lunes, 7 de julio de 2014

Las antiguas manufacturas comienzan a revelar sus secretos

Si  no  hay  consuelo  en  los  frutos  de  nuestra investigación, hay, al menos, alivio en el propio proceso de investigar.  La  frase  pertenece  al eminente físico teórico Steven Weinberg, Premio Nobel de la especialidad en 1979 por sus resultados  en el campo del  electromagnetismo combinado  con la fuerza nuclear débil. Básicamente, el enunciado de este gran erudito tiene un significado inequívoco: la investigación  es una fuente de aliento para el alma, más allá de su desenlace. En este modestísimo blog nos hemos propuesto investigar la historia del cigarro toscano en la Argentina,  y  no  han sido pocos  los logros alcanzados en su año y medio de vida. Ubicamos la existencia pasada de un número bastante importante de fábricas (aunque seguramente faltan muchas más),     así como la  fecha en que se realizó la primera importación de cigarros italianos. Eso ya es bastante para tan corto tiempo de trabajo, pero además conocimos varias historias de fábricas y fabricantes que construyeron el pasado del puro más fumado en la Argentina  de  antaño.   Por  eso  nos  sentimos satisfechos por partida doble, según las expresiones de Weinberg, ya que conjugamos   la dicha de investigar con  la dicha de haber cosechado una cantidad suficiente de resultados en relación al austero esfuerzo empleado para tal fin.


No obstante, el acceso reciente a ciertos documentos antiguos practicables en internet nos brindó una avalancha de datos como no habíamos tenido antes. Entre ellos, además de los hallazgos de fábricas y marcas (de lo cual dimos cuenta hace un par de entradas), pudimos despejar algunas dudas respecto a otras manufacturas de las que teníamos conocimiento, aunque no muchos datos certeros.   Fechas  de  apertura,  domicilios, solicitudes marcarias hasta entonces ocultas a nuestro conocimiento y otros apuntes históricos de interés han venido a sumar abundante material para el objeto principal de este espacio. Por ejemplo, si hablamos de la ilustre y legendaria fábrica La Argentina, de Don Juan Otero – primera firma que manufacturó toscanos en el país- , ahora sabemos con absoluta seguridad que su fecha de nacimiento fue 1878,   ya que localizamos un registro de marca de cigarrillos de esa misa empresa en  la  que  su  ilustración   reza claramente: “fundada en 1878”. El dato viene a colación, una vez más, del carácter casi incidental que adquieren muchas veces ese tipo de descubrimientos.


Continuando  en  la  línea  de  las  factorías mencionadas con anterioridad vez y que formaban parte de nuestro listado, nos topamos con  el rótulo O Finchado, cuya gestión de marca fue iniciada el 11/6/1912 por Carlos Galina y Eduardo Torreri, socios de La Honradez en la ciudad entrerriana de Colón. También  dimos con el registro de la marca Solferino, presentada por Francisco Barbero y Luis Comelli el 24 de noviembre de 1913, que refuerza todo lo plasmado en la entrada del 4/1/2013 sobre esa pequeña y antigua casa tabacalera de la ciudad de Campana. Más adelante en el tiempo,  a mediados de la década de 1920,  Juan Zenobi inició el trámite para la denominación César de los productos que elaboraba simultáneamente (aunque en lugares separados) con su hermano Constantino, precursor de  Luchador, la increíble casa que en el siglo XXI continúa elaborando toscanos artesanalmente luego de casi cien años de tradición familiar en el ramo. También hallamos un nutrido movimiento en lo que hace a solicitudes de marcas por parte de La Cigarrera Ítalo Argentina, misteriosa fábrica que conocimos por una caja de cigarros ofrecida en la web. Ahora podemos afirmar con bastante certidumbre varios postulados sobre ella: que su vida se desarrolló mayormente entre los años 1930 y 1950, que además de Turín supo comercializar las marcas El Boyero y Lo Gano, que sus dos domicilios capitalinos en ese lapso fueron Caseros 3449 (Parque  Patricios)  y Guanahani 406  (Constitución),  y que fue una de las tantas compañías de la época que realizaba sorteos y entregaba premios como método para incrementar las ventas.



















Finalmente, algo sobre la marca Ottone, ya conocida para nosotros. Sabíamos que hacia 1940 era comercializada por Mignaquy y Cía. como resultado de una elaboración hecha por un tercero, en este caso, por la fábrica Luchador de la familia Zenobi. Pero hete aquí que en el Boletín Oficial aparecen numerosas solicitudes marcarias  desde 1915 hasta 1939  por parte de la familia “Ottone”, compuesta por José, Pascual, Rafael, Eugenio y Emilio. El hecho de ser tramitadas desde Génova, Italia, indicaría una importación o una elaboración local por cuenta y orden de ellos. El primer rótulo solicitado es para cigarros Brissagos y refuerza la idea respecto a las especialidades tabaqueras italianas. Ello se confirma en 1931, cuando solicitan nuevamente el registro de marca “Ottone” con un dibujo que porta algunas leyendas bastante reveladoras:  Tabacchi  e  sigari  esteri  (Tabacos y cigarros extranjeros) y Confezione esclusiva per la Ditta Giorgio Ottone e Figli  (Confección exclusiva para la Firma Giorgio Ottone e Hijos) (1) Ahora bien, en 1940 eran toscanos manufacturados por Luchador y distribuidos por Mignaquy.   Pero  es imposible que eso también fuera así en 1915, cuando se realiza el primer registro de la marca, ya que el taller de los Zenobi aún  no funcionaba como tal. Entonces, ¿quién los hacía antes? ¿Fueron siempre cigarros de producción argentina u originalmente eran importados desde Europa? (2) Además de toscanos y brissagos, ¿existieron los Cavour o napolitanos Ottone? En fin, preguntas que continúan surgiendo y que tal vez logremos contestar próximamente. Ganas de investigar, por fortuna, no nos faltan.


Notas:

(1) A esa altura la familia había pasado por un recambio generacional o se habían agregado nuevos miembros, dado que aparecen  José Eugenio y Rafael Ottone junto con Clotilde Cánepa de Ottone.


(2) Las posibilidades son muchas y se multiplican con cada nuevo hallazgo. Un dato llamativo es que Mignaquy ya importaba los tres tipos de cigarros italianos más conocidos (toscano, Cavour y Virginia o Brissago) con anterioridad, según figura en la tabla de aforos  de  1908.   ¿Eran  los  Ottone?  Tal vez algún día podamos contestar este interrogante, siempre y cuando hayamos logrado desenredar el complejo nudo histórico que involucra fabricantes, importadores, distribuidores, concesionarios, elaboraciones propias y de terceros, de origen nacional, italiano, suizo  y  vaya a saber cuántas posibilidades más. En la próxima entrada, antes de presentar la nueva lista de fábricas actualizada, nos vamos a referir a eso.


miércoles, 25 de junio de 2014

Italianos, suizos y... ¿holandeses?

El  cigarro  toscano  es  un  producto  original  y emblemático  de  Italia,  pero  su  éxito  comercial  antecede varias décadas al proceso unificador de ese país consumado entre 1861 y 1866. Otros puros peninsulares  de  estilo  similar  también  fueron profusamente difundidos y consumidos en Europa entre mediados y finales del siglo XIX,   como   el Cavour y el Brissago, de los que hemos hablado en reiteradas oportunidades. Ahora bien, dentro del puñado de naciones más involucradas en este fenómeno (Suiza, Austria y Alemania), el país helvético es el que acredita la mayor tradición toscanera debido a la fuerte influencia itálica existente en el  sur de su territorio y particularmente en el cantón de Ticino, donde se habla la lengua del Dante. Ya en 1848, Rodolfo Pedroni, un italiano natural de l’Emilia, se instaló allí para fundar su gran manufactura de tabacos que décadas más tarde daría lugar a la famosa Fábrica de Tabacos de Brissago (1). En los decenios posteriores se afincaron otras factorías y talleres del mismo tenor, tanto en Brissago como en Balerna  y Chiasso. La explicación de esa especie de “éxodo” de industriales tabacaleros italianos se basa en algo muy sencillo: el sistema de estanco que llevaba adelante Italia impedía cualquier iniciativa privada, dado que toda la producción  del ramo estaba en manos estatales.


Hacia 1860 ya existían en el mercado europeo numerosas versiones suizas de los cigarros italianos más típicos y es posible encontrar algunos curiosos testimonios al respecto, como cierto párrafo de un libro editado en 1862 bajo el título Cenni sul Tabacco e dei modo de su manifattura nella Azienda di  Lucca  (2). El  añoso volumen,  escrito en plena época unificadora, pone de manifiesto la confusa noción de lo que era “italiano” en aquel tiempo. Entre otras cosas, el autor alude sistemáticamente al Cavour como  “cigarro nacional”  y  al toscano como “cigarro provincial”, además de situar al primero dentro de un “estilo suizo”, junto con  los puros del tipo Vevey (que nombra textualmente como Wevey),   de   los   que hablaremos luego. Para resumir, digamos que éste y otros muchos documentos del pasado  nos  dicen  que  para  ese entonces  Suiza  manufacturaba,  comercializaba, consumía y exportaba cigarros italianos a la par de la mismísima Italia.   A   los   efectos prácticos de este blog, que versa sobre el devenir histórico del toscano en Argentina, la pregunta quedaba prácticamente servida: ¿tuvo eso su correlato en nuestro país?


El interrogante no era nuevo para el que suscribe, dado que fue planteado más de una vez en este mismo espacio ante la presencia de cuantiosos testimonios sobre “toscanos suizos”  y cigarros “similares italianos” en viejos anuncios, en antiguos envases e incluso en estadísticas oficiales. En tales casos nos preguntábamos de dónde saldría eso y a qué estaría referido exactamente. ¿Se importaban verdaderos toscanos suizos o sólo era un ardid publicitario? La respuesta contundente fue obtenida accediendo a la edición del  Boletín  Oficial  de  la República Argentina del 14 de septiembre de 1908 (3), en la que aparece una Tabla de Aforos (cargas impositivas) para los cigarros importados (4). El listado es ciertamente largo y tiene como protagonistas principales a las incontables etiquetas cubanas de la época, pero hacia el final encontramos los dos segmentos que nos interesan. Primeramente se divisa el escueto peldaño de los auténticos cigarros italianos, restringido a los productos que introducía el importador exclusivo de ese tiempo, la firma Bunge & Born. Son sólo seis variedades: toscanos, napolitanos, un par de categorías de Cavour  y algo similar de Virginia. Pero luego aparece otra lista mucho más copiosa con la denominación “Suizos, Filipinos y otros”. ¿Y qué encontramos allí? Una verdadera sorpresa.


Su lectura  denota inmediatamente el predominio de Suiza sobre las demás procedencias, comenzando por la abundancia de puros del tipo llamado Vevey, originarios de la ciudad homónima del cantón de Vaud y muy de moda entre fines del XIX y principios del XX. Por ese motivo vemos la reiteración constante (seguramente, distintas marcas) de los Vevey Longs, Vevey Courts, Vevey Sans, Vevey Fins y un largo etcétera. Pero lo remarcable es la cantidad de ítems relativos al toscano: nada menos que nueve, así como cinco de Cavour y dos de Virginia o Brissago. En otras palabras, esto documento prueba de un modo incontrovertible que la variedad de toscanos   y   demás cigarros típicamente peninsulares  importados por Argentina en 1908 era ampliamente mayor entre el grupo de los orígenes no italianos que en el de los verdaderamente italianos (me refiero a diversidad,  no a cantidad). ¿Serían todas esas alternativas marcarias de naturaleza suiza? No lo sabemos con certeza, pero los indicios sugieren que la mayoría sí lo era, y creemos que los otros orígenes probables que le seguían en importancia eran Austria, Alemania y Brasil.  En la imagen de abajo  (hacer click para ampliar)  está la lista en cuestión. En el rectángulo marrón se sitúan los puros italianos importados por Bunge & Born,  y en el grupo siguiente de “Suiza, Filipinas y otros”  subrayé en rojo  todos  los renglones de toscanos, en celeste los de Cavour y en verde los de Virginia. También es posible apreciar el nombre de las diferentes casas importadoras, que no eran pocas.


El  tema  no se agota allí, ya que muchos años después,   el 10 de junio de 1921,   ubicamos un registro de la marca  “Toscanos Holandeses La Famosa”  a nombre de Moisés Maskivker. ¿Toscanos holandeses? No hemos logrado obtener ningún otro dato al respecto más allá de este testimonio, ni del rótulo, ni de su propietario (solamente sabemos  que  era  de  Rosario), ni de la existencia de algún tipo de manufactura especializada en los Países Bajos. Ni siquiera sabemos si se trata solamente de un nombre de fantasía para una producción local o de otro caso –desconocido por mí hasta ahora-de toscanos europeos manufacturados fuera de Italia. Pero teniendo en cuenta que Holanda acreditaba   y   acredita una tradicional y poderosa industria del tabaco, tomamos el dato con mucho interés y lo dejamos en carpeta para futuras investigaciones.



Notas:

(1) Todavía hoy se comercializa el cigarro conocido como Pedroni, que es un toscano de sabor algo más suave. Durante muchos años su confección se realizó en Suiza, pero desde 2008 la marca fue adquirida por el Grupo Industrial Maccaferri, empresa que actualmente produce los genuinos toscanos italianos.


(2) Hemos citado ese añejo volumen hace algunos meses, en la primera entrad dedicada al Cavour.
(3) Si alguien quiere echarle un vistazo a la copia completa del original, aquí va el link: https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_1ra_seccion_1908-09-24/1908-09-24
(4) Posteriormente encontramos otras evidencias plasmadas varios años después, pero ya llegaremos a ellas en su debido momento.

lunes, 16 de junio de 2014

Nos adentramos en la bruma del tiempo y encontramos diez fábricas con sus marcas a principios del siglo XX

No vamos a insistir acerca del carácter sorpresivo e imprevisto   que   suelen   tener   muchos   de   los descubrimientos efectuados en este blog, porque se trata de algo señalado en numerosas oportunidades, tanto aquí como en Consumos del Ayer. Pero sí vale la pena resaltar nuevamente la enorme utilidad que presta el puntilloso  trabajo de recopilación efectuado por la web del CPCCA (Cigar Pack Collectors Club of Argentina), que más de una vez nos ha servido para encontrar  aquello  que  parece  imposible  de  ser hallado. Por supuesto, se trata de un sitio muy vasto, con información asequible  a  través  de  numerosos caminos y diferentes entradas, no siempre plausibles de ser abiertas por el primer intento de sondeo. Para no abundar demasiado en detalles, digamos simplemente que la fortuna estuvo una vez más de nuestro lado  y  nos permitió acceder  a  registros documentales irrefutables, a partir de los cuales pudimos localizar la existencia pretérita de diez fábricas argentinas de toscanos que no conocíamos hasta hoy.


Concretamente, el completo espacio virtual de marras posee cierto apéndice que consiste en un listado cronológico del registro de Patentes y Marcas de productos derivados del tabaco aparecidos en el Boletín Oficial de la República Argentina desde 1894  hasta 1947  (1).  Así, luego de un prolongado  y  paciente análisis,  fuimos  descubriendo  muchos registros de marcas, tipografías, ilustraciones y envases relativos al cigarro que aquí nos ocupa. Buena parte de eso correspondía a fábricas ya conocidas (2),  pero lo interesante es que también salieron a  la  luz  factorías  cuya  presencia  en  el  pasado  nos  era completamente anónima. Es que de eso se trata, esencialmente, este pasatiempo de la investigación histórica: de buscar y encontrar. Lo primero se cumple inexorablemente, pero  no  hay ninguna garantía para lo segundo.  Con  todo,  nos alegramos de darle la bienvenida  a  más  nombres antiguos de  la  familia  toscanera nacional.  Y  sin  más demoras,  vayamos  al  grano examinando los rótulos marcarios concedidos a cada uno de estos viejos talleres tabacaleros especializados en el puro más popular de nuestro país durante cien años.


El 1 de septiembre de 1904, la firma Lastra, Caponetti y Cía. obtuvo el registro de la marca “La Toscana” con la correspondiente ilustración de la etiqueta que cubría sus cajas de 50 unidades al precio de cinco centavos cada una. El producto es presentado textualmente como cigarros “napolitanos”, que eran una rara especie de toscanos con uno de sus extremos cerrados. En teoría y por esa razón, sólo se podían fumar enteros, aunque sospechamos que los humildes y veteranos consumidores italianos de la época no dudaban en despuntarlos y cortarlos al medio para obtener dos mezzo napolitanos.


El 2 de julio de 1906 se le concedió a Fernando Paganini la marca “F. A. Paganini” para rotular su envase de 100 cigarros al precio de diez centavos cada uno.   La   leyenda Comuni 1° Qualitá no deja dudas sobre su condición toscanera, aunque no lo diga con todas las letras.  La mencionada es la categoría a la que pertenecían entonces los toscanos en la compleja y vasta nomenclatura de producción italiana.


El 19 de mayo de 1908, Agustín Grillo fue autorizado al uso del rótulo “Avaneti” en la etiqueta de una caja de 50 cigarros. Lo de Avaneti no debe confundir con un habano, con el cual no tiene nada que ver, como lo indican  la inscripción Fermentados Uso Italiano y el módico valor de cinco centavos la unidad.


El 2 de noviembre de 1909, Juan Llull, titular de Tabacos y Cigarros La Amistad, recibió el cuño de “Toscanos Ferri” para una caja de 50 cigarros. Quince años más tarde, el 4 de Julio de 1924, logró lo propio para los toscanos “Gurugú”. (3)



















El 10 de agosto de 1910 le fue otorgado a María C. de Di Paola el timbre “De Di Paola” para el envase de 50 toscanos fermentados,  incluyendo  en  ello  dos  ilustraciones completas, tal vez para tapa y fondo.


El 27 de Febrero de 1913,  Juan Panullo recibió la propiedad de la marca  “Toscano Panullo” para su caja de 50 toscanos al precio de cinco centavos cada uno.


El 28 de Abril de 1915 salió la adjudicación marcaria de los toscanos “Chianti” a nombre de Waldino Robles, representante de la Sociedad Productora e Introductora de Tabacos.


El 31 de Mayo de 1918 fueron adjudicadas dos marcas a los señores Enrique Lampe y Rodolfo Gaertner para distinguir sus toscanos: “Abruzzi” y “Aída”.  En el caso de la segunda se asegura que son productos para exportación  y aparece además la referencia al uso exclusivo de tabaco Kentucky para su capa.


El 5 de Noviembre de 1925 ocurrió otro tanto con el otorgamiento simultáneo de los rótulos “Pisa”  y “Alianza” a nombre de la Compañía Nacional de Tabacos.



















El 24 de Septiembre de 1936,  finalmente,  la  curiosa  marca  “Mulero”  quedó  bajo propiedad de Raimundo Koch. En la copia de la ilustración adjunta aparecen apuntadas diversas indicaciones sobre los colores que llevaría la etiqueta definitiva.


Por supuesto que no faltaron algunos casos dudosos, y por ello decidimos omitirlos hasta tanto tengamos mayores evidencias de las dos condiciones necesarias para ingresar en el territorio de nuestro interés: que se trate realmente de toscanos (y no de otro tipo de puros), y que hayan sido efectivamente comercializados en la Argentina (4). Pero no nos quedamos acá:  seguimos investigando   y   muy pronto vamos a iniciar un sondeo bibliotecario   que   tal  vez   nos   lleve    a    descubrir   algunos   establecimientos desconocidos anteriores a la segunda mitad de la década de 1890, es decir, previa a la aparición del registro de marcas en el Boletín Oficial.  Más  adelante,  con  esos  datos mayormente completos y mejor chequeados, vamos a hacer una actualización de nuestro listado principal de fábricas. ¿Cuándo? Muy pronto, en este mismo blog.

Notas:

(1) Aquí va el link a la introducción. Haciendo click en “ingresar” se llega al listado de 89 páginas con cien ítems cada una.  http://cpcca.com.ar/BO/index.htm
(2) Eso nos permitió aclarar muchos puntos oscuros que teníamos sobre tales establecimientos, así como responder algunas preguntas que ya habíamos planteado con anterioridad. Las próximas entradas van a estar enfocadas precisamente en eso.
(3) Años más tarde, la marca Gurugú pasó a manos de M. Duran y Cía, sita en Rosario al igual que la empresa de Llull. Dentro de pocos meses realizaremos una degustación de toscanos Flor de Mayo de la década de 1960, marca que originalmente pertenecía a Fernández y Sust pero que para ese entonces era explotada por la citada M. Durán y Cía. Con algunos datos obtenidos ahora y otros que intentaré buscar tal vez podamos reconstruir el pasado de esa misteriosa firma rosarina, que al parecer tenía como política adquirir marcas de toscanos ya constituidas en aquella ciudad. 
(4) El siguiente es un caso típico: el 28 de Febrero de 1935 aparece la renovación de la marca “Garibaldi” a nombre de C.F. de la Fuente, cuya solicitud fue hecha en Asunción del Paraguay. La imagen, sin mayores datos, se reduce a lo que parece ser una simple anilla individual de cigarro, pero el nombre netamente itálico y el aditamento Prima Qualitá refuerza la sospecha de que se trata de un toscano.  Sin  embargo  no  tenemos  esa certeza,  amén de que la solicitud hecha desde un país vecino no implica que el rótulo haya sido vendido en nuestro país. Por eso, al igual que otras, la dejamos en suspenso hasta el día en que tengamos indicios más certeros.


domingo, 18 de mayo de 2014

La Suiza, una fábrica precursora del toscano en la ciudad de Rosario

No obstante la conocida crisis económica que sacudió a la nación en 1890, el comienzo de esa década marca un avance definitivo del progreso para las principales urbes de nuestro país. En semejante contexto, Rosario ya estaba posicionada como la segunda ciudad argentina en términos de población, comercio e industria.  Apogeo del fenómeno inmigratorio mediante,  la gran metrópolis portuaria del Paraná competía con Buenos Aires en cantidad, calidad  y  envergadura de bancos,  fábricas,  hoteles,  tiendas  y estaciones ferroviarias (1). La manufactura tabacalera, muy próspera en la época, no era una excepción a este desarrollo. Numerosas factorías y talleres producían entonces diferentes artículos del fumar que luego eran comercializados al detalle en los no menos cuantiosos locales de cigarrerías, almacenes, bares y demás comercios relacionados.


Aunque la producción rosarina de cigarrillos y puros data  de  mucho  antes,    todo  indica  que  el establecimiento La Suiza, de la empresa Testoni, Chiesa & Compañía, fundado en 1890, fue el primero que sumó a esas elaboraciones tradicionales la confección de los cigarros llamados italianos, es decir, los del tipo Cavour, Brissago y Toscano, que constituían el furor de ventas hacia fines del siglo XIX. Desde su planta de la calle Urquiza 1052, a pocas cuadras del célebre  Monumento  a  la  Bandera  (2),  la firma de marras logró posicionarse rápidamente en el mercado santafecino  y  también en la misma Capital Federal, al punto de establecer un amplio local propio sobre la Avenida de Mayo 646 (3). Un informe del año 1895 describe la importancia del emprendimiento que “ocupa un área de 3000 m2, sin contar la sección aserradero”,  señalando lo siguiente:  “200 a 250 operarios, que representan otras tantas familias, ganan allí su sustento, de las cuales 150 son mujeres”.


La parte técnica enumera ciertos aspectos muy característicos de las fábricas que producían puros de acervo itálico,  como  una  estufa  de  piedra importada de Suiza con capacidad para   30.000 cigarros. Pero el detalle que más nos interesa resulta bien esclarecido cuando se relata que “pasamos enseguida al espacioso local donde se elaboran los cigarros italianos. Vimos 25 mesas ocupadas por 200 obreros…”   El catálogo de productos fabricados estaba formado en ese entonces, textualmente,  por “cigarros de paja uso Viena, cavours, cigarros pluma, marca Falstoff, Barletta, toscanos, Indianas, La Luz, Ondinas, Chiaravalli, Montegeneroso, Damitas, trabucos, perales y muchas otras clases”. En la lista antedicha conviven,  obviamente,  tipos  de productos  con  marcas  comerciales,   la  mayoría completamente desaparecidas en la bruma del tiempo. El repertorio de tabacos estibados es igualmente variopinto, pero refleja perfectamente la diversidad de materias primas que se  utilizaba  en  aquellos  años:    “vimos estibas de dos a tres mil fardos de tabaco correntino, paraguayo, salteño, tucumano, Virginia, Bahía, Río Grande y otras clases” (4).


La Suiza de Testoni & Chiesa continuó su vida en las manos fundadoras hasta 1911, cuando fue adquirida por un conglomerado tabacalero de origen inglés (luego absorbido, a su vez, por la firma Piccardo). En esos años supo lanzar al mercado diferentes rótulos que llegaron a ser muy populares, como los cigarrillos Mauser Argentino, Monterrey  y Vencedor, así como el tabaco  Cerro Corá.  También tuvo sus tropiezos comerciales y legales,  como cierta oportunidad en que debió enfrentar un juicio por falsificación e imitación de marcas, y precisamente de toscanos (5). Pero igual vale la pena recordar a este portento de la industria nacional,  el primero que puso su  pie  en  la  cuna  de  la Bandera Patria con el fin de producir el cigarro puro más popular de nuestro país durante cien años.


Notas:

(1) Entre 1910 y 1950, la ciudad de Rosario llegó a contar con cinco terminales ferroviarias de pasajeros funcionando en forma simultánea, pertenecientes a distintas empresas de capital privado. Ellas eran Rosario Central (FCCA), Rosario del Santa Fe (FCSF), Rosario Central Córdoba (FCCC), Rosario del Compañía General (FCCGBA) y Rosario RPB (FCRPB). Por ese entonces, sólo Buenos Aires  (que tenía siete)  la superaba.   Con la nacionalización de 1949  se hizo evidente que tan compleja nomenclatura  podía unificarse por trochas, y las cinco estaciones terminales pasaron a ser dos, una para trocha ancha y otra para trocha angosta. Actualmente ninguna de las mencionadas se encuentra operativa, aunque todas están en pie cumpliendo diferentes servicios: Rosario Central es un complejo cultural y recreativo, Rosario del Santa Fe es la terminal de ómnibus, Rosario Central Córdoba  no tiene un destino específico, aunque es protegida por entidades de preservación ferroviaria, Rosario del Compañía General es un destacamento de Gendarmería Nacional, y Rosario RPB se encuentra dentro de un campus universitario. La siguiente es una foto actual, tan hermosa como lúgubre y desolada, de la estación Rosario Central Córdoba lado andén.


(2) En el texto de la reseña aparece el domicilio como Urquiza 252. Por lo visto hubo un cambio posterior de numeración (algo muy común en muchas ciudades del país entre 1890 y 1900), tras el cual pasó a ser 1052.
(3) Físicamente hablando, el recinto de la filial porteña existe aún en su edificio primigenio, pero por cierta ironía histórica se ubica allí una sucursal de Mc Donald’s.
(4) Durante el período que podríamos llamar fundacional del toscano manufacturado por la industria argentina (1880 a 1920), los tipos de tabaco empleados para su producción eran mayormente tucumano (en el relleno) y Virginia (en la capa).
(5) Sobre ese tema hicimos una entrada en el blog Consumos del Ayer: http://consumosdelayer.blogspot.com.ar/2012/12/cigarros-en-tela-de-juicio.html

viernes, 11 de abril de 2014

Dos luces en el camino

Aunque se trata de una tarea prácticamente imposible de completar, nunca dejamos de añadir nuevas  fábricas  y  marcas  a  nuestro  listado  de  productores  de  toscanos constituidos en la Argentina desde 1875 hasta hoy. Sabemos que inevitablemente habrá varias que se nos van a escapar por tratarse de efímeros talleres instalados en pequeñas cigarrerías que nunca dejaron testimonio de su existencia en documentos oficiales o privados.  Posiblemente haya habido cientos de casos así diseminados por todas las ciudades del país, y no perdemos las esperanzas de hallar muchos de ellos en futuros sondeos  bibliográficos.  Publicidades  o menciones  en  diarios,  revistas,   nóminas catastrales, censos industriales y guías comerciales son algunas de las alternativas que ofrecen una cierta posibilidad de hallazgos, aunque también somos conscientes de que ello demandará años. No obstante y así las cosas, le seguimos dedicando el tiempo que podemos a esa singular labor que bien puede ser comparada con aquello de encontrar agujas en un pajar.  Desde luego que sería mucho más rápida la búsqueda de simples fábricas de cigarros puros, pero recordemos que eso no garantiza en absoluto que allí se confeccionaran toscanos. Son necesarias pruebas fehacientes, incontrovertibles y específicas de manufactura toscanera para que un antiguo establecimiento pase a integrar nuestra nómina histórica.


Debo añadir además que en los últimos meses no tuve la oportunidad  ni  el ánimo para continuar las indagaciones iniciadas el año pasado (conducta que espero modificar en lo que queda de este año), muchas de las cuales culminaron en éxitos rotundos, incluyendo completas reseñas de algunas manufacturas fundacionales del toscano argentino, como La Argentina y La Virginia. Y a pesar de que esos viejos datos se encuentran ocultos mayormente en bibliotecas  y  archivos gráficos, la siempre vigente búsqueda en la web produce, de tanto  en  tanto,  algún  feliz  resultado.  Fue  así  que  mi holgazanería investigativa de campo tuvo, al menos, una leve compensación informática, ya que logré dar con el paradero de dos fábricas (en realidad, una fábrica y una marca elaborada por un tercero) que no conocía y que agregué al listado. Ellas son la Cigarrería Italo Argentina, productora de los toscanos Turín, y la casa Cardin y Cía, que comercializaba toscanos bajo el rótulo La Colmena. Estos últimos, como veremos, eran elaborados por la ya conocida factoría rosarina de Fernández y Sust.


El de los toscanos  “Turín”  es un típico caso de suerte. Se trata de una antigua caja vacía de madera de  50 toscanos  (muy característica de la época) ofrecida como antigüedad en un sitio de remates. El vendedor tuvo la feliz idea de fotografiar la parte inferior del envase con una amplia y generosa vista de  su etiqueta,  en  la  que  podemos  observar prácticamente todos los datos que necesitamos para certificar la existencia del producto y situarla en tiempo y espacio: denominación de la fábrica, domicilio, marca y precio al público. A los toscanos “La Colmena”, en cambio, los ubiqué en el excelente sitio del CPCCA (Cigar Pack Collectors Club of Argentina),  aunque su historia es algo más complicada.  En efecto, La Colmena es una antigua marca de cigarrillos establecida en 1884 por Miguel Colmenero. Luego pasó por varias manos hasta la década de 1960, pero la que nos interesa es una empresa sita en la ciudad de Santa Fe llamada Cardin y Compañía, fundada en 1927 como distribuidora de alimentos, bebidas y tabacos que, de hecho, existe aún (1) (2). Desde su fundación hasta 1963, la firma comercializó cigarros toscanos bajo el paraguas de aquella vieja marca, los  que eran  elaborados  a  pedido  por la rosarina Tabacos Colón, de Fernández y Sust. ¿Cómo sabemos esto último? En primer lugar, porque el envase indica claramente la inscripción Certificado A 6 Verde, que era un número asignado por las autoridades de control a las diferentes fábricas de tabacos, y ese número en particular le pertenecía a Fernández y Sust. También está muy clara su condición de cigarros manufacturados por un tercero, como lo indica textualmente la frase “Elaboración especial para Cardin & Cía”. Por último,  más allá de la diferencia notoria de colores, la etiqueta tiene enormes similitudes con otra marca célebre de Tabacos Colón, los toscanos Génova (3). Así lo sugieren las idénticas leyendas “cuatro toscanitos” en una cara,  y  “cuatro cigarros fermentados”  en la otra,  que cuentan incluso con una tipografía semejante. Veamos entonces los dos paquetes en cuestión, para despejar dudas.


Con estos agregados, nuestro listado pasa a tener 18 fábricas y/o distribuidoras de existencia chequeada y comprobada. Una cifra irrisoria frente al prudente cálculo que alguna vez  nos indicó la presencia de al menos 100 factorías en el pasado del toscano argentino, entre grandes, medianas y pequeñas. El repertorio queda entonces del siguiente modo al día de la fecha (hacer click para ampliar):


La tarea no es nada simple, como dijimos, pero seguimos buscando. Y cuando haya novedades, aquí estarán de inmediato.

Notas:

(1) La web del CPCCA ofrece además muy buenas fotos antiguas de la fábrica en funcionamiento desde su fundación, en los tiempos de Colmenero: http://www.cpcca.com.ar/cma/fab/MIGUNERO.HTM
(2) Aunque el logo de la empresa señala la fundación en 1927, sus datos impositivos actuales asequibles en la web indican fecha de contrato social el 1/11/1937, es decir, diez años después. Opté por poner esto último en el listado por tratarse de datos oficiales.
(3) En la entrada del 16/6/2013 del blog Consumos del Ayer realizamos una degustación de antiguos toscanos Génova: http://consumosdelayer.blogspot.com.ar/2013/06/los-toscanos-rosarinos-de-fernandez-y.html


miércoles, 19 de marzo de 2014

Cavour, el cigarro patriótico italiano que llegó a ser más célebre que el toscano II

En la entrada anterior del tema resumimos los principales antecedentes  históricos del cigarro Cavour, un producto oriundo de Italia que saltó a la fama en la segunda  mitad del siglo XIX  hasta situarse como líder de ventas entre sus pares de igual origen, superando incluso al mismísimo protagonista de este blog. Ese predominio llegó a su fin en las postrimerías del decenio 1880,  pero la historia de tan singular y olvidado  artículo  merecía, de todos  modos,  una evocación.  Al respecto, también hablamos del nutrido comercio importador  y  de la no menos destacada manufactura nacional. Veamos como ejemplo lo que decía un fragmento de cierta publicidad  de la afamada cigarrería “El Día” (1) difundida en  “Caras y Caretas”  del  año  1901.  Vale aclarar que la frase incluye numerosas denominaciones de cigarros puros, cigarrillos y tabacos propias de la época: “de todo hay en El Día: brissago, habano, francés, alemán, Bahía, americano, Cavour, toscano, Garibaldi, Las Pampas, Carnaval, Irma, Baldissera, Rivadavia, damitas, aristos, Hilda, jazmines,  panetela,  Petit Bouquet,  cigarrillos  El Día números 1, 2 y 3,  Revolución, Emperador, Mensajero y Teatro. ¿Qué más podéis apetecer? ¿Qué más puede desear vuestra insaciable ambición? Con  las  marcas  citadas  y  otras  que omito,  no sólo conseguiréis salvaros de los profundos, sino que además el olor del tabaco hará que no se os apolille la ropa…”


Semejante popularidad fue perdiendo vigencia hasta desaparecer de nuestro mercado a comienzos de los años treinta, mientras que en su país natal pasó por un lento proceso de agonía que culminó en 1984, cuando el artículo fue discontinuado. Actualmente no hay manera de fumar un Cavour legítimo, pero existe la posibilidad de recurrir a un cigarro con cierta semejanza   organoléptica.    Y    ese    cigarro, precisamente,   es  el   caliqueño,    puro   de características artesanales muy típico del levante español, en especial de las tres áreas que componen la Comunidad Valenciana: Valencia, Alicante y Castellón.  El  tabaco utilizado allí es del tipo Burley, que cultiva en la misma zona, pero lo importante (y que lo acerca al viejo Cavour) reside en ciertas particularidades de su manufactura. Al igual que el Cavour, el Caliqueño pierde toda  la humedad mediante un estacionamiento en hornos especiales que lo vuelve seco y consistente al tacto (2). Su formato también se asemeja gracias al  porte cilíndrico, definido,  recto  (eventualmente “combado” por la propia característica manual de la confección), similar a los antiguos -y escasos- testimonios gráficos del modelo italiano. En definitiva, hablamos de un cigarro europeo,  elaborado con una materia prima bastante comparable, curado al calor y de idéntica conformación visual. Tales similitudes nos llevaron a realizar una degustación analítica, con el propósito histórico de sondear lo más parecido al pretérito cigarro que nos interesa en esta entrada, al menos entre las limitadas opciones disponibles en nuestros días.

















Enrique Devito, el amigo que siempre nos acompaña para estas ocasiones,  fue  quien  compartió  la  experiencia tabaquística llevada a cabo en casa de Augusto Foix, que se encargó de las fotos. Los ejemplares elegidos corresponden a la marca Canaleños, de la Compañía de Tabacos de La Canal  de Navarrés.   No hubo dificultad alguna con el encendido, al que siguió un buen tiraje, regular y constante durante toda la fumada. De inmediato empezaron a surgir esas notas siempre asociadas con los buenos cigarros que pasan por un proceso de deshidratación forzado: maderas nobles, minerales y cierto picor gustativo, dentro de valores de cuerpo medio que se acentuaron ligeramente hacia el final. La ceniza tuvo una buena consistencia, lo que habla de una correcta confección y terminación. No quedaron dudas sobre la calidad de lo probado y sobre su manufactura impecable,  resultado de una artesanía centenaria difundida en muchas partes de Europa.


Así culminamos nuestra cata, satisfechos de haber experimentado los efluvios de un cigarro diferente a todos los módulos y tipos que suelen circular dentro del género, pero dotado de ciertos acentos que nos acercaron, por un bueno rato, a lo que supo ser el Cavour en los días en que era fumado por millones de habitantes del territorio argentino.

Notas:

(1) Hacia 1900, la cigarrería y fábrica de tabacos El Día se situaba en el Paseo de Julio 674 (actual Leandro N. Alem) y era propiedad de Francisco Bernárdez. Por esa ubicación céntrica tuvo una notoriedad  muy grande entre los fumadores de su tiempo. En 1911 pasó a manos de una empresa de mayor envergadura, y posteriormente fue adquirida por la firma Piccardo.


(2) El Cavour de antaño se secaba a fuego de leña. Para el caliqueño se utilizan hornos eléctricos.   Por eso no hallamos rasgos ahumados que seguramente sí tenían los especímenes italianos del ayer, y que aún conservan los toscanos auténticos gracias al “curato a fuoco di legno” efectuado con las especies roble y haya.