloria.

Notas:

(1) Esa cifra, unida a otros datos textuales y a ciertos detalles en las fotos, lleva a pensar que la fábrica en cuestión no es otra que Avanti, la más importante de ese entonces.

domingo, 7 de julio de 2013

Importación de toscanos italianos entre 1888 y 1911

Aunque no disponemos aún de una fecha precisa, sabemos que la fabricación nacional del ramo toscanero se inició entre  1875  y  1881  de  la  mano  de  Don  Juan  Otero, propietario de la mítica fábrica La Argentina, del barrio de Barracas. También creemos que la importación de cigarros italianos es anterior a  esa  fecha,  y  que probablemente se remonta a mediados del decenio de 1860. Pero  lo  que  es  seguro  es  que  los principales puros itálicos (Cavour, Brissago y Toscano) ya llegaban con  regularidad y buena repercusión a mediados de la década de 1880.  En su trabajo  Aroma d'Italia. Emigrazione italiana  e Monopolio dei tabacchi fino alla Grande Guerra (1) el profesor Luca Garbini ofrece algunas cifras bastante reveladoras durante el período 1888-1911, que me permitieron elaborar un cuadro sobre los números concretos del toscano discriminados del resto de los cigarros (2).


Los guarismos presentados en la monografía sólo exponen exportaciones totales separadas en cuatro tipos de productos, entre los que se cuentan Tabacchi da fiuto, Trinciati, Sigari y Sigaretti. El grupo que nos interesa,  es  decir  sigari,  puede  ser desmenuzado de acuerdo con algunas aclaraciones que el autor expresa de manera  muy precisa:  el  80% de las exportaciones italianas de cigarros estaban destinadas a    la Argentina. Luego, de ese total, el 85% corresponde a toscanos.   Las  cifras  están expresadas en kilogramos, lo cual debe ser multiplicado por 200, que es la cantidad de cigarros que se pueden confeccionar con un kilo de tabaco (siempre de acuerdo con Garbini, que a su vez toma todo eso de los viejos balances del Monopolio di Stato) (3). Los ejercicios abarcan  el segundo semestre de un año y el primero del otro. Así, tenemos las siguientes cantidades:

1888-1889                   24.400.000
1889-1890                   23.900.000
1890-1891                   21.000.000
1891-1892                     4.100.000
1892-1893                   13.200.000
1893-1894                   14.000.000
1894-1895                   25.500.000
1895-1896                   32.500.000
1896-1897                   38.000.000
1897-1898                   30.200.000   
1898-1899                   38.500.000
1899-1900                   47.200.000
1900-1901                   39.700.000
1901-1902                   49.100.000
1902-1903                   49.400.000
1903-1904                   24.800.000
1904-1905                   34.200.000
1905-1906                   52.900.000
1906-1907                   52.900.000
1907-1908                   68.100.000
1908-1909                   89.500.000
1909-1910                   91.700.000
1910-1911                   87.500.000 

En líneas generales, se puede decir que durante todo el período señalado fueron aumentando a la par de la llegada de inmigrantes peninsulares, pero resulta muy interesante analizar ciertos derrumbes bastante fuertes que se producen en 1891/92  y 1903/04. Según el propio Profesor Garbini,  el primero tiene que ver con la crisis económica que se produjo en nuestro país en 1890, cuyas secuelas se  sintieron  hasta  mediados  de  la  década  (lo  cual  queda perfectamente reflejado en los números correspondientes). La caída de 1903, en cambio, está relacionada con el vencimiento y la no renovación del contrato celebrado en diciembre de 1897 con la casa importadora W Paats, Roche y Cía por cinco años para la introducción de los toscanos en nuestro país.  Teniendo  en  cuenta  que  ese  vencimiento se hizo efectivo en diciembre de 1902, y  que  el  siguiente  introductor (Roberto De Sanna) fue designado recién en 1904, queda muy claro que el motivo de la merma en las ventas tuvo un origen netamente comercial. Es muy posible que durante todo ese período anual sólo se hayan vendido los remanentes de stock, a falta de un importador efectivo.


Los tiempos del centenario argentino coincidieron con el auge toscanero nacional, que se mantuvo vigente por casi treinta años merced a la fabricación vernácula (principalmente)  y a una importación  sostenida con altibajos hasta 1958, cuando la Regia Italiana se retiró de nuestro país. Luego siguió un lapso de más de 30 años sin cigarros italianos genuinos en las cigarrerías patrias. En  los años noventa del siglo pasado hubo un efímero retorno, cuando el “uno a uno” motivó que un importador volviera a traerlos hacia estas tierras. Pero eso también se terminó en diciembre de 2001, como todos sabemos. Hoy por hoy, para conseguir un vero toscano, hay que pasar por Europa.

Notas:

(1) Nuevamente pongo a disposición de los interesados el link al escrito en cuestión, en su idioma original. http://www.storiamarche900.it/uploads/File/Garbini%20n.34.pdf
(2) Garbini ofrece estadísticas desde el ejercicio 1884/1885, pero preferí omitir los primeros años puesto que no estoy seguro de que el toscano representara el mayor porcentaje de las ventas argentinas por ese entonces.  Muchos indicios (que espero confirmar con certeza en el futuro) me indican que el Cavour gozó de un consumo igual o incluso mayor que el toscano hasta finales de la década del 80.


(3) Si algún día llego a disponer del tiempo, los recursos y los contactos necesarios, tengo  pensado  hacer  un  viaje  a  Italia  para  investigar  los  viejos  archivos del Monopolio. Allí voy a encontrar  muchas de las respuestas a las preguntas que tanto nos hacemos en este blog, y ello será de manera clara, oficial e inequívoca. Por ejemplo, cuándo fue exactamente la primera exportación italiana de toscanos hacia la Argentina.

domingo, 16 de junio de 2013

Junio: degustando añejos ejemplares y buscando antiguas fábricas

El hecho de incluir una sola entrada en todo el mes de Junio no supone el abandono de la temática aquí plasmada, sino exactamente lo contrario. Seguimos trabajando más que nunca en la búsqueda de las claves que hicieron a la historia del toscano en Argentina, recogiendo testimonios, analizando antiguos datos olvidados y probando algún que otro viejo cigarro providencialmente arribado a nuestras anhelantes manos. En ese orden de cosas, acabamos de subir una entrada en Consumos del Ayer que involucra la cata de unos viejos y curiosos prototipos de la célebre marca Génova, perteneciente a la antigua fábrica rosarina de Fernández y Sust que se ubicaba en  la calle Felipe Moré 929. Durante esa degustación pudimos apreciar su perfil aromático añoso y penetrante, que tanto nos  recuerda el aroma de los viejos bares argentinos a los que pasamos los cuarenta y estuvimos allí en algún momento de nuestra niñez.


También logramos añadir  nombres y responder  interrogantes en la lista de fabricantes argentinos que nos proponemos completar a medida que vayamos realizando los descubrimientos correspondientes. Ahora, por ejemplo, sabemos algo sobre dos viejos establecimientos que elaboraban toscanos en  las primeras épocas de la manufactura local, a fines del siglo XIX: La Buenos Aires, de Salvador León, y Miguel Campins, ubicada en  San Miguel de Tucumán. De esta última encontramos además algunas publicidades que mencionan  su local sito en la calle Mendoza de aquella ciudad (1).


No nos quedamos allí, ya que hicimos varias correcciones a los datos de la lista anterior: el socio de Carlos Galina en la casa La Honradez, de la ciudad entrerriana de Colón, no era Hermino Quirós sino Eduardo Torreri. Asimismo resolvimos el interrogante de una marca misteriosa y poco conocida: Ottone, cuyos módulos eran fabricados nada más y nada menos que por Luchador, el establecimiento de la familia Zenobi al que nos referimos en la entrada anterior. Y ya que estábamos, incluimos a éste y a Firpo y César en nuestro listado.


No obstante, la labor investigativa que perseguimos todavía ni se acerca a algo que pueda definirse como culminación exitosa. Un cálculo muy prudente nos dice que debieron existir no menos de un centenar de manufacturas dedicadas al toscano en Argentina, desde 1870 hasta 1970. El propio Heraldo Zenobi, de la fábrica Luchador, me aseguró que a fines de la década de1940 (cuando el auge toscanero ya comenzaba a aplacarse) existían unos 14 establecimientos dedicados a la elaboración de nuestro interés, y sólo en la ciudad de Buenos Aires. Así que, como se ve, tenemos trabajo para rato. Pero es un trabajo placentero, que nos lleva al pasado de ese puro con espíritu italiano que tanto nos gusta.

Notas:

(1) Las dos publicidades indican diferentes numeraciones en la misma calle. No tengo la certeza absoluta, pero es casi seguro que se trate del mismo lugar, antes y después del cambio que se realizó entre 1892 y 1893 en muchas ciudades del país, cuando la nomenclatura numérica pasó de números acumulativos a números asignados por ubicación y de a cien por cuadra.


jueves, 23 de mayo de 2013

Los toscanos "Luchador": casi un siglo de producción artesanal y familiar

Suele ser frecuente que las cosas importantes pasen desapercibidas a los ojos de la mayoría de la gente. Eso también sucede dentro del ámbito que nos convoca en este blog, es decir, el de la historia del cigarro toscano en Argentina. Y así pasa que una fábrica del ramo con más de 90 años de existencia ininterrumpida, en manos de la misma familia fundadora y única en la actualidad que manufactura sus productos de manera manual sea, de hecho, muy poco conocida. Por eso, bien vale una entrada para referirnos al establecimiento de la familia Zenobi, productor desde 1920 de los toscanos “Luchador”. La cronología familiar comienza a principios del siglo XX, cuando los hermanos Constantino y Juan Zenobi llegaron desde la Italia natal (Iesi, en Ancona). Su conocimiento del ramo tabacalero les facilitó el ingreso a la entonces naciente fábrica Avanti de Villa Urquiza, hasta que los despidos masivos  producidos por una gran huelga a fines de la década de 1910 los dejó nuevamente sin ocupación fija. Tal situación hizo que se lanzaran a la fabricación de cigarros toscanos en una vivienda del barrio de Villa Pueyrredón. Con los años, cada uno alcanzó a tener su propio taller en fincas lindantes: mientras Constantino avanzaba con su manufactura Luchador, en la calle Griveo 2370, Juan hacía lo propio con Firpo y César, en Griveo 2378.   Este último cesó sus actividades alrededor del año 1950, mientras que los descendientes de Constantino permanecieron en la actividad hasta nuestros días.


Al fundador de la saga le siguieron Nelio, Heraldo y Pablo, que componen cuatro generaciones de cigarreros y marcan un récord en la historia tabacalera nacional. De la mano de Heraldo Zenobi recorrimos el establecimiento mientras charlábamos sobre el pasado toscanero argentino. Bien recuerda él los tiempos en que los Luchador se confeccionaban con tabaco 100% Kentucky importado de los Estados Unidos. Como testimonio de aquello aún pervive una vieja barrica de madera en la que llegaba la mercadería desde ese país, así como la sala que hace las veces de gran horno y que continúa en servicio con un potente calefactor a gas. En sus buenas épocas, esa tarea se llevaba a cabo con leña, lo que le daba a los cigarros el característico aroma y sabor ahumado tan apreciado por los viejos fumadores.


No obstante, los Zenobi siguen aferrados a un concepto de calidad que no se negocia, pero con la lógica adaptación al gusto moderno, cada vez menos inclinado por los sabores intensos de antaño (1). Hoy en día la fábrica utiliza exclusivamente tabaco Burley de Tucumán, convertido en buenos cigarros a través de un grupo de torcedoras que produce, en conjunto, unos 2500 toscanos diarios (2). Luego de la confección  artesanal y el secado en la antigua cámara de ladrillos, los puros de impronta italiana son envasados y despachados al mercado. Luchador es una de las dos  marcas de cigarros toscanos que quedan en el país, y la única, repito, que  los hace a mano. Sin olvidar, claro está, su presencia de más de 90 años en las estanterías de los kioscos y comercios especializados.


Así concluye nuestra reseña de un establecimiento que no tiene parangón en el pasado de la industria argentina, por continuidad y perseverancia. Afortunadamente, el recambio generacional de la familia Zenobi está bien asegurado, así que tendremos toscanos “Luchador” por muchos años más.

Notas:

(1) Puede sonar como un fundamentalismo, pero la opinión del autor de este blog es que ya casi no quedan fumadores de toscanos en el sentido original del concepto, capaces de apreciar aquel gusto fuerte y profundo. Lo que hoy existe es una nueva generación de fumadores de puros que aprecian al toscano como lo que precisamente  no es: un cigarro relativamente suave.
(2) La fábrica también elabora cigarros del tipo habano y tabaco para pipa.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Manufacturas pioneras del toscano nacional: La Virginia, de Donato Didiego

La fabricación local de cigarros del tipo italiano, iniciada a mediados de la década de 1870, comenzó a ganar terreno de manera lenta pero progresiva en el espíritu de los industriales tabacaleros. El crecimiento de la masa inmigratoria de origen peninsular fue, seguramente, el factor determinante para el gran desarrollo experimentado en el consumo de ese tipo de productos. Así lo entendieron algunos precursores de la actividad, como el reconocido industrial Donato Didiego, que fundó su manufactura La Virginia en 1883. Por ahora, esa fecha nos dice que se trata de la segunda casa especializada en las llamadas “imitaciones” de los artículos de nuestro interés que existió en el país. Ello incluía no sólo a los toscanos, sino también a otros módulos tradicionales como los brisagos y los cavour. La edición 1895 de la Guía descriptiva de los principales establecimientos industriales de la República Argentina ofrece una completa reseña sobre las características del negocio.


Dicha descripción comienza brindándonos una importante data acerca del origen cronológico de la firma, ya que señala su fundación “de 12 años a esta parte”. Luego comienza a enumerar las diferentes dependencias del amplio local (22 metros de frente por 85 de fondo) citando algunas de las más comunes a cualquier establecimiento del ramo: clasificación, expedición, carpintería (donde se armaban las cajas para los puros), depósitos, etcétera. Nos detendremos entonces en cierto sector de la planta señalado como un espacioso salón en el que numerosos operarios se están ocupando en la confección de cigarros de la paja y cavours (1), que forman la especialidad de La Virginia, conquistándole merecidos créditos gracias a su exquisita elaboración. El relato técnico se enfoca después en algunas maquinarias, como las mezcladoras de tabaco, picadoras, tostadoras y el secador automático “de nueve metros de longitud”, todas ellas movidas por un motor de diez caballos de fuerza. Particularmente interesante es la mención de la cámara a fuego directo para el secado de los cigarros de estilo italiano.


Pero hay un detalle que no podemos pasar por alto: en 1895, año de edición de la guía, los dueños de la empresa son los Cónyuges Brambilla, tal cual consta en el texto descriptivo y en un espacio de publicidad adjunto. Sabemos que el fundador de la casa fue don Donato Didiego, gracias a muchos  muchos documentos de la época y a otras publicidades de principios del decenio  de  1890 (2).  Entonces,  ¿cuándo  se  realizó  la transferencia del comercio? Hubiera sido imposible saberlo con certeza si no fuera por aquel pleito entre W Paats, Roche & Cía y “La Suiza”, que analizamos en una entrada de Consumos del Ayer el 3/12/2012. En esa oportunidad  no lo mencionamos porque no venía al caso, pero el escrito en cuestión también involucra a Didiego y a los Brambilla como testigos de la causa. Sin entrar otra vez en los vericuetos legales de referencia, digamos simplemente que  el texto judicial ofrece una respuesta por partida doble: don Donato Didiego transfirió todas sus marcas a los Cónyugues Brambilla en diciembre de 1894, y éstos liquidaron definitivamente La Virginia en el mismo mes de 1898, o sea que sólo la dirigieron por cuatro años (3). Tenemos ahora la certidumbre sobre la fundación y el cierre de  una antigua y prestigiosa manufactura de cigarros, cuya vida se desarrolló desde 1883 hasta 1898, así como los nombres de quienes dirigieron su destino en ese período.


En dos entradas conocimos a  La Argentina y La Virginia, probablemente las dos primeras fábricas de toscanos emplazadas en el territorio nacional, que iniciaron la saga productiva del cigarro más popular de nuestro país a lo largo de su historia.

Notas:

(1) Ya son varios los testimonios de fines del siglo XIX en los que resulta  frecuente la mención del Cavour y el Brisago (o “de la paja”) en detrimento del toscano, a pesar de que en esa época se vendía y fumaba mucho más este último. Tal vez (sólo es una teoría), se debe a que el toscano era un cigarro asociado a los sectores de bajos recursos del centro y el sur de Italia, en contraposición con sus distinguidos competidores del Piamonte (Cavour) y el Trentino (Brisago).
(2) En diferentes documentos aparece como De Diego o como Didiego. Creo más en la segunda opción por ser el apellido plasmado en las fojas del juicio. Imagino que, como testigo del mismo, Didiego habrá tenido que presentar allí algún tipo de documentación que acreditara su identidad.
(3) ¿Cuál pudo haber sido el motivo del cierre? Difícil saberlo a ciencia cierta, por ahora, pero es bien factible que haya sido una de las tantas fábricas de cigarros puros que vieron  fuertemente comprometida su rentabilidad luego de la entrada en vigencia de los impuestos internos, en 1895. A eso debe sumársele una dura crisis en las plantaciones de tabaco ese mismo año y la creciente presión de los artículos similares importados.

jueves, 18 de abril de 2013

Avanti en Caras y Caretas II

En contraste con la típica humedad que poseen  los cigarros tradicionales del tipo habano (imprescindible para su adecuada conservación), los toscanos son cigarros secos desde el mismo momento en que salen a la venta. Esa característica se debe al proceso de curado y al estacionamiento de hasta doce meses que realizan  las manufacturas italianas especializadas. Semejante peculiaridad, propia del cigarro que nos ocupa en su lugar de origen, no se terminaba de cumplir en nuestro país. Tal vez debido a la alta rotación  del producto y al costo que representaba la estiba de millones de cigarros en lugares acondicionados especialmente, algunos fabricantes argentinos de antaño preferían el lanzamiento  al mercado con un pequeño grado de humedad  remanente. Sin embargo, esas mismas empresas tenían claro que la sequedad era una de las claves de verdadero sabor toscanero, y por ese motivo instaban a los minoristas y consumidores a “completar” la fase final de la elaboración en sus propios comercios y hogares.


Así lo evidencian varias publicidades de Avanti  aparecidas en Caras y Caretas durante la década de 1920. Veamos dos  ejemplos emblemáticos al respecto:


HAGA ESTO EN SU PROPIO BENEFICIO. Los AVANTI son cigarros perfectos por su tabaco, su elaboración, su equilibrio y su estacionamiento. Asegúrese usted plenamente estas cualidades cuidando un poco los que ha de fumar. Todo lo que debe hacer es comprar un paquete y colocarlo en un lugar bien seco. De ese modo tendrá siempre a mano un AVANTI que le dará satisfacción cabal.


El mejor cigarro -y el AVANTI lo es en su clase- puede desmejorar si no se lo cuida una vez lanzado a la venta. Ese cuidado consiste en tenerlo en lugar bien seco. Cómprese, pues, un paquete de AVANTI, cuídeselo en esa forma, y en cualquier momento se dispondrá de un cigarro capaz de dar satisfacción absoluta en materia de fumar.

Otro tema reflejado en las antiguas propagandas de la mítica marca es el de la calidad de sus tabacos. La envergadura de producción que llegó a alcanzar la Compañía Introductora de Buenos Aires en materia de toscanos hizo siempre necesaria la compra de materia prima a diferentes productores mesopotámicos (especialmente en Misiones), amén de las propias plantaciones que la firma poseía en las provincias del NEA (1). Por lo tanto, la adquisición de tales mercaderías resultaba vital para asegurar  la continuidad cualitativa de sus legendarios puros, tal como lo afirmaba el siguiente anuncio:


Un mandato imperativo. Año tras año, los expertos que compran tabacos destinados a la elaboración de los cigarros AVANTI reciben las mismas instrucciones, breves y categóricas: COMPREN ÚNICAMENTE LO MEJOR SIN REPARAR EN EL PRECIO. Y he aquí por qué los AVANTI no han sido ni serán superados.

Remarcables testimonios de los tiempos de gloria del toscano en Argentina. Ya volveremos con otros vestigios similares, y con nuevas pistas sobre la huella de este cigarro tan caro a los afectos históricos del país.

Notas:

(1) Hay indicios de que la CIBA también contaba con algunos cultivos en Tucumán durante las primeras épocas, pero fueron desapareciendo hacia la década de 1920.

domingo, 7 de abril de 2013

Manufacturas pioneras del toscano nacional: La Argentina, de Juan Otero

Tal como aseguramos en las primeras entradas, uno de los objetivos de este blog es realizar una nómina de fabricantes argentinos a través del tiempo. En ese orden de cosas, cobran singular interés los primeros establecimientos dedicados al ramo toscanero. ¿Se puede establecer cuáles fueron, realmente? Bueno, ya hemos dicho que la información aquí presentada se basa en un trabajo de investigación permanente, sujeta por ello a modificaciones y aclaraciones en la medida que vayamos realizando nuevos descubrimientos. Así, los primeros manufactureros serán tales hasta que aparezcan otros anteriores, si es que tal cosa llega a suceder. No obstante, podemos asegurar con cierto grado de certeza que las dos casas tabacaleras que vamos a presentar en sendas entradas sobre los pioneros de la actividad  son, realmente, muy antiguas. Ya las hemos mencionado con anterioridad, pero ahora vamos a profundizar en sus respectivas particularidades históricas gracias a la completa reseña que de ellas realiza la Guía descriptiva de los principales establecimientos industriales de la República Argentina (1) en su edición del año 1895.


Todo parece indicar que la primera casa enfocada en la confección de cigarros italianos fue La Argentina, de don Juan Otero. En su trayectoria comercial  llegó a ser una referencia en la materia, tal como indica el hecho de su mención por Juan Domenech en la Historia del Tabaco. Quien suscribe tenía algunos otros datos aislados sobre su existencia, pero sólo en forma reciente pudo acceder a información más completa gracias al trabajo bibliográfico mencionado de 1895. Ya en el encabezamiento hallamos  una contundente cita sobre la orientación  productiva de la casa: especial en cigarros italianos. Luego continúa: “esta fábrica fue fundada allá por el año 1870 por el meritorio industrial don Juan R. Otero, que se instaló y puso a trabajar con dos aprendizas, pues por aquella época no existían ni oficialas ni fábrica alguna de ese género”. (2)


Más adelante asegura que “el cigarro italiano de la paja Virginia elaborado por La Argentina se expende en la plaza con marcas propias registradas, lo que le ha valido una clientela numerosa y sólida, que prefiere este cigarro al extranjero, por su calidad, mano de obra y precio” (…) “Cada obrera, término medio, elabora doscientos cigarros en ocho horas de trabajo, el cual se paga a un peso el ciento el de primera y ochenta centavos el de segunda. La casa elabora varias otras clases de cigarros, entre los cuales se cuentan los Toscanos, Cavour; Media Regalía, Damita, Viena, Plumitas y varios otros tipos finos como el Hoyo de Monterrey (3) De estos cigarros se produce mensualmente una cantidad que varía entre 20 a 25.000, según su demanda. En la elaboración de ellos se emplean respectivamente los siguientes tabacos: Virginia para los dos primeros, Sumatra para el 3° y el 4° y Borneo para el 5° y el 6° en la hoja exterior, siendo el interior tucumano de 1ª clase.” (4)  Posteriormente, el cronista detalla otras secciones de la fábrica (carpintería, litografía, envasado, expedición, etc.) y enumera algunas de las maquinarias presentes: diez prensas para cigarros, una caldera neumática para extracción de nicotina, otra de reconcentración, una prensa para exprimir los tabacos y varias estufas colocadas en una sección especial. (5)


Revelador testimonio de este legendario establecimiento, tal vez  precursor absoluto en la materia de confeccionar puros de impronta peninsular con materia prima nacional. Para finalizar, vemos lo que dice la reseña sobre el trabajo a domicilio, otro rasgo característico de muchas manufacturas tabacaleras de aquel tiempo: “la casa ocupa un buen número de obreros de ambos sexos, de los cuales unos trabajan en la fábrica y otros en sus respectivos domicilios”.

Notas:

(1) Obra patrocinada y realizada por la Unión Industrial Argentina.
(2) La referencia “allá por 1870” suena muy vaga, pero luego añade la frase “por aquella época no existían ni oficialas ni fábrica alguna de ese género”. El comentario resulta muy aclaratorio respecto a que la firma se especializó en tabacos tipo italiano desde sus comienzos, puesto que en 1870 había muchas fábricas de cigarros, pero seguramente ninguna dedicada a los toscanos, brisagos y cavours. Ahora bien, el “allá por…” es impreciso: podría tratarse de 1870 como de 1872 o 1875. De todos modos, y en cualquier caso, sigue siendo la más antigua que conozco hasta la fecha.
(3) Enésima prueba de que la propiedad de  las marcas comerciales extranjeras se ignoraba olímpicamente, ya que Hoyo de Monterrey era (y continúa siendo) una prestigiosa etiqueta de Cuba. El dato es más significativo viniendo de una fábrica de larga data, prestigiosa y artesanal, catalogada como de las más serias de la época.
(4) (5) Ello confirma la que parece ser una “fórmula” del toscano argentino en el siglo XIX: interior tucumano y capa Virginia (seguramente oscura), con un secado y estacionamiento posterior en estufas al fuego directo de leña. La presencia de dichas estufas resulta sistemática en todas las fábricas de cigarros tipo italiano, ya que éstos  eran los únicos que requerían semejante proceso para su secado y maduración. También se utilizaba algo de tabaco correntino, considerado inferior al de Tucumán. Por entonces, muy poco misionero (en 1892 Misiones acreditaba una producción de apenas 5.000 millares de plantas de tabaco, contra 30.000 de Tucumán y 40.000 de Corrientes), si bien acabaría siendo el más representativo del sabor toscanero a partir de la década de 1920.