miércoles, 15 de marzo de 2017

Sesenta años en una degustación: Avanti 1957 vs Avanti 2017

A pesar de ser una típica frase hecha, no puedo dejar de pensar en aquello de “el tiempo pasa volando” cuando rememoro nuestra primera degustación de toscanos, realizada a comienzos de 2012 y  publicada pocos meses después en Consumos del Ayer, dado que este blog aún no había nacido. Los prototipos elegidos fueron unos legendarios Avanti fechados a finales de la década de 1950 en base a una serie de evidencias incontrovertibles largamente explicadas en esa oportunidad  (1). Luego de fumar aquel ejemplar dividido en dos ammezzatos (nuestro amigo y conocedor Enrique Devito nos acompañó entonces) no pasó demasiado tiempo hasta que terminé por completo el sexagenario paquete, y tampoco transcurrió mucho más para volver a encontrar y adquirir, por los mismos medios, otro artículo idéntico  en términos de marca, época y estado de conservación.


Así las cosas, me pareció interesante realizar un nuevo ejercicio de cata comparativa teniendo en cuenta la preponderancia que últimamente ha tenido la CIBA para nuestro blog . En efecto, al revisar los ejes temáticos de las últimas entradas se advierte fácilmente que Avanti nos dio mucha tela para cortar, y no es para menos: fue la factoría argentina de toscanos más grande de su tiempo, hasta el punto de inclinar la balanza “nacionales vs importados” en favor de los primeros, y todo eso a pocos años de su inauguración. Su fama marcaria acompañó al producto genérico de manera tan estrecha que decir Avanti  era equivalente a decir toscanos (2). La escudería de marras, por lo tanto, se sitúa a la cabeza de todas sus similares en la historia de los cigarros italianos elaborados en Argentina, e incluso continúa vigente. De hecho, el abandono del negocio tabacalero por parte de la CIBA  no implicó la desaparición de la marca, que en los años posteriores a 1971 continuó siendo elaborada por diversas firmas, entre las cuales se cuentan E.M.A.T.E.C, Tabacalera Sudamericana y Tabacalera Sarandí, su fabricante actual. Todo esto lo hemos dicho y analizado más de una vez, pero ahora viene muy al caso.


Entonces, tenemos de nuevo un legítimo Avanti elaborado en la planta de Villa Urquiza durante el período 1956 -1958 (eso es seguro),  motivo que nos hace elegir la fecha intermedia de 1957 como estimación más aproximada. Pero, ¿con qué compararlo? Sin dudas, con su equivalente de nuestro tiempo, es decir, con un Avanti de los que hoy se pueden adquirir en cualquier tabaquería o kiosco bien surtido de nuestro país. Recordemos que no hace mucho confrontamos las bondades de las etiquetas Avanti y Luchador como únicas exponentes actuales del toscano nacional. En este caso no se trata de comparar marcas, sino épocas. Si fuera una cata de vinos hablaríamos de  degustación vertical (muy modesta, con sólo dos años para cotejar), pero creo que a esta altura se entiende bien lo poco frecuente que resultan este tipo de ejercicios en un derivado del tabaco que -a diferencia del vino- casi nadie acostumbra guardar con propósitos de añejamiento y evolución positiva.


El medio toscano 1957 proviene de un paquete de papel conteniendo dos unidades enteras, muy  típico de la época, mientras que la versión 2017 corresponde a la no menos tradicional “bolsita” plástica de cinco unidades. A los efectos de cotejar cosas mínimamente equivalentes, compré el paquete nuevo hace unos meses y lo dejé estacionar con el propósito de obtener grados de sequedad similares. Adicionalmente, seleccioné el más oscuro de los cigarros a fin de que las similitudes se extendieran a la conformación visual, puesto que los toscanos antiguos tienen invariablemente esa característica, quizás por el secado a fuego que ya no se practica, quizás por el tabaco más madurado, o seguramente por un poco de ambas cosas. Sabemos bien que el modelo 1957 está confeccionado mayoritariamente con Kentucky misionero y algunos tabacos criollos del mismo origen. Nuestro conocimiento del 2017 es mucho menor, aunque existen indicios de que en él se utiliza materia prima sumamente variada por tipo y origen, incluyendo despuntes de otros cigarros de mayor valía. Bien, yendo al examen propiamente dicho, empezamos por el 2017 y descubrimos un puro profundo y aromático, de interesante amplitud y calidad de aromas, en el marco de un tiraje excelente (ni muy suelto ni muy comprimido) y parejo. El veterano módulo 1957, como suele ocurrir en los cigarros añejos, se mostró decididamente  mineral, con el rasgo terroso del tabaco Kentucly sumado a cierto tono de hongos propio de los años. Considerando la dificultad para expresarlo con palabras, podemos decir que el toscano de los viejos tiempos tiene algo distinto, superador, quizás en la textura del humo, cremosa y plena. Su sabor no es más fuerte pero sí más firme, más robusto, más lleno, más íntegro, más duradero.  No obstante y pese a ello, es justo reconocer que el espécimen moderno soportó la ceremonia con mucha altura y se mostró como un honorable sucesor de su primo longevo.


Finalmente se plantea un interrogante histórico. Si hay variaciones bien perceptibles entre un Avanti actual y uno de hace seis décadas, ¿cómo sería esa diferencia si pudiéramos hacer lo propio con los prototipos que se elaboraban hace ochenta o cien años? No tenemos dudas de que descubriríamos nuevos matices, puesto que hubo significativos cambios de elaboración en las distintas etapas de la empresa a lo largo de su existencia, que se prolongó desde 1902 hasta 1971. Por mencionar una sola, y no menor, tenemos el uso de Kentucky importado de USA hasta 1948. Pero no nos quejamos: lo bueno es que logramos evaluar dos épocas bastante alejadas entre sí, tal cual  nuestra intención original. Y, quien sabe, tal vez algún día tengamos la oportunidad de remontarnos aún más en el laberinto del tiempo.


Notas:

(1) Para el que guste revisarlo, el  link a dicha entrada es el siguiente:        http://consumosdelayer.blogspot.com.ar/2012/05/los-ultimos-avanti-de-la-ciba-cronica.html   
(2) El autor de este blog escuchó innumerables ejemplos de ello en boca de su padre y de muchas otras personas, pero el  fenómeno tiene ejemplos aún más categóricos dentro de la cultura popular. Verbigracia, la famosa obra de teatro Los muchachos de antes fumaban Avanti (sainete en tres cuadros) de Luis Rodríguez Acassuso, estrenada hacia 1929.



domingo, 19 de febrero de 2017

Cifras reveladoras IV: toscanos per cápita

Munidos de incuestionables registros estadísticos oficiales pudimos efectuar, a lo largo de tres entradas, un breve análisis sobre la importación,  la producción y el consumo de cigarros italianos en la Argentina del siglo veinte. Ahora bien, en la primera de estas ocasiones anunciamos nuestra intención de finalizar la serie explicando un poco los motivos que nos llevaron a denominar cada nota con un breve aditamento complementario de su número de orden. Así, comenzamos llamando edad de oro a las dos primeras décadas de la centuria, luego tiempo de cambios al lapso  histórico comprendido entre la pre y la post Segunda Guerra Mundial, y finalmente el ocaso a la época más reciente que abarca los decenios de 1960 y 1970. No creo que haya dificultad para comprender dichas frases en los dos últimos contextos históricos mencionados: tiempo de cambios se refiere al fin de la importación y al consecuente apogeo productivo de las manufacturas nacionales (1939-1945), mientras que el ocaso tiene una clarísima concomitancia con la debacle del toscano como producto de consumo masivo (1963-1976).


Pero tal vez no se entienda muy bien la designación de edad de oro adjudicada a los años sitos entre 1908 y 1915. ¿Acaso no dijimos que el récord numérico absoluto de consumo se verificó en 1945, con casi 350 millones de unidades vendidas, según los datos disponibles en la Memoria del Departamento de Hacienda? ¿Qué clase de arbitrariedad  nos llevó a contradecir tanta contundencia aritmética? En resumen, ¿cuándo se fumaban más toscanos, en los años diez o en los años cuarenta? La cosa daría para una discusión amplia entre expertos en estadística, pero el autor de este blog considera que el tema de nuestro interés debe ser abordado desde un criterio que incorpore el factor humano. En tal sentido, cuando se trata de escudriñar matemáticamente las costumbres y preferencias de la gente, valen más los guarismos relativos que los guarismos absolutos. Y no me jacto de haber descubierto nada, ya que para  ello se inventó hace mucho una fórmula mundialmente aceptada como indicador válido: el consumo per cápita.


Esta expresión  latina (per cápita = por cabeza) surge cuando se estima la cantidad promedio de consumo anual de cualquier bien, producto o servicio tomando como base un cierto grupo poblacional (por ejemplo, los habitantes de un país) (1). Siguiendo el razonamiento  realicé dicha estimación para medir el consumo de toscanos en distintos momentos históricos. No fue difícil: el dato de los habitantes se puede obtener mediante los resultados finales de los siete censos de población realizados por nuestro país entre 1869 y 1980, mientras que las cantidades de toscanos comercializados en el mercado nacional constan en distintos registros públicos de época (2). Este cruce de números entre personas censadas y cigarros vendidos corresponde a idéntico período anual en los tres primeros renglones de la tabla presentada más abajo. En los otros cuatro, al no tener las cifras del mismo año que los censos, apunté las más cercanas disponibles: para confrontar con el censo de 1947 tomé los toscanos comercializados en 1945, para el de 1960 los de 1963, para el de 1970 los de 1969 y para el de 1980 los de 1976.


No hay mucho más por decir, excepto algunos detalles que puntualizamos en notas al pie (3) (4). La columna año es siempre la del censo. Como dijimos,  las unidades de los cuatro últimos renglones difieren por poco de los años exactos de compulsa demográfica, y se aclaran entre paréntesis.

Año              Población                  Unidades                              CPC

1869             1.877.490                  6.219.000                             3,31
1895             4.044.911                 42.000.000                          10,38
1914             7.903.662               216.922.316                          27,44
1947            15.893.811              347.145.660    (1945)            21,84
1960            20.013.793             136.012.843    (1963)              6,79
1970            23.364.431               49.775.150    (1969)              2,13
1980            27.947.446               32.766.120    (1976)              1,17

Creo que la data de marras explica bastante el asunto. Ahora sí se entiende bien el rótulo “edad de oro” aplicado a los tiempos del centenario. Aunque resulta claro que los toscanos gozaron de enorme popularidad en todo el período que abarca desde finales del siglo XIX hasta pasada la mitad del XX, y que las cifras de los años cuarenta son  igualmente elevadas (como lo fueron también en los veinte y los treinta), es obvio que durante los años diez se dio el mayor grado de consumo tomando el acertado parámetro per cápita. Quien esto escribe recuerda lejana pero vivamente la gran cantidad de personas que veía (y olía) fumando toscanos en las etapas de su primera y segunda infancia, allá por 1969-1974, que es precisamente cuando las estadísticas nos marcan el piso histórico. Me pregunto, ¿cuántas se verían cincuenta o sesenta años antes?


Quizás la respuesta se obtenga analizando minuciosamente  muchas fotos antiguas atesoradas por reservorios públicos y coleccionistas, en las que suele detectarse el cigarro en cuestión con muchísima frecuencia (si uno busca ese detalle, rara vez perceptible a primera vista). Para ejemplo va la estampa porteña sita aquí arriba. ¿Qué se imaginan  que está fumando el carrero ubicado hacia el extremo superior derecho (ampliado en recuadro), sobre su vehículo inmortalizado en el Mercado de Abasto, donde fue sacada esta instantánea circa 1900? Ya lo hemos dicho antes: en aquel entonces, los toscanos eran algo tan común y frecuente como el vino, el mate o los tallarines…

Notas:

(1) Del modo más simple, dividiendo las cantidades consumidas por los habitanes.
(2) A saber: Estadística de la Aduana de Buenos Aires (1869), Anuario de la Dirección General de Estadística (1895) y Memoria del Departamento de Hacienda  (1914 a 1976).
(3) Las cifras de 1869 son íntegramente importadas, puesto que no había entonces fabricación nacional en el ramo del tabaco estilo itálico. En 1895 está registrada una importación de 37.000.000 de unidades, a las que añadí un estimativo de 5.000.000 elaboradas por la modesta, incipiente y aun indocumentada (estadísticamente hablando) industria toscanera vernácula. Como corresponde, los números de 1914 suman importación y elaboración doméstica, tal cual se puede observar en la primera entrada de la serie. A partir de 1947 el origen es criollo al ciento por ciento, dado que en 1940 cesó definitivamente el arribo de toscanos importados.
(4) También vale aclarar que sólo podemos hablar excluyentemente de “toscanos” desde 1914 en adelante. En el siglo XIX había puros peninsulares más famosos y consumidos, como el Cavour y el Brisssago, por lo cual sería correcto tomar las cifras de 1869 y 1895 dentro de la etiqueta más genérica “cigarros italianos”.

martes, 7 de febrero de 2017

Cifras reveladoras III: el ocaso

Los años posteriores a la finalización de la Segunda Guerra Mundial marcaron un período de profundas transformaciones en las sociedades del mundo libre. Para la Argentina también fue una época de importantes sucesos económicos, sociales y políticos que modificaron para siempre la manera de vivir de sus habitantes. En su obra Historia del tabaco, publicada en 1940, Juan Domenech ya advertía los cambios producidos por las modas de la época que llevaban a la gente a inclinarse cada vez más por el cigarrillo de tabaco rubio,  manufacturado a imagen y semejanza de aquellos prototipos popularizados en las escenas del cine. Nos guste o no, la sociedad de consumo (en un porcentaje ampliamente mayoritario) se vuelca siempre hacia los hábitos considerados novedosos. Y Hollywood era, en ese tiempo, el lugar desde donde surgían muchas tendencias recogidas luego en todos los rincones del planeta.


Habría infinidad de ejemplos para graficarlo en diversos ámbitos, pero basta un puñado de ellos. Verbigracia, mientras el plástico reemplazaba a materiales seculares como el cartón, la madera y la tela, el transporte automotor hacía lo propio con los vetustos ferrocarriles y el vino suelto en cascos dejaba lugar a las botellas. Paralelamente, los cigarrillos suaves desplazaban a los cigarros puros tan generalizados durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Comenzando el decenio de 1950 dio inicio una agresiva política de promoción publicitaria por parte de las grandes empresas del tabaco, que en los años anteriores se habían concentrado en pocas manos bajo el paraguas de los poderosos trust norteamericanos.  Mediante imágenes que estimulaban su consumo como parte de un modo de vida activo, inteligente, moderno y bien conectado con las últimas corrientes internacionales, los rubios con filtro coparon rápidamente la plaza en detrimento de las otrora célebres tagarninas de tabaco negro, los puros y, por supuesto, los toscanos.


Un género musical que padecía su propia debacle cronológica a manos del rock and roll y el twist dio origen a una pieza cuya letra explica bastante bien la imagen de los cigarros italianos de acuerdo con el ideario social de la posguerra. Se trata del tango Un boliche, de Cabano y Acuña, cuya estrofa inicial dice lo siguiente (1):

Un boliche como tantos, una esquina como hay muchas,
un borracho que serrucha su sueño de copetín.
Hay un tira que se asoma, una copa sin monedas,
un punga que se las toma y una caña sin servir.
Una partida de tute entre cuatro veteranos,
que entre naipes y toscanos despilfarran su pensión.
Y acodado sobre el mármol, agarrado con un broche,
un curda que noche a noche, se manda su confesión.



En  tiempos donde todo era modernidad y nueva ola, ¿qué futuro comercial podía caberle a un producto vinculado con sombríos bodegones frecuentados por ancianos, borrachos y marginales? Las estadísticas de fabricación y venta de toscanos que nos ofrece la Memoria del Ministerio de Hacienda a partir de 1963 son terriblemente expresivas al respecto.

AÑO               UNIDADES

1963                136.012.843
1964                  99.038.887
1965                  81.857.280
1966                  82.617.180
1967                  68.346.240
1968                  62.337.673
1969                  49.775.150
1970                        s/d
1971                        s/d
1972                  34.468.425
1973                  25.722.562
1974                  29.067.975
1975                  36.666.000
1976                  32.766.120          

Más que convincentes o significativas, tamañas cifras bien pueden ser calificadas como cataclísmicas y demoledoras respecto al derrumbe de los puros que nos ocupan entre las preferencias del público fumador argentino. La matemática es incuestionable: un 81% de disminución en los diez años transcurridos desde 1963 hasta 1973. ¿Acaso alguna industria puede soportar una caída semejante sin sufrir la paralización o el cierre definitivo de sus empresas más destacadas? Desde luego que no. En efecto, para 1973 ya era historia el dueto de grandes factorías toscaneras de los tiempos dorados y el apogeo productivo. Más allá de los respectivos hitos que demuestran el comienzo de la decadencia, coincidentes ambos en 1958 (ese año la SATI dejó de pertenecer al gobierno italiano y quedó en manos de sus trabajadores a modo de cooperativa, mientras que Avanti trasladó sus operaciones a una planta mucho más pequeña en Posadas), fue en las fatídicas décadas de los sesenta y los setenta  que tanto una como otra abandonaron la actividad de modo definitivo (2).


Promediando los 70 el cigarro toscano era algo del pasado, en vías de extinción. Por suerte para quienes lo amamos nunca llegó a desaparecer del todo. Incluso hoy se verifica un revival de consumo que le otorga alguna prosperidad al par de empresas que aún se dedican a su manufactura (3). Por supuesto, ello no se acerca ni remotamente a sus tiempos de oro, cuando la probabilidad de cruzarse con alguien fumando un ejemplar en  calles, bares, fábricas,  muelles, estaciones  y casi todos los ámbitos  públicos era altísima. Entonces, en vista de lo analizado durante las tres entradas precedentes, ¿cuál fue esa época dorada en términos numéricos incontrovertibles? ¿Hay alguna manera de establecerlo estadísticamente? Hacia allí nos enfocaremos muy pronto, en la cuarta y última nota de la serie.

                                                        CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Debido a que este blog suele ser visitado por extranjeros hispano parlantes, van las siguientes traducciones al lenguaje formal para eventuales legos en lunfardo y demás terminologías populares porteñas. Tira: policía. Punga: hurtador, ratero. Tute: juego de cartas españolas. Curda: ebrio, borracho.
(2) En manos de sus empleados, la SATI subsistió en la ubicación tradicional del barrio porteño  de Villa Real hasta 1965. Luego se trasladó a un galpón de la calle Tinogasta por poco meses, y finalmente cerró para siempre. Avanti pasó a manos de otra empresa en 1971 (EMATEC) y se mantuvo así por algún tiempo para luego trasladarse nuevamente a Buenos Aires de la mano de la Tabacalera Sudamericana y, más tarde, de la Tabacalera Sarandí, que es la actual poseedora de la marca.
(3) Siempre hablando de Argentina, claro está. En Italia sucede un fenómeno paralelo pero mucho más marcado, con la importante diferencia de que allí los toscanos han pasado a ser considerados un hábito chic, elegante, muy relacionado al mundo gourmet. 

martes, 17 de enero de 2017

Cifras reveladoras II: tiempo de cambios

El cuadro estadístico expuesto en la entrada pasada ofrece un dato llamativo: la disminución de 1914 luego del repunte sostenido durante varios años, tanto en lo que hace a toscanos importados como nacionales. ¿Pudo haber sido el inicio de la Primera Guerra Mundial la causa de ese descenso? No caben dudas de que el gran conflicto bélico tuvo mucho que ver. Desde el punto de vista de los cigarros manufacturados en Italia, las razones son obvias: dificultades para atender los compromisos del comercio internacional, vuelco de las industrias hacia la fabricación de pertrechos militares y escasez de mano de obra por el reclutamiento masivo de hombres. Por su parte, la caída en la confección y el consumo de  ejemplares nacionales obedece posiblemente a motivos menos directos pero igualmente comprobables, como la crisis económica global experimentada en aquel tiempo. Una cifra de carácter interno es bastante ilustrativa: entre 1914 y 1918, el poder adquisitivo de los salarios argentinos descendió un 38,2 por ciento (1).


Los guarismos posteriores de la importación continúan marcando la tendencia, ya que los casi noventa y cuatro millones y medio de toscanos arribados a nuestros puertos en 1914 pasan a ser 83.280.000 en 1915, 53.648.000 en 1916 y 39.198.945 en 1917. Concluida la guerra y superadas sus distorsiones más severas, la nueva década arrancó en franco repunte, comenzando con 53.200.000 de unidades en 1921 y continuando hasta el final del decenio, cuando las cifras volvieron a mostrarse tan destacadas y dinámicas como veinte años antes: 68.111.466 en 1926, 86.511.730 en 1927 y 106.090.000 en 1928. No obstante, esta segunda “era dorada” del vero sigaro tuvo su término muy pronto a consecuencia de la bien conocida depresión de 1930. Para empeorar el panorama, Italia vivía entonces un momento de graves agitaciones políticas, conflictos sociales, huelgas masivas y paralización productiva. Aquellos embarques que alguna vez llegaron a superar el centenar de millones anuales se derrumbaron prontamente: para 1939 alcanzaron apenas 11.453.073 y en 1940 sólo fueron  9.355.000 unidades. El informe de este último año destaca los problemas originados por la “situación internacional”, y no era para menos:  comenzaba en Europa otra guerra devastadora.


Y ese sería, de hecho, el último ingreso de cigarros italianos genuinos a nuestro país por muchísimo tiempo. Al año siguiente (1941) el informe que nos ocupa fue tan contundente e inequívoco como siempre: “no se ha registrado importación de cigarros toscanos y similares (italianos)”. Cierta vez hicimos una entrada sobre el tema, afirmando que la Segunda Guerra Mundial acabó con los toscanos de la península, aunque sin tener la fecha exacta de interrupción (2). Ahora lo sabemos con certeza absoluta: fue en 1941, coincidentemente con el endurecimiento de la refriega (3).


Desde ya queda claro que semejante ausencia fue entera y rápidamente compensada por la confección vernácula, aunque el origen del proceso es cronológicamente anterior. Más allá del hito de 1912, cuando los toscanos nacionales superaron por primera vez (y para siempre) a los importados, consideramos que la consolidación definitiva de la industria nacional comenzó a gestarse a principios de los años treinta. Varios sucesos reseñados por este blog permiten afirmarlo así, especialmente aquellos relacionados con las dos mayores fábricas del ramo: Avanti y SATI. La primera, como vimos hace muy poco, se encontraba mejorando sus cultivos misioneros de tabaco Kentucky y estaba próxima a abrir dos nuevas plantas de elaboración. La SATI, por su lado, había inaugurado una enorme factoría en 1933 y para comienzos de los años cuarenta lograba su plenitud productiva, tanto en lo que hace a los toscanos Regia Italiana como a sus famosas marcas de cigarrillos Macedonia y Broadway. El año 1945 la Memoria del Departamento de Hacienda registra un récord en la producción y consumo de toscanos, para entonces 100% argentinos: nada menos que 347.145.600 ejemplares, correspondientes a 60.113.143 de paquetes de 2, 4 y 5 unidades y 84.585.976 cigarros sueltos (4).


Pero claro, todo tiene un final. Así como años antes se había terminado el tiempo de los pequeños talleres y los cigarreros artesanales, también le iba a llegar su hora póstuma a las mega manufacturas de toscanos. Y todo por el más evidente de los motivos: la disminución del consumo. En eso nos vamos a enfocar la próxima…


                                                          CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Los conflictos de la Argentina próspera. Félix Luna, 2003.
(2) Fue el 12/11/2014 en la entrada “La guerra que terminó con los toscanos genuinos importados de Italia” http://traslashuellasdeltoscano.blogspot.com.ar/2014/11/la-guerra-que-termino-con-los-toscanos.html 
(3) Ese año se produjeron dos hechos cruciales:  la invasión a la U.R.S.S. por parte de Alemania (22 de junio)  y el ingreso de Estados Unidos a la guerra tras el ataque japonés a Pearl Harbor (7 de diciembre).
(4) Promediando los años treinta hicieron su aparición los toscanos empaquetados, tanto enteros como amezzatos. Hasta entonces, el sistema de comercialización minorista sólo se efectuaba al modo entero y “suelto”, fraccionando directamente las cajas de fábrica que contenían 50 o más unidades. Si el cliente lo deseaba podía cortar su toscano al medio en la misma cigarrería, que contaba con las otrora célebres guillotinas diseñadas para tal fin (ver foto). Desde la aparición de los impuestos internos en 1895 cada cigarro llevaba una estampilla fiscal, pero eso se volvió engorroso e innecesario en el caso de los paquetes, que pasaron a pagar y exhibir  una estampilla única de acuerdo a su contenido. Por ese motivo la Memoria los registraba separadamente, costumbre que se extendió por muchos años. En distintos períodos existieron paquetes de papel  y cajitas de cartón de 2, 3, 4, 5 y 10 cigarros toscanos. Por supuesto, el único método para convertir  paquetes en unidades consiste en multiplicar la cantidad de envases expendidos por su contenido, caso por caso y año por año.


martes, 3 de enero de 2017

Cifras reveladoras I: la edad de oro

En su destacado carácter de fuente de ingresos para las arcas del estado, el tabaco estuvo bajo la lupa de las autoridades impositivas argentinas desde finales del siglo XIX. A los propósitos que nos interesan aquí, distintos compendios de información oficial (en general, registros aduaneros) fueron dando cuenta del crecimiento paulatino en el consumo de cigarros italianos a partir de su primer arribo al país, en 1861. La producción nacional de dicho rubro, iniciada veinte años después, resultó numéricamente poco significativa durante bastante tiempo, pero hacia 1900 era evidente que su relevancia había crecido de modo formidable. Fue así que un antiguo informe de tinte económico – tributario comenzó a ocuparse del tema en los primeros años de la nueva centuria. Se trata de la llamada Memoria del Departamento de Hacienda, cuyas viejas ediciones nos han servido para obtener y analizar una completa y meticulosa data de importación, producción y comercialización de puros toscanos desde 1905 hasta 1976  (1).


Tal cúmulo de referencias estadísticas será analizado a lo largo de cuatro entradas (dos en enero y dos en febrero) que se inician ahora mismo. Las tres primeras van a estar enfocadas en sendos ciclos esenciales para el devenir toscanero patrio, mientras que  la última tendrá un propósito de resumen general explicativo. Iniciamos hoy con lo acontecido por los tiempos del centenario (la edad de oro), en la segunda tomaremos conocimiento de los sucesos coetáneos a la Segunda Guerra Mundial (tiempo de cambios), en la tercera haremos un análisis de los años decadentes para el producto que nos convoca (el ocaso), y en la cuarta vamos a puntualizar las razones que nos llevan a designar cada período de la manera en que lo hacemos (toscanos per cápita). Ubiquémonos entonces al comienzo histórico de nuestra secuencia.


Desde 1861 hasta 1904, tal cual lo antedicho, las únicas cifras sobre dispendio de cigarros italianos fueron aquellas provistas por la Aduana de Buenos Aires. Algo muy lógico, ya que el acceso a semejantes productos estuvo monopolizado por la importación  durante dos décadas, mientras que la manufactura nacional, iniciada tímidamente hacia 1881, creció de modo muy lento hasta las postrimerías decimonónicas. No obstante, el advenimiento del nuevo siglo trajo consigo una avalancha en el interés por esos potentes puros de impronta mediterránea (2) con el consecuente y marcado aumento en su trascendencia porcentual para los guarismos industriales tabacaleros y las intenciones recaudatorias del fisco. Ya en 1905 se los comienza a mencionar de manera explícita, con números de la importación que van reflejando aumentos sostenidos, más allá de algún vaivén temporal: 70.622.365 unidades en 1905, 82.745.760 en 1906, 101.470.698 en 1907 y 96.370.000 en 1908. Pero en 1909 leemos algo inédito hasta entonces, tal vez la cita pionera de carácter oficial sobre el toscano de confección argentina. En efecto, los considerandos del director de la repartición incluyen una referencia respecto a que “la industria nacional comienza a elaborar en cantidades dignas de consideración los cigarros denominados toscanos.” (3)


Tamaña elocuencia se incrementa al año siguiente como explicación de una leve baja importadora. Así, el funcionario señala que la misma “ha sido ampliamente compensada por la producción nacional.”.


Si acaso hacía falta más énfasis, lo tenemos en 1911. “En cuanto a los cigarros tipo toscano de producción nacional, siguen desalojando a los de procedencia extranjera”, asegura la reseña, y luego sustenta el argumento con los números correspondientes.


La conclusión de este “cabeza a cabeza” entre nacionales y extranjeros llega en 1912, dándonos además una certeza absoluta sobre cierto punto que tratamos hace tiempo (4): el año preciso en que la manufactura argentina superó numéricamente a la importación. La frase respectiva no requiere comentarios adicionales: “el tipo de los cigarros de producción nacional preponderante es el italiano, habiendo desalojado al similar importado.”


Mediante las unidades comercializadas de uno y otro origen, el siguiente cuadro expone una visión más clara sobre el desarrollo del fenómeno  entre 1909 y 1914. Vale decir que la tendencia resultó irreversible, dado que a partir de 1912 los importados perdieron el protagonismo en forma definitiva (5).

AÑO                 IMPORTACION           ELABORACIÓN

1909                  108.870.000                     68.168.444     
1910                  105.280.000                     99.998.257
1911                  110.910.000                   108.653.532
1912                  106.510.000                   115.799.130
1913                  108.850.000                   136.625.285
1914                    94.465.000                   122.457.316

Independientemente de la “guerra” entre importadores y fabricantes para ganar el mercado, no podemos dejar de advertir la magnitud de los guarismos, que promediando el decenio alcanzan la pasmosa cifra de más de doscientos millones de ejemplares consumidos anualmente en todo el territorio de la república. Entonces… ¿cómo siguió la cosa? Eso lo veremos en la próxima entrada, muy pronto.


                                                             CONTINUARÁ…              

Notas:

(1) Lamentablemente hay numerosos períodos faltantes, que por suerte no corresponden a ninguna de las fechas claves que iremos marcando a lo largo de la serie. Los mayores “agujeros” informativos se sitúan en las décadas de 1920, 1940 (segunda mitad) y 1950.
(2) En los primeros años, la Memoria utiliza indistintamente los rótulos cigarros italianos, cigarros tipo italiano, cigarros tipo toscano  o cigarros toscanos, incluyendo alguna mención ocasional del Cavour. Un par de décadas después sólo se habla de toscanos, lo que indica la desaparición paulatina de los demás módulos peninsulares, en especial Cavour y Brissago, y en menor medida otros prototipos  que pisaron estas tierras esporádicamente, como Napolitano, Minghetti y Branca.
(3) Sin dudas, la puesta en funcionamiento de la gigantesca fábrica Avanti entre 1902 y 1904 resultó el principal motivo de crecimiento para la industria local.
(4) Fue en la entrada que subimos con fecha 1/8/2015: http://traslashuellasdeltoscano.blogspot.com.ar/2015/08/hace-cien-anos-se-producia-un-hito-en.html
(5) Se observará que, en algunos casos, hay diferencias sustanciales entre lo que dicen las imágenes y las cifras del cuadro. Ello se debe a que la Memoria solía hacer correcciones de un año al otro. Por ejemplo, en 1912 el informe habla de una elaboración nacional de 111.976.537, mientras que el cuadro expone 115.799.130. ¿Motivos? Este último número se menciona en 1913 como elaboración de 1912. En tales casos opto siempre por la cifra publicada más tarde, ya que supongo que el ministerio necesitaba cierto tiempo para"ajustar" los guarismos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Algunas precisiones sobre la CIBA y su fábrica Avanti II

El primer dato de interés histórico que nos brinda el valioso texto reseñado en la entrada anterior consiste en la conformación accionaria original de la Compañía Introductora de Buenos Aires. Sabemos ahora que todo  su capital provino de la reconocida empresa William Paats, Roche y Cía, lo cual indica un idéntico grupo de inversores controlando ambas sociedades . El punto es doblemente sugestivo si tenemos en cuenta que esta última firma fue importadora de los legítimos toscanos italianos hasta 1903, o sea, el mismo año en que decidió levantar la fábrica Avanti. Si buscamos explicaciones, es muy lógico asignarle al nuevo emprendimiento un propósito basado en las inmejorables perspectivas que presentaba el mercado vernáculo, puesto que para ese entonces los toscanos carecían de rival en materia de cigarros puros y su demanda se acrecentaba progresivamente. Más difícil resulta saber por qué esa misma casa cesó casi de  inmediato la importación de los ejemplares peninsulares genuinos (1) o, mejor aún, cuál de las dos partes involucradas resolvió finalizar el contrato respectivo, celebrado algunos años antes. ¿Fue la firma argentina, atenta a la mayor rentabilidad de una manufactura local, o fueron los italianos, advertidos de que su importador exclusivo en Argentina se disponía a “falsificar” el emblemático producto, iniciando así una especie de competencia desleal? La respuesta tiene aún más opciones (2) y el hallazgo de evidencias aclaratorias no resulta técnicamente imposible (tal vez quedaron registros en documentos oficiales italianos de la época), aunque sólo el tiempo dirá si algún día podremos encontrarlas.


La mención de cifras inequívocas sobre el volumen productivo de los primeros años sirve para confirmar ciertos postulados largamente sostenidos por este blog, aunque nunca avalados en forma documental. Ya estamos en condiciones de ratificarlos fehacientemente: al poco tiempo de su apertura, Avanti era la fábrica de toscanos más grande del país y su producción abastecía (por sí sola) el mayor porcentaje del mercado. Considerando la referencia de los ocho millones y medio de puros mensuales confeccionados en 1916, es decir, 102.000.000 al año, no quedan dudas al respecto: las estadísticas de esa época señalan una producción  toscanera argentina cercana a 150.000.000 de unidades. En función de ello, prácticamente dos tercios de los toscanos fabricados en nuestro territorio eran obra de la CIBA. Ya que tales guarismos porcentuales no se modificaron sustancialmente con el correr de las décadas (3) (4),  podemos sentenciar que Avanti siguió siendo el cigarro nacional más vendido por el siguiente medio siglo.


El crecimiento que experimentó la empresa a partir  de los años cuarenta queda demostrado por la adquisición de la fábrica de B Yoldi en 1944, y por el emplazamiento de otras dos plantas complementarias en San Luis y Posadas hacia 1946. La primera tuvo una duración acotada (solamente hasta 1962), mientras que la segunda acabó convirtiéndose en la fábrica principal una vez que el imponente edificio del barrio de Villa Urquiza fue desafectado de las labores industriales, en 1958. Sin embargo, éste continuó en poder de la CIBA al menos por diez años más, según consta en un comunicado de tipo legal publicado por el Boletín Oficial a finales de 1967. Allí comprobamos la existencia física de las dos propiedades aún en poder de la firma, la de Posadas como fábrica y la de Buenos Aires como depósito. Al texto en cuestión (arriba) añadí (abajo) la única imagen que pude hallar de los galpones misioneros (ya abandonados), así como el consabido pero siempre ilustrativo dueto de paquetes indicando domicilios pre y post mudanza de la manufactura.


Un último tema de enorme interés para nuestras finalidades investigativas es aquel relativo a las plantaciones. Sabíamos algo acerca de los cultivos experimentales de la variedad Kentucky en las primeras décadas del siglo XX, pero ahora también avalamos esa información con un panorama completo del desarrollo tabacalero de campo que caracterizó a la CIBA durante mucho tiempo. Los primeros resultados satisfactorios datan de 1929, por lo cual podemos deducir que el Kentucky empezó a ser utilizado masivamente a partir de 1930, conforme aumentaba la cantidad de fincas dispuestas para tal fin. El mapa al costado de este párrafo (hacer click para ampliar) muestra la ubicación de las localidades mencionadas en el libro que nos ocupa, numéricamente dispuestas según su orden textual de aparición: MonteCarlo, Puerto Rico, Wanda, Lanusse, Oberá, Cerro Azul y Campo Grande. En los decenios de 1930 y 1940, buena parte de esa materia prima viajaba hasta la factoría porteña por vía fluvial, luego del embarque en varios puertos del Paraná, especialmente el de Posadas (5). Un dato final es muy valioso: la última importación de Kentucky norteamericano se realizó en 1948, lo que nos dice dos cosas: que a partir de entonces los Avanti fueron hechos 100% con tabaco nacional, y que antes de eso tenían materia prima de USA en su interior, lo cual no sabíamos hasta ahora.


Hay casi infinitas ramificaciones temáticas para seguir analizando, pero ya llegará el momento de hacerlo. Por lo pronto, tenemos un conocimiento mucho mayor sobre el rótulo de toscanos argentinos más célebre de la historia.

Notas:

(1) Recordemos que en 1904 la importación de toscanos legítimos pasó a manos de Roberto de Sanna y la empresa Bunge y Born, el primero como “representante” y la segunda como introductora propiamente dicha.
(2) Los casos señalados se basan en la hipótesis de que los argentinos actuaron primero desencadenando la ruptura, pero los hechos no tuvieron que ser necesariamente así. Por ejemplo, es también factible que Italia haya decidido terminar el contrato por otros motivos, y que W Paats, Roche y Cía resolviera -posterior y consecuentemente- continuar en el negocio mediante el emplazamiento de una fábrica propia.
(3) En realidad, la aparición de la SATI con sus Regia Italiana implicó una competencia importante sin llegar a comprometer el sólido liderazgo de Avanti. Por otro lado, su existencia histórica fue bastante fugaz, ya que sólo se mantuvo durante veinticinco años, desde 1933 hasta 1958.
(4) Durante enero y febrero de 2017 vamos a “hilar fino” sobre estadísticas tabacaleras del siglo XX (desde 1905 hasta 1976), gracias al hallazgo de cifras oficiales y contundentes.
(5) Así lo señalan algunos testimonios que hemos visto oportunamente.