miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sondeando el "vero toscano" del 1900

Hasta mediados del siglo XX, el auténtico toscano italiano estaba representado por un único modelo de cigarro. Es decir que su simple mención hacía referencia inequívoca a un producto muy definido, sin segmentos diferenciales de calidad o precio. Pero a partir de la década de 1950, ese antiguo carácter solitario comenzó a modificarse mediante la paulatina aparición  de nuevos módulos con variadas singularidades de elaboración y jerarquías de valor.   Así, la palabra “toscano” pasó a definir un artículo genérico con ciertas características emblemáticas, pero segmentado conforme a toda una gama que se fue volviendo más compleja con el correr de los años.   Hoy existe una veintena de toscanos italianos diferentes  (1), aunque muchos de ellos no pasan de ser ediciones especiales que permanecen a la venta por algunos años. No obstante, los escaños básicos reconocidos son Toscano Clásico, Toscano Extra Vecchio, Antico Toscano, Toscano Garibaldi, Toscano Antica Riserva y Toscano Originale.


Desde luego que la intención de este blog no es analizar el presente toscanero de la península itálica (para ello hay muchos sitios en internet),   sino sondear el pasado del cigarro puro más fumado en la Argentina de antaño.   En ese orden de cosas  -y teniendo en cuenta que el auténtico cigarro de Italia se consumía en nuestro territorio desde la década de 1860 (2)-  siempre nos preguntamos cómo serían aquellos prototipos en cuanto a aroma y sabor. Así fue que, en ocasión de un viaje realizado  hace un par de años, tuve la oportunidad de charlar con dos aficionados italianos conocedores del tema.  Uno de ellos,  consultado sobre cuál es el toscano actual más parecido al toscano histórico,  no titubeó en dar una respuesta categórica:  el Toscano Originale.  Esa afirmación tiene mucho sentido si nos atenemos al nombre mismo del producto: “originale”, es decir, original. Pero se trata, en principio, de una simple denominación marcaria, no necesariamente relacionada con el puro  histórico de nuestro interés. ¿O sí? ¿Será, después de todo, el más parecido a  los toscanos de hace cien o ciento veinte años? Sólo había una manera de estar seguros: mediante una degustación.


La afortunada conducta que seguí durante varios años,   consistente en comprar toscanos genuinos cada vez que pude viajar a Europa por motivos laborales, permitió que encontrara varios ejemplares del Originale entre mis existencias tabacaleras. Para la ocasión de marras no dudé en convocar al aficionado toscanero más experimentado del país, quien frecuentemente nos acompaña en todas las catas de tabacos y bebidas que realizamos en Consumos del Ayer: Enrique Devito. Fue él quien tuvo la feliz idea de encontrarnos en un conocido bar  frente a la Plaza San Martín durante las últimas horas de una inusualmente templada tarde de Septiembre. Cómodamente ubicados en el sector de la vereda y acompañados por una buena cerveza negra, nos embarcamos en esta  búsqueda sensorial de los aromas y sabores que experimentaban los fumadores de toscanos importados en la Argentina de fines del  XIX y comienzos del XX. Pero antes de volcar aquí nuestras impresiones, digamos sobre este buen  Originale que es un cigarro de alta gama hecho íntegramente a mano con tabaco Kentucky 100% norteamericano (3). Una vez confeccionado, se lo estaciona por 12 meses antes de su salida a la venta.


Luego  de  un  corte  y  encendido  impecables,  comenzamos  a  apreciar  algo verdaderamente singular. A diferencia de otros tipos de toscanos, siempre potentes y corpóreos al extremo,   no revelaban de manera tan vehemente los típicos efluvios ahumados de su elaboración (el tabaco Kentucky es curado a fuego de leña), sino que ofrecían un carácter mucho más elegante, de silueta mineral, que nos recordaba a los viejos toscanos nacionales fumados en otras degustaciones anteriores. El sabor se manifestaba asimismo delicado, nada cálido ni “picante”, en sintonía con la percepción olfativa. En otras palabras: estábamos frente a un puro de muy alta calidad, envolvente pero equilibrado, bien  representativo de la mejor tradición histórica en la materia. Así fue desde la primera pitada hasta el final. Después de todo, aquel conocedor italiano estaba en lo cierto: el Originale es lo más parecido que existe en nuestros días al antiguo toscano de la península.



















Así concluimos esta cata especial, con la satisfacción de haber experimentado algo muy similar a lo que fumaron tantos inmigrantes arribados en los viejos tiempos. Un aroma, seguramente,  parecido al que pobló  bares, cafés y fondas de Buenos Aires desde 1880 hasta 1940, entre comidas, charlas y partidos de naipes.

Notas:

(1) Además de los mencionados, podemos señalar los siguientes: Toscano Originale Milenium (hecho especialmente para la llegada del año 2000), Toscano Originale Selected, Toscano Originale 150 (lanzado en 2011 por los 150 años de la unificación italiana), Toscano 1492 y Toscano Soldati (en homenaje al escritor Mario Soldati). También hay un grupo de aromatizados (anís, café, grappa y chocolate amargo) y otro de presentaciones en formato amezzato, es decir medios toscanos: Toscanello, Toscanello Speciale y Garibaldi Amezzato.


(2) Por ahora, esa es una teoría de la que no he podido obtener pruebas incontrovertibles, aunque estoy casi seguro de ello y sigo buscando indicios al respecto. Hasta el día de hoy sólo tengo una certidumbre concreta y documentada sobre la importación de cigarros italianos a partir de 1885. 
(3) Ya lo dijimos en alguna oportunidad anterior: la industria peninsular  recurrió siempre al tabaco de Norteamérica, y sólo ocasionalmente al cultivado en su propio territorio. Hoy, en los toscanos más caros (del Antico para arriba) se utiliza materia prima de USA, y tabaco italiano para los modelos más económicos. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Sombras del pasado

La unificación italiana en 1861 tuvo, como todo proceso de estado fundacional, una primera etapa de ordenamiento político y administrativo. La economía, por ejemplo, se encontraba completamente fragmentada según los diversos estados preexistentes (1). En ese contexto, la industria del tabaco era una de las más desarrolladas,  aunque su fuerza estaba desperdigada por todo el territorio. Para ese entonces, catorce manufacturas funcionaban simultáneamente en Torino, Sestri Ponente, Cagliari, Milano, Firenze, Lucca, Massa, Parma, Modena, Bologna, Chiaravalle, Napoli, Cava dei Tirreni Lecce. La actividad fue rápidamente monopolizada por el estado mediante el sistema del estanco, por lo que todas ellas pasaron a formar parte integrante de su órbita de control. Muchas subsistieron en su ubicación original hasta bien entrado el siglo XX, pero lentamente fueron sufriendo un progresivo proceso de cierre y abandono motivado por la debacle de la industria tabacalera, hasta que las operaciones se concentraron en las dos únicas plantas habilitadas en nuestros días: Lucca y Cava dei Tirreni.


Por estas latitudes, mientras tanto, los años posteriores al 1900 fueron testigos del nacimiento de la más importante fábrica de toscanos de la historia nacional: Avanti, del barrio de Villa Urquiza (2). En 1928, otra firma de gran envergadura vino a competir de la mano del propio gobierno de Italia:  la SATI (Societá Anónima del Tabacchi Italiani) (3), que hacia 1933 inauguró una enorme factoría en José Pedro Varela 5451, por el barrio porteño de Villa Real. Ahora bien, ¿qué fue de aquellas viejas fábricas de toscanos (al menos, de sus edificios), tanto en Italia como en Argentina? Los vestigios actuales hablan de muy diferente suerte. A continuación,  observemos el estado de los inmuebles italianos correspondientes a las ex manufacturas de Módena y Torino, respectivamente.



Es fácil apreciar que, aunque las edificaciones ya no son pertinentes a su antiguo uso, han sido conservadas para otros propósitos,   pero manteniendo puntillosamente sus estructuras y detalles arquitectónicos. Nada de eso ocurrió aquí, desde luego. Si acaso nos damos una vuelta por la manzana donde otrora se alzaba la gran fábrica Avanti, delimitada por las calles Roosevelt (antes Guanacache), Burela, Ceretti y Cullen, (cuya estampa podemos apreciar al principio de este párrafo en una vieja foto aérea de 1927), sólo encontraremos un predio en el que se alzan  varias torres en block, construidas hacia fines de la década de 1960 por el Banco Hipotecario Nacional. Recordemos que la Compañía Introductora de Buenos Aires desafectó su planta toscanera porteña en 1958, para concentrar todas sus operaciones en Posadas, Misiones, hasta que finalmente abandonó el negocio del tabaco en 1971.


Lo lógico sería pensar que la buena fortuna de las construcciones peninsulares se debe a su carácter estatal,   pero la realidad es que los dos casos presentados en esta entrada (a título de ejemplo, ya que hay otros) han sido oportunamente transferidos y tienen hoy un destino completamente ajeno al gobierno de Italia: la sede de una empresa privada, en un caso, y un conjunto de viviendas tipo loft, en el otro. Volviendo a nuestra Buenos Aires, si nos movemos unas treinta cuadras hacia el oeste-sudoeste, arribamos a la manzana de José Pedro Varela, Virgilio, Ramón Lista y Moliere, en la que otrora se erguía orgullosa la SATI. Y el resultado  es todavía más penoso y desconsolador, ya que allí se aprecia un predio insólitamente baldío (4), donde sólo subsiste un pedazo semi demolido sobre la esquina de José Pero Varela y Virgilio. Vale aclarar que la historia de la SATI como empresa vinculada al estado italiano culminó entre 1956 y 1958, perdurando luego algunos años en manos de otra razón social formada por sus antiguos trabajadores. Más tarde fue la sede de cierta empresa de productos químicos, hasta que un violento incendio ocurrido en 1996 acabó con lo poco que quedaba de sus ladrillos primigenios.



Todavía se producen toscanos en Italia y en Argentina, si bien nada es igual en ninguno de los dos países. Y eso no es malo, puesto que  se trata de las modificaciones lógicas que ocurren en el mundo a través del tiempo. Pero también, si Einstein tenía razón, volver al pasado no es del todo imposible. Y mucho menos a través de nuestra mente, como dice una bella frase del cine: todos tenemos nuestra propia máquina del tiempo: los viajes al pasado se llaman recuerdos, y los viajes al futuro se llaman sueños.

Notas:

(1) Ellos eran el Reino de Cerdeña (que abarcaba Cerdeña y Piamonte), el Reino de las Dos Sicilias, el Reino de Lombardía y Venecia, los Estados de la Iglesia y los Ducados de Parma, Modena y Toscana.
(2) La historia de esta marca fue analizada en el blog Consumos del Ayer en dos entradas:
También hicimos una degustación de antiguos ejemplares fechados en la década de 1950:
(3) La historia de esta marca fue analizada en el blog Consumos del ayer en dos entradas:
También hicimos una degustación de antiguos ejemplares fechados en la década de 1940:
(4) Las fotos actuales de los predios Avanti y SATI fueron sacadas muy recientemente, en Agosto de 2013. En el segundo caso pude ver un puñado de vehículos y algunas maquinarias trabajando con la identificación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Una obra? Tal vez, pero todavía no parece haber suficientes indicios como para aseverarlo.

miércoles, 17 de julio de 2013

Una nota sobre la industria toscanera nacional en 1942

Aunque el toscano ya no era una “moda” como a principios del siglo XX, el primer quinquenio de la década de 1940 bien puede ser señalado como su etapa de mayor  expansión en términos de volumen. Con un amplio porcentaje del mercado en manos de las fábricas Avanti y Regia Italiana, el cigarro de estilo italiano por excelencia se encontraba en boca de millones de habitantes del país. La mayor parte de la manufactura nacional empleaba tabacos cultivados en las provincias del NEA, especialmente Criollo y Kentucky de Misiones, si bien existía una pequeña importación de materia prima norteamericana. La importancia de esta rama singular del quehacer tabacalero quedó registrada en una nota publicada por la revista MAN (iniciales del Ministerio de Agricultura de la Nación), que le dedicó cuatro amplias páginas en su edición Noviembre-Diciembre del año 1942.


La nota de referencia no es técnica ni detallada en cifras sino más bien visual y fotográfica, con un pequeño texto genérico cuyo valor histórico, no obstante, es digno de ser destacado. Tal vez pocas personas tengan hoy alguna idea sobre la envergadura de la producción toscanera de entonces. El texto comienza señalando que otra de las industrias que se ha colocado entre las principales del país por la perfección y el volumen de su producción es la de los cigarros del tipo conocido con el nombre de “toscanos”. Fábricas montadas con los más modernos elementos técnicos, utilizando el acreditado tabaco nacional, y aprovechando también la maestría adquirida por la mano de obra netamente argentina, elaboran mensualmente alrededor de 20 millones de unidades de estos excelentes cigarros, entre los que se incluyen los clasificados como “medios toscanos", que se expenden en el comercio en paquetes de cinco unidades.



















Luego continúa: estas importantes manufacturas dan trabajo a gran número de obreros, especializados en su mayor parte, pues la confección de los cigarros es puramente manual, oficio que exige además de la destreza una larga experiencia en la selección de los tabacos, para acertar con el gusto del consumidor y mantener inalterable la calidad del producto. Puede servir de índice de referencia para calcular el número total de obreros tabacaleros que trabajan en las diversas fábricas existentes en la Capital Federal e interior del país, el saber que sólo en el establecimiento donde se tomaron las fotografías que ilustran la nota se ocupa a más de mil personas de ambos sexos (1).















Para finalizar, el artículo destaca que la producción argentina de este ramo de los cigarros del tipo toscano abastece en la actualidad las necesidades del mercado interno, y el excedente es exportado al Uruguay, Perú y Chile. Sin dudas, un notable testimonio del período dorado en la historia del cigarro puro que nos ocupa en este blog. Muy pronto presentaremos más documentos reveladores sobre el pasado toscanero argentino en sus mejores épocas de gloria.

Notas:

(1) Esa cifra, unida a otros datos textuales y a ciertos detalles en las fotos, lleva a pensar que la fábrica en cuestión no es otra que Avanti, la más importante de ese entonces.

domingo, 7 de julio de 2013

Importación de toscanos italianos entre 1888 y 1911

Aunque no disponemos aún de una fecha precisa, sabemos que la fabricación nacional del ramo toscanero se inició entre  1875  y  1881  de  la  mano  de  Don  Juan  Otero, propietario de la mítica fábrica La Argentina, del barrio de Barracas. También creemos que la importación de cigarros italianos es anterior a  esa  fecha,  y  que probablemente se remonta a mediados del decenio de 1860. Pero  lo  que  es  seguro  es  que  los principales puros itálicos (Cavour, Brissago y Toscano) ya llegaban con  regularidad y buena repercusión a mediados de la década de 1880.  En su trabajo  Aroma d'Italia. Emigrazione italiana  e Monopolio dei tabacchi fino alla Grande Guerra (1) el profesor Luca Garbini ofrece algunas cifras bastante reveladoras durante el período 1888-1911, que me permitieron elaborar un cuadro sobre los números concretos del toscano discriminados del resto de los cigarros (2).


Los guarismos presentados en la monografía sólo exponen exportaciones totales separadas en cuatro tipos de productos, entre los que se cuentan Tabacchi da fiuto, Trinciati, Sigari y Sigaretti. El grupo que nos interesa,  es  decir  sigari,  puede  ser desmenuzado de acuerdo con algunas aclaraciones que el autor expresa de manera  muy precisa:  el  80% de las exportaciones italianas de cigarros estaban destinadas a    la Argentina. Luego, de ese total, el 85% corresponde a toscanos.   Las  cifras  están expresadas en kilogramos, lo cual debe ser multiplicado por 200, que es la cantidad de cigarros que se pueden confeccionar con un kilo de tabaco (siempre de acuerdo con Garbini, que a su vez toma todo eso de los viejos balances del Monopolio di Stato) (3). Los ejercicios abarcan  el segundo semestre de un año y el primero del otro. Así, tenemos las siguientes cantidades:

1888-1889                   24.400.000
1889-1890                   23.900.000
1890-1891                   21.000.000
1891-1892                     4.100.000
1892-1893                   13.200.000
1893-1894                   14.000.000
1894-1895                   25.500.000
1895-1896                   32.500.000
1896-1897                   38.000.000
1897-1898                   30.200.000   
1898-1899                   38.500.000
1899-1900                   47.200.000
1900-1901                   39.700.000
1901-1902                   49.100.000
1902-1903                   49.400.000
1903-1904                   24.800.000
1904-1905                   34.200.000
1905-1906                   52.900.000
1906-1907                   52.900.000
1907-1908                   68.100.000
1908-1909                   89.500.000
1909-1910                   91.700.000
1910-1911                   87.500.000 

En líneas generales, se puede decir que durante todo el período señalado fueron aumentando a la par de la llegada de inmigrantes peninsulares, pero resulta muy interesante analizar ciertos derrumbes bastante fuertes que se producen en 1891/92  y 1903/04. Según el propio Profesor Garbini,  el primero tiene que ver con la crisis económica que se produjo en nuestro país en 1890, cuyas secuelas se  sintieron  hasta  mediados  de  la  década  (lo  cual  queda perfectamente reflejado en los números correspondientes). La caída de 1903, en cambio, está relacionada con el vencimiento y la no renovación del contrato celebrado en diciembre de 1897 con la casa importadora W Paats, Roche y Cía por cinco años para la introducción de los toscanos en nuestro país.  Teniendo  en  cuenta  que  ese  vencimiento se hizo efectivo en diciembre de 1902, y  que  el  siguiente  introductor (Roberto De Sanna) fue designado recién en 1904, queda muy claro que el motivo de la merma en las ventas tuvo un origen netamente comercial. Es muy posible que durante todo ese período anual sólo se hayan vendido los remanentes de stock, a falta de un importador efectivo.


Los tiempos del centenario argentino coincidieron con el auge toscanero nacional, que se mantuvo vigente por casi treinta años merced a la fabricación vernácula (principalmente)  y a una importación  sostenida con altibajos hasta 1958, cuando la Regia Italiana se retiró de nuestro país. Luego siguió un lapso de más de 30 años sin cigarros italianos genuinos en las cigarrerías patrias. En  los años noventa del siglo pasado hubo un efímero retorno, cuando el “uno a uno” motivó que un importador volviera a traerlos hacia estas tierras. Pero eso también se terminó en diciembre de 2001, como todos sabemos. Hoy por hoy, para conseguir un vero toscano, hay que pasar por Europa.

Notas:

(1) Nuevamente pongo a disposición de los interesados el link al escrito en cuestión, en su idioma original. http://www.storiamarche900.it/uploads/File/Garbini%20n.34.pdf
(2) Garbini ofrece estadísticas desde el ejercicio 1884/1885, pero preferí omitir los primeros años puesto que no estoy seguro de que el toscano representara el mayor porcentaje de las ventas argentinas por ese entonces.  Muchos indicios (que espero confirmar con certeza en el futuro) me indican que el Cavour gozó de un consumo igual o incluso mayor que el toscano hasta finales de la década del 80.


(3) Si algún día llego a disponer del tiempo, los recursos y los contactos necesarios, tengo  pensado  hacer  un  viaje  a  Italia  para  investigar  los  viejos  archivos del Monopolio. Allí voy a encontrar  muchas de las respuestas a las preguntas que tanto nos hacemos en este blog, y ello será de manera clara, oficial e inequívoca. Por ejemplo, cuándo fue exactamente la primera exportación italiana de toscanos hacia la Argentina.

domingo, 16 de junio de 2013

Junio: degustando añejos ejemplares y buscando antiguas fábricas

El hecho de incluir una sola entrada en todo el mes de Junio no supone el abandono de la temática aquí plasmada, sino exactamente lo contrario. Seguimos trabajando más que nunca en la búsqueda de las claves que hicieron a la historia del toscano en Argentina, recogiendo testimonios, analizando antiguos datos olvidados y probando algún que otro viejo cigarro providencialmente arribado a nuestras anhelantes manos. En ese orden de cosas, acabamos de subir una entrada en Consumos del Ayer que involucra la cata de unos viejos y curiosos prototipos de la célebre marca Génova, perteneciente a la antigua fábrica rosarina de Fernández y Sust que se ubicaba en  la calle Felipe Moré 929. Durante esa degustación pudimos apreciar su perfil aromático añoso y penetrante, que tanto nos  recuerda el aroma de los viejos bares argentinos a los que pasamos los cuarenta y estuvimos allí en algún momento de nuestra niñez.


También logramos añadir  nombres y responder  interrogantes en la lista de fabricantes argentinos que nos proponemos completar a medida que vayamos realizando los descubrimientos correspondientes. Ahora, por ejemplo, sabemos algo sobre dos viejos establecimientos que elaboraban toscanos en  las primeras épocas de la manufactura local, a fines del siglo XIX: La Buenos Aires, de Salvador León, y Miguel Campins, ubicada en  San Miguel de Tucumán. De esta última encontramos además algunas publicidades que mencionan  su local sito en la calle Mendoza de aquella ciudad (1).


No nos quedamos allí, ya que hicimos varias correcciones a los datos de la lista anterior: el socio de Carlos Galina en la casa La Honradez, de la ciudad entrerriana de Colón, no era Hermino Quirós sino Eduardo Torreri. Asimismo resolvimos el interrogante de una marca misteriosa y poco conocida: Ottone, cuyos módulos eran fabricados nada más y nada menos que por Luchador, el establecimiento de la familia Zenobi al que nos referimos en la entrada anterior. Y ya que estábamos, incluimos a éste y a Firpo y César en nuestro listado.


No obstante, la labor investigativa que perseguimos todavía ni se acerca a algo que pueda definirse como culminación exitosa. Un cálculo muy prudente nos dice que debieron existir no menos de un centenar de manufacturas dedicadas al toscano en Argentina, desde 1870 hasta 1970. El propio Heraldo Zenobi, de la fábrica Luchador, me aseguró que a fines de la década de1940 (cuando el auge toscanero ya comenzaba a aplacarse) existían unos 14 establecimientos dedicados a la elaboración de nuestro interés, y sólo en la ciudad de Buenos Aires. Así que, como se ve, tenemos trabajo para rato. Pero es un trabajo placentero, que nos lleva al pasado de ese puro con espíritu italiano que tanto nos gusta.

Notas:

(1) Las dos publicidades indican diferentes numeraciones en la misma calle. No tengo la certeza absoluta, pero es casi seguro que se trate del mismo lugar, antes y después del cambio que se realizó entre 1892 y 1893 en muchas ciudades del país, cuando la nomenclatura numérica pasó de números acumulativos a números asignados por ubicación y de a cien por cuadra.


jueves, 23 de mayo de 2013

Los toscanos "Luchador": casi un siglo de producción artesanal y familiar

Suele ser frecuente que las cosas importantes pasen desapercibidas a los ojos de la mayoría de la gente. Eso también sucede dentro del ámbito que nos convoca en este blog, es decir, el de la historia del cigarro toscano en Argentina. Y así pasa que una fábrica del ramo con más de 90 años de existencia ininterrumpida, en manos de la misma familia fundadora y única en la actualidad que manufactura sus productos de manera manual sea, de hecho, muy poco conocida. Por eso, bien vale una entrada para referirnos al establecimiento de la familia Zenobi, productor desde 1920 de los toscanos “Luchador”. La cronología familiar comienza a principios del siglo XX, cuando los hermanos Constantino y Juan Zenobi llegaron desde la Italia natal (Iesi, en Ancona). Su conocimiento del ramo tabacalero les facilitó el ingreso a la entonces naciente fábrica Avanti de Villa Urquiza, hasta que los despidos masivos  producidos por una gran huelga a fines de la década de 1910 los dejó nuevamente sin ocupación fija. Tal situación hizo que se lanzaran a la fabricación de cigarros toscanos en una vivienda del barrio de Villa Pueyrredón. Con los años, cada uno alcanzó a tener su propio taller en fincas lindantes: mientras Constantino avanzaba con su manufactura Luchador, en la calle Griveo 2370, Juan hacía lo propio con Firpo y César, en Griveo 2378.   Este último cesó sus actividades alrededor del año 1950, mientras que los descendientes de Constantino permanecieron en la actividad hasta nuestros días.


Al fundador de la saga le siguieron Nelio, Heraldo y Pablo, que componen cuatro generaciones de cigarreros y marcan un récord en la historia tabacalera nacional. De la mano de Heraldo Zenobi recorrimos el establecimiento mientras charlábamos sobre el pasado toscanero argentino. Bien recuerda él los tiempos en que los Luchador se confeccionaban con tabaco 100% Kentucky importado de los Estados Unidos. Como testimonio de aquello aún pervive una vieja barrica de madera en la que llegaba la mercadería desde ese país, así como la sala que hace las veces de gran horno y que continúa en servicio con un potente calefactor a gas. En sus buenas épocas, esa tarea se llevaba a cabo con leña, lo que le daba a los cigarros el característico aroma y sabor ahumado tan apreciado por los viejos fumadores.


No obstante, los Zenobi siguen aferrados a un concepto de calidad que no se negocia, pero con la lógica adaptación al gusto moderno, cada vez menos inclinado por los sabores intensos de antaño (1). Hoy en día la fábrica utiliza exclusivamente tabaco Burley de Tucumán, convertido en buenos cigarros a través de un grupo de torcedoras que produce, en conjunto, unos 2500 toscanos diarios (2). Luego de la confección  artesanal y el secado en la antigua cámara de ladrillos, los puros de impronta italiana son envasados y despachados al mercado. Luchador es una de las dos  marcas de cigarros toscanos que quedan en el país, y la única, repito, que  los hace a mano. Sin olvidar, claro está, su presencia de más de 90 años en las estanterías de los kioscos y comercios especializados.


Así concluye nuestra reseña de un establecimiento que no tiene parangón en el pasado de la industria argentina, por continuidad y perseverancia. Afortunadamente, el recambio generacional de la familia Zenobi está bien asegurado, así que tendremos toscanos “Luchador” por muchos años más.

Notas:

(1) Puede sonar como un fundamentalismo, pero la opinión del autor de este blog es que ya casi no quedan fumadores de toscanos en el sentido original del concepto, capaces de apreciar aquel gusto fuerte y profundo. Lo que hoy existe es una nueva generación de fumadores de puros que aprecian al toscano como lo que precisamente  no es: un cigarro relativamente suave.
(2) La fábrica también elabora cigarros del tipo habano y tabaco para pipa.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Manufacturas pioneras del toscano nacional: La Virginia, de Donato Didiego

La fabricación local de cigarros del tipo italiano, iniciada a mediados de la década de 1870, comenzó a ganar terreno de manera lenta pero progresiva en el espíritu de los industriales tabacaleros. El crecimiento de la masa inmigratoria de origen peninsular fue, seguramente, el factor determinante para el gran desarrollo experimentado en el consumo de ese tipo de productos. Así lo entendieron algunos precursores de la actividad, como el reconocido industrial Donato Didiego, que fundó su manufactura La Virginia en 1883. Por ahora, esa fecha nos dice que se trata de la segunda casa especializada en las llamadas “imitaciones” de los artículos de nuestro interés que existió en el país. Ello incluía no sólo a los toscanos, sino también a otros módulos tradicionales como los brisagos y los cavour. La edición 1895 de la Guía descriptiva de los principales establecimientos industriales de la República Argentina ofrece una completa reseña sobre las características del negocio.


Dicha descripción comienza brindándonos una importante data acerca del origen cronológico de la firma, ya que señala su fundación “de 12 años a esta parte”. Luego comienza a enumerar las diferentes dependencias del amplio local (22 metros de frente por 85 de fondo) citando algunas de las más comunes a cualquier establecimiento del ramo: clasificación, expedición, carpintería (donde se armaban las cajas para los puros), depósitos, etcétera. Nos detendremos entonces en cierto sector de la planta señalado como un espacioso salón en el que numerosos operarios se están ocupando en la confección de cigarros de la paja y cavours (1), que forman la especialidad de La Virginia, conquistándole merecidos créditos gracias a su exquisita elaboración. El relato técnico se enfoca después en algunas maquinarias, como las mezcladoras de tabaco, picadoras, tostadoras y el secador automático “de nueve metros de longitud”, todas ellas movidas por un motor de diez caballos de fuerza. Particularmente interesante es la mención de la cámara a fuego directo para el secado de los cigarros de estilo italiano.


Pero hay un detalle que no podemos pasar por alto: en 1895, año de edición de la guía, los dueños de la empresa son los Cónyuges Brambilla, tal cual consta en el texto descriptivo y en un espacio de publicidad adjunto. Sabemos que el fundador de la casa fue don Donato Didiego, gracias a muchos  muchos documentos de la época y a otras publicidades de principios del decenio  de  1890 (2).  Entonces,  ¿cuándo  se  realizó  la transferencia del comercio? Hubiera sido imposible saberlo con certeza si no fuera por aquel pleito entre W Paats, Roche & Cía y “La Suiza”, que analizamos en una entrada de Consumos del Ayer el 3/12/2012. En esa oportunidad  no lo mencionamos porque no venía al caso, pero el escrito en cuestión también involucra a Didiego y a los Brambilla como testigos de la causa. Sin entrar otra vez en los vericuetos legales de referencia, digamos simplemente que  el texto judicial ofrece una respuesta por partida doble: don Donato Didiego transfirió todas sus marcas a los Cónyugues Brambilla en diciembre de 1894, y éstos liquidaron definitivamente La Virginia en el mismo mes de 1898, o sea que sólo la dirigieron por cuatro años (3). Tenemos ahora la certidumbre sobre la fundación y el cierre de  una antigua y prestigiosa manufactura de cigarros, cuya vida se desarrolló desde 1883 hasta 1898, así como los nombres de quienes dirigieron su destino en ese período.


En dos entradas conocimos a  La Argentina y La Virginia, probablemente las dos primeras fábricas de toscanos emplazadas en el territorio nacional, que iniciaron la saga productiva del cigarro más popular de nuestro país a lo largo de su historia.

Notas:

(1) Ya son varios los testimonios de fines del siglo XIX en los que resulta  frecuente la mención del Cavour y el Brisago (o “de la paja”) en detrimento del toscano, a pesar de que en esa época se vendía y fumaba mucho más este último. Tal vez (sólo es una teoría), se debe a que el toscano era un cigarro asociado a los sectores de bajos recursos del centro y el sur de Italia, en contraposición con sus distinguidos competidores del Piamonte (Cavour) y el Trentino (Brisago).
(2) En diferentes documentos aparece como De Diego o como Didiego. Creo más en la segunda opción por ser el apellido plasmado en las fojas del juicio. Imagino que, como testigo del mismo, Didiego habrá tenido que presentar allí algún tipo de documentación que acreditara su identidad.
(3) ¿Cuál pudo haber sido el motivo del cierre? Difícil saberlo a ciencia cierta, por ahora, pero es bien factible que haya sido una de las tantas fábricas de cigarros puros que vieron  fuertemente comprometida su rentabilidad luego de la entrada en vigencia de los impuestos internos, en 1895. A eso debe sumársele una dura crisis en las plantaciones de tabaco ese mismo año y la creciente presión de los artículos similares importados.