domingo, 16 de junio de 2013

Junio: degustando añejos ejemplares y buscando antiguas fábricas

El hecho de incluir una sola entrada en todo el mes de Junio no supone el abandono de la temática aquí plasmada, sino exactamente lo contrario. Seguimos trabajando más que nunca en la búsqueda de las claves que hicieron a la historia del toscano en Argentina, recogiendo testimonios, analizando antiguos datos olvidados y probando algún que otro viejo cigarro providencialmente arribado a nuestras anhelantes manos. En ese orden de cosas, acabamos de subir una entrada en Consumos del Ayer que involucra la cata de unos viejos y curiosos prototipos de la célebre marca Génova, perteneciente a la antigua fábrica rosarina de Fernández y Sust que se ubicaba en  la calle Felipe Moré 929. Durante esa degustación pudimos apreciar su perfil aromático añoso y penetrante, que tanto nos  recuerda el aroma de los viejos bares argentinos a los que pasamos los cuarenta y estuvimos allí en algún momento de nuestra niñez.


También logramos añadir  nombres y responder  interrogantes en la lista de fabricantes argentinos que nos proponemos completar a medida que vayamos realizando los descubrimientos correspondientes. Ahora, por ejemplo, sabemos algo sobre dos viejos establecimientos que elaboraban toscanos en  las primeras épocas de la manufactura local, a fines del siglo XIX: La Buenos Aires, de Salvador León, y Miguel Campins, ubicada en  San Miguel de Tucumán. De esta última encontramos además algunas publicidades que mencionan  su local sito en la calle Mendoza de aquella ciudad (1).


No nos quedamos allí, ya que hicimos varias correcciones a los datos de la lista anterior: el socio de Carlos Galina en la casa La Honradez, de la ciudad entrerriana de Colón, no era Hermino Quirós sino Eduardo Torreri. Asimismo resolvimos el interrogante de una marca misteriosa y poco conocida: Ottone, cuyos módulos eran fabricados nada más y nada menos que por Luchador, el establecimiento de la familia Zenobi al que nos referimos en la entrada anterior. Y ya que estábamos, incluimos a éste y a Firpo y César en nuestro listado.


No obstante, la labor investigativa que perseguimos todavía ni se acerca a algo que pueda definirse como culminación exitosa. Un cálculo muy prudente nos dice que debieron existir no menos de un centenar de manufacturas dedicadas al toscano en Argentina, desde 1870 hasta 1970. El propio Heraldo Zenobi, de la fábrica Luchador, me aseguró que a fines de la década de1940 (cuando el auge toscanero ya comenzaba a aplacarse) existían unos 14 establecimientos dedicados a la elaboración de nuestro interés, y sólo en la ciudad de Buenos Aires. Así que, como se ve, tenemos trabajo para rato. Pero es un trabajo placentero, que nos lleva al pasado de ese puro con espíritu italiano que tanto nos gusta.

Notas:

(1) Las dos publicidades indican diferentes numeraciones en la misma calle. No tengo la certeza absoluta, pero es casi seguro que se trate del mismo lugar, antes y después del cambio que se realizó entre 1892 y 1893 en muchas ciudades del país, cuando la nomenclatura numérica pasó de números acumulativos a números asignados por ubicación y de a cien por cuadra.


jueves, 23 de mayo de 2013

Los toscanos "Luchador": casi un siglo de producción artesanal y familiar

Suele ser frecuente que las cosas importantes pasen desapercibidas a los ojos de la mayoría de la gente. Eso también sucede dentro del ámbito que nos convoca en este blog, es decir, el de la historia del cigarro toscano en Argentina. Y así pasa que una fábrica del ramo con más de 90 años de existencia ininterrumpida, en manos de la misma familia fundadora y única en la actualidad que manufactura sus productos de manera manual sea, de hecho, muy poco conocida. Por eso, bien vale una entrada para referirnos al establecimiento de la familia Zenobi, productor desde 1920 de los toscanos “Luchador”. La cronología familiar comienza a principios del siglo XX, cuando los hermanos Constantino y Juan Zenobi llegaron desde la Italia natal (Iesi, en Ancona). Su conocimiento del ramo tabacalero les facilitó el ingreso a la entonces naciente fábrica Avanti de Villa Urquiza, hasta que los despidos masivos  producidos por una gran huelga a fines de la década de 1910 los dejó nuevamente sin ocupación fija. Tal situación hizo que se lanzaran a la fabricación de cigarros toscanos en una vivienda del barrio de Villa Pueyrredón. Con los años, cada uno alcanzó a tener su propio taller en fincas lindantes: mientras Constantino avanzaba con su manufactura Luchador, en la calle Griveo 2370, Juan hacía lo propio con Firpo y César, en Griveo 2378.   Este último cesó sus actividades alrededor del año 1950, mientras que los descendientes de Constantino permanecieron en la actividad hasta nuestros días.


Al fundador de la saga le siguieron Nelio, Heraldo y Pablo, que componen cuatro generaciones de cigarreros y marcan un récord en la historia tabacalera nacional. De la mano de Heraldo Zenobi recorrimos el establecimiento mientras charlábamos sobre el pasado toscanero argentino. Bien recuerda él los tiempos en que los Luchador se confeccionaban con tabaco 100% Kentucky importado de los Estados Unidos. Como testimonio de aquello aún pervive una vieja barrica de madera en la que llegaba la mercadería desde ese país, así como la sala que hace las veces de gran horno y que continúa en servicio con un potente calefactor a gas. En sus buenas épocas, esa tarea se llevaba a cabo con leña, lo que le daba a los cigarros el característico aroma y sabor ahumado tan apreciado por los viejos fumadores.


No obstante, los Zenobi siguen aferrados a un concepto de calidad que no se negocia, pero con la lógica adaptación al gusto moderno, cada vez menos inclinado por los sabores intensos de antaño (1). Hoy en día la fábrica utiliza exclusivamente tabaco Burley de Tucumán, convertido en buenos cigarros a través de un grupo de torcedoras que produce, en conjunto, unos 2500 toscanos diarios (2). Luego de la confección  artesanal y el secado en la antigua cámara de ladrillos, los puros de impronta italiana son envasados y despachados al mercado. Luchador es una de las dos  marcas de cigarros toscanos que quedan en el país, y la única, repito, que  los hace a mano. Sin olvidar, claro está, su presencia de más de 90 años en las estanterías de los kioscos y comercios especializados.


Así concluye nuestra reseña de un establecimiento que no tiene parangón en el pasado de la industria argentina, por continuidad y perseverancia. Afortunadamente, el recambio generacional de la familia Zenobi está bien asegurado, así que tendremos toscanos “Luchador” por muchos años más.

Notas:

(1) Puede sonar como un fundamentalismo, pero la opinión del autor de este blog es que ya casi no quedan fumadores de toscanos en el sentido original del concepto, capaces de apreciar aquel gusto fuerte y profundo. Lo que hoy existe es una nueva generación de fumadores de puros que aprecian al toscano como lo que precisamente  no es: un cigarro relativamente suave.
(2) La fábrica también elabora cigarros del tipo habano y tabaco para pipa.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Manufacturas pioneras del toscano nacional: La Virginia, de Donato Didiego

La fabricación local de cigarros del tipo italiano, iniciada a mediados de la década de 1870, comenzó a ganar terreno de manera lenta pero progresiva en el espíritu de los industriales tabacaleros. El crecimiento de la masa inmigratoria de origen peninsular fue, seguramente, el factor determinante para el gran desarrollo experimentado en el consumo de ese tipo de productos. Así lo entendieron algunos precursores de la actividad, como el reconocido industrial Donato Didiego, que fundó su manufactura La Virginia en 1883. Por ahora, esa fecha nos dice que se trata de la segunda casa especializada en las llamadas “imitaciones” de los artículos de nuestro interés que existió en el país. Ello incluía no sólo a los toscanos, sino también a otros módulos tradicionales como los brisagos y los cavour. La edición 1895 de la Guía descriptiva de los principales establecimientos industriales de la República Argentina ofrece una completa reseña sobre las características del negocio.


Dicha descripción comienza brindándonos una importante data acerca del origen cronológico de la firma, ya que señala su fundación “de 12 años a esta parte”. Luego comienza a enumerar las diferentes dependencias del amplio local (22 metros de frente por 85 de fondo) citando algunas de las más comunes a cualquier establecimiento del ramo: clasificación, expedición, carpintería (donde se armaban las cajas para los puros), depósitos, etcétera. Nos detendremos entonces en cierto sector de la planta señalado como un espacioso salón en el que numerosos operarios se están ocupando en la confección de cigarros de la paja y cavours (1), que forman la especialidad de La Virginia, conquistándole merecidos créditos gracias a su exquisita elaboración. El relato técnico se enfoca después en algunas maquinarias, como las mezcladoras de tabaco, picadoras, tostadoras y el secador automático “de nueve metros de longitud”, todas ellas movidas por un motor de diez caballos de fuerza. Particularmente interesante es la mención de la cámara a fuego directo para el secado de los cigarros de estilo italiano.


Pero hay un detalle que no podemos pasar por alto: en 1895, año de edición de la guía, los dueños de la empresa son los Cónyuges Brambilla, tal cual consta en el texto descriptivo y en un espacio de publicidad adjunto. Sabemos que el fundador de la casa fue don Donato Didiego, gracias a muchos  muchos documentos de la época y a otras publicidades de principios del decenio  de  1890 (2).  Entonces,  ¿cuándo  se  realizó  la transferencia del comercio? Hubiera sido imposible saberlo con certeza si no fuera por aquel pleito entre W Paats, Roche & Cía y “La Suiza”, que analizamos en una entrada de Consumos del Ayer el 3/12/2012. En esa oportunidad  no lo mencionamos porque no venía al caso, pero el escrito en cuestión también involucra a Didiego y a los Brambilla como testigos de la causa. Sin entrar otra vez en los vericuetos legales de referencia, digamos simplemente que  el texto judicial ofrece una respuesta por partida doble: don Donato Didiego transfirió todas sus marcas a los Cónyugues Brambilla en diciembre de 1894, y éstos liquidaron definitivamente La Virginia en el mismo mes de 1898, o sea que sólo la dirigieron por cuatro años (3). Tenemos ahora la certidumbre sobre la fundación y el cierre de  una antigua y prestigiosa manufactura de cigarros, cuya vida se desarrolló desde 1883 hasta 1898, así como los nombres de quienes dirigieron su destino en ese período.


En dos entradas conocimos a  La Argentina y La Virginia, probablemente las dos primeras fábricas de toscanos emplazadas en el territorio nacional, que iniciaron la saga productiva del cigarro más popular de nuestro país a lo largo de su historia.

Notas:

(1) Ya son varios los testimonios de fines del siglo XIX en los que resulta  frecuente la mención del Cavour y el Brisago (o “de la paja”) en detrimento del toscano, a pesar de que en esa época se vendía y fumaba mucho más este último. Tal vez (sólo es una teoría), se debe a que el toscano era un cigarro asociado a los sectores de bajos recursos del centro y el sur de Italia, en contraposición con sus distinguidos competidores del Piamonte (Cavour) y el Trentino (Brisago).
(2) En diferentes documentos aparece como De Diego o como Didiego. Creo más en la segunda opción por ser el apellido plasmado en las fojas del juicio. Imagino que, como testigo del mismo, Didiego habrá tenido que presentar allí algún tipo de documentación que acreditara su identidad.
(3) ¿Cuál pudo haber sido el motivo del cierre? Difícil saberlo a ciencia cierta, por ahora, pero es bien factible que haya sido una de las tantas fábricas de cigarros puros que vieron  fuertemente comprometida su rentabilidad luego de la entrada en vigencia de los impuestos internos, en 1895. A eso debe sumársele una dura crisis en las plantaciones de tabaco ese mismo año y la creciente presión de los artículos similares importados.

jueves, 18 de abril de 2013

Avanti en Caras y Caretas II

En contraste con la típica humedad que poseen  los cigarros tradicionales del tipo habano (imprescindible para su adecuada conservación), los toscanos son cigarros secos desde el mismo momento en que salen a la venta. Esa característica se debe al proceso de curado y al estacionamiento de hasta doce meses que realizan  las manufacturas italianas especializadas. Semejante peculiaridad, propia del cigarro que nos ocupa en su lugar de origen, no se terminaba de cumplir en nuestro país. Tal vez debido a la alta rotación  del producto y al costo que representaba la estiba de millones de cigarros en lugares acondicionados especialmente, algunos fabricantes argentinos de antaño preferían el lanzamiento  al mercado con un pequeño grado de humedad  remanente. Sin embargo, esas mismas empresas tenían claro que la sequedad era una de las claves de verdadero sabor toscanero, y por ese motivo instaban a los minoristas y consumidores a “completar” la fase final de la elaboración en sus propios comercios y hogares.


Así lo evidencian varias publicidades de Avanti  aparecidas en Caras y Caretas durante la década de 1920. Veamos dos  ejemplos emblemáticos al respecto:


HAGA ESTO EN SU PROPIO BENEFICIO. Los AVANTI son cigarros perfectos por su tabaco, su elaboración, su equilibrio y su estacionamiento. Asegúrese usted plenamente estas cualidades cuidando un poco los que ha de fumar. Todo lo que debe hacer es comprar un paquete y colocarlo en un lugar bien seco. De ese modo tendrá siempre a mano un AVANTI que le dará satisfacción cabal.


El mejor cigarro -y el AVANTI lo es en su clase- puede desmejorar si no se lo cuida una vez lanzado a la venta. Ese cuidado consiste en tenerlo en lugar bien seco. Cómprese, pues, un paquete de AVANTI, cuídeselo en esa forma, y en cualquier momento se dispondrá de un cigarro capaz de dar satisfacción absoluta en materia de fumar.

Otro tema reflejado en las antiguas propagandas de la mítica marca es el de la calidad de sus tabacos. La envergadura de producción que llegó a alcanzar la Compañía Introductora de Buenos Aires en materia de toscanos hizo siempre necesaria la compra de materia prima a diferentes productores mesopotámicos (especialmente en Misiones), amén de las propias plantaciones que la firma poseía en las provincias del NEA (1). Por lo tanto, la adquisición de tales mercaderías resultaba vital para asegurar  la continuidad cualitativa de sus legendarios puros, tal como lo afirmaba el siguiente anuncio:


Un mandato imperativo. Año tras año, los expertos que compran tabacos destinados a la elaboración de los cigarros AVANTI reciben las mismas instrucciones, breves y categóricas: COMPREN ÚNICAMENTE LO MEJOR SIN REPARAR EN EL PRECIO. Y he aquí por qué los AVANTI no han sido ni serán superados.

Remarcables testimonios de los tiempos de gloria del toscano en Argentina. Ya volveremos con otros vestigios similares, y con nuevas pistas sobre la huella de este cigarro tan caro a los afectos históricos del país.

Notas:

(1) Hay indicios de que la CIBA también contaba con algunos cultivos en Tucumán durante las primeras épocas, pero fueron desapareciendo hacia la década de 1920.

domingo, 7 de abril de 2013

Manufacturas pioneras del toscano nacional: La Argentina, de Juan Otero

Tal como aseguramos en las primeras entradas, uno de los objetivos de este blog es realizar una nómina de fabricantes argentinos a través del tiempo. En ese orden de cosas, cobran singular interés los primeros establecimientos dedicados al ramo toscanero. ¿Se puede establecer cuáles fueron, realmente? Bueno, ya hemos dicho que la información aquí presentada se basa en un trabajo de investigación permanente, sujeta por ello a modificaciones y aclaraciones en la medida que vayamos realizando nuevos descubrimientos. Así, los primeros manufactureros serán tales hasta que aparezcan otros anteriores, si es que tal cosa llega a suceder. No obstante, podemos asegurar con cierto grado de certeza que las dos casas tabacaleras que vamos a presentar en sendas entradas sobre los pioneros de la actividad  son, realmente, muy antiguas. Ya las hemos mencionado con anterioridad, pero ahora vamos a profundizar en sus respectivas particularidades históricas gracias a la completa reseña que de ellas realiza la Guía descriptiva de los principales establecimientos industriales de la República Argentina (1) en su edición del año 1895.


Todo parece indicar que la primera casa enfocada en la confección de cigarros italianos fue La Argentina, de don Juan Otero. En su trayectoria comercial  llegó a ser una referencia en la materia, tal como indica el hecho de su mención por Juan Domenech en la Historia del Tabaco. Quien suscribe tenía algunos otros datos aislados sobre su existencia, pero sólo en forma reciente pudo acceder a información más completa gracias al trabajo bibliográfico mencionado de 1895. Ya en el encabezamiento hallamos  una contundente cita sobre la orientación  productiva de la casa: especial en cigarros italianos. Luego continúa: “esta fábrica fue fundada allá por el año 1870 por el meritorio industrial don Juan R. Otero, que se instaló y puso a trabajar con dos aprendizas, pues por aquella época no existían ni oficialas ni fábrica alguna de ese género”. (2)


Más adelante asegura que “el cigarro italiano de la paja Virginia elaborado por La Argentina se expende en la plaza con marcas propias registradas, lo que le ha valido una clientela numerosa y sólida, que prefiere este cigarro al extranjero, por su calidad, mano de obra y precio” (…) “Cada obrera, término medio, elabora doscientos cigarros en ocho horas de trabajo, el cual se paga a un peso el ciento el de primera y ochenta centavos el de segunda. La casa elabora varias otras clases de cigarros, entre los cuales se cuentan los Toscanos, Cavour; Media Regalía, Damita, Viena, Plumitas y varios otros tipos finos como el Hoyo de Monterrey (3) De estos cigarros se produce mensualmente una cantidad que varía entre 20 a 25.000, según su demanda. En la elaboración de ellos se emplean respectivamente los siguientes tabacos: Virginia para los dos primeros, Sumatra para el 3° y el 4° y Borneo para el 5° y el 6° en la hoja exterior, siendo el interior tucumano de 1ª clase.” (4)  Posteriormente, el cronista detalla otras secciones de la fábrica (carpintería, litografía, envasado, expedición, etc.) y enumera algunas de las maquinarias presentes: diez prensas para cigarros, una caldera neumática para extracción de nicotina, otra de reconcentración, una prensa para exprimir los tabacos y varias estufas colocadas en una sección especial. (5)


Revelador testimonio de este legendario establecimiento, tal vez  precursor absoluto en la materia de confeccionar puros de impronta peninsular con materia prima nacional. Para finalizar, vemos lo que dice la reseña sobre el trabajo a domicilio, otro rasgo característico de muchas manufacturas tabacaleras de aquel tiempo: “la casa ocupa un buen número de obreros de ambos sexos, de los cuales unos trabajan en la fábrica y otros en sus respectivos domicilios”.

Notas:

(1) Obra patrocinada y realizada por la Unión Industrial Argentina.
(2) La referencia “allá por 1870” suena muy vaga, pero luego añade la frase “por aquella época no existían ni oficialas ni fábrica alguna de ese género”. El comentario resulta muy aclaratorio respecto a que la firma se especializó en tabacos tipo italiano desde sus comienzos, puesto que en 1870 había muchas fábricas de cigarros, pero seguramente ninguna dedicada a los toscanos, brisagos y cavours. Ahora bien, el “allá por…” es impreciso: podría tratarse de 1870 como de 1872 o 1875. De todos modos, y en cualquier caso, sigue siendo la más antigua que conozco hasta la fecha.
(3) Enésima prueba de que la propiedad de  las marcas comerciales extranjeras se ignoraba olímpicamente, ya que Hoyo de Monterrey era (y continúa siendo) una prestigiosa etiqueta de Cuba. El dato es más significativo viniendo de una fábrica de larga data, prestigiosa y artesanal, catalogada como de las más serias de la época.
(4) (5) Ello confirma la que parece ser una “fórmula” del toscano argentino en el siglo XIX: interior tucumano y capa Virginia (seguramente oscura), con un secado y estacionamiento posterior en estufas al fuego directo de leña. La presencia de dichas estufas resulta sistemática en todas las fábricas de cigarros tipo italiano, ya que éstos  eran los únicos que requerían semejante proceso para su secado y maduración. También se utilizaba algo de tabaco correntino, considerado inferior al de Tucumán. Por entonces, muy poco misionero (en 1892 Misiones acreditaba una producción de apenas 5.000 millares de plantas de tabaco, contra 30.000 de Tucumán y 40.000 de Corrientes), si bien acabaría siendo el más representativo del sabor toscanero a partir de la década de 1920.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cien años de éxito

En más de una oportunidad hemos manifestado que, dentro de nuestro país,  los cigarros toscanos gozaron de un liderazgo comercial absoluto en su segmento (es decir, el de los puros) desde fines del siglo XIX hasta la década de 1960 inclusive (1). Dado que semejante afirmación  constituye la esencia de lo que volcamos periódicamente en este espacio, no está de más incluir una entrada  para justificar la frase “el cigarro más popular” que elegimos como subtítulo para el blog. Las referencias documentales y testimoniales al respecto son, a mi modesto entender, abrumadoras, y podrían resumirse en cuatro tipos básicos diferentes:

1) Estadísticas, oficiales o privadas.
2) Fuentes documentales escritas (diarios, revistas, registros contables, menciones en la literatura)
3) Fuentes documentales no escritas (fotos, películas, letras de temas musicales)
4) Experiencias personales directas.

La demostración de semejante argumento se basa en la reiteración constante de la superioridad  numérica toscanera en todos los vestigios disponibles que han  llegado a mi conocimiento hasta la fecha (o sea que me refiero solamente a los que ya conozco, puesto que en el futuro encontraré muchos más, no tengo dudas). Sin contar las antiguas estadísticas oficiales italianas, que señalan categóricamente que Argentina era el mayor importador mundial  (2), los siguientes son algunos de los fundamentos acumulados, presentados en orden cronológico.


a) El libro de stock del Ferrocarril Sud del año 1898 que estamos subiendo por partes en Consumos del Ayer,  incluye, desde luego, los diversos artículos del fumar que se expendían en las confiterías de las estaciones y a bordo de los trenes de esa empresa. Sumando los despachos totales del rubro puros en los dieciséis meses que abarca el ejemplar (4/98 a 7/99), el producto de mayor salida no es otro que el toscano. Aquí va la cifra en cuestión, acompañada por similares guarismos de los tres cigarros que le siguen en términos de unidades vendidas:

Toscanos          11.700
Cavour               8.825
Santos                6.808
Juncales             6.597

b) Una serie de crónicas periodísticas de la ciudad de Rosario de los años 1905 y 1908  referidas a varios robos cometidos en cigarrerías de esa ciudad, revela también que los toscanos encabezaban  numéricamente los respectivos inventarios de mercaderías sustraídas (3), lo que indica a las claras una mayor existencia de stock,  motivada por mayores ventas (esto último es muy obvio, pero vale señalarlo de todos modos). El carácter incidental de esa información la hace doblemente valiosa.
c)  En 1907, un completo artículo de Caras y Caretas  expone  interesantes cifras relativas al consumo de tabaco (citado en la entrada “La familia de los cigarros italianos” del 23/1/2013), que en el peldaño de puros acusan (textualmente) 119.868.465 de cigarros de  5 a 20 centavos, 82.745.760 de toscanos, cavoures, brisagos, hamburgueses, etc, y 3.766.605 cigarros de La Habana. Tales números no parecerían denotar ninguna hegemonía toscanera en particular, pero es necesario comprender que la primera categoría, establecida en base al factor precio, abarca muchos modelos por forma, tamaño y estilo. Luego, el pelotón de los cigarros europeos tampoco pormenoriza cantidades individuales, pero para eso tenemos algunos trabajos de historia económica que señalan claramente que el toscano representaba entre el 75 y el 80% de las importaciones del grupo, lo que puede extenderse por añadidura a los ejemplares de fabricación nacional. Ello coincide perfectamente con unas cifras estimadas que estoy elaborando sobre importación de toscanos desde 1889 hasta 1910, y que pronto presentaré en una entrada especial sobre el tema (4). En resumen, todo ello parece evidenciar una vez más lo de siempre: que el toscano era el producto cigarrero más fabricado y consumido del país.
d) Otro registro periodístico de la primera década del XX, ahora de orden gremial, prueba que los toscanos tenían una entidad propia y bien diferenciada dentro del universo tabacalero. La siguiente es una foto de una “Asamblea de Cigarreros Toscanos”  (6)  celebrada por aquellos años, obtenida de la Historia Integral de la Argentina. Creo que la cuestión de fondo está clara: había un gremio de cigarreros específico para los trabajadores de las fábricas de toscanos, y otro para todo el resto de la industria de puros, cigarrillos y picaduras. Un dato más que revelador, ¿no es cierto?


e) Años más tarde, ya a finales de la década de 1930, Juan Domenech presenta una estadística sobre consumo anual según diferentes tipos de productos. Veamos lo que corresponde a puros, con las denominaciones literales empleadas por el autor y las cantidades redondeadas a miles:

- Cigarros “no toscanos”                                        16.205.000
- Cigarros “no toscanos empaquetados”                93.774.000
- Cigarros toscanos                                                70.370.000
- Ciagrros toscanos importados                             28.111.000
- Cigarros toscanos similares italianos  (7)            14.605.000
- Cigarros habanos                                                    553.000

Tal información merece varios comentarios. En primer lugar, salta a la vista que, con excepción de los habanos, los demás cigarros  no son reconocidos por sus propias denominaciones, sino por una especie de negación relacionada al propio toscano: son “no toscanos”. Continuando en esa línea, la suma de los tres ítems toscaneros nos da 113.086.000 unidades, o sea el número más alto en comparación con todas las demás categorías, separadas o juntas.


Ni siquiera me pondré a analizar la presencia preponderante y sistemática del toscano en las ramas del arte y la cultura de le época, ni mis propios recuerdos de la niñez al respecto, porque ese tema es suficientemente vasto como para justificar otra entrada completa. Pero lo visto brinda un pantallazo bien elocuente sobre la preeminencia histórica del puro que conforma el alma de este blog. Y repito: ha sido sólo un somero repaso de cifras aisladas. Ya llegarán estadísticas más completas, y seguirán demostrando que el toscano fue monarca absoluto en el reino argentino del puro durante un siglo. 

Notas:

(1) Me veo en la obligación de reconocer que “fines del siglo XIX” es un enunciado algo difuso. ¿Cuándo, exactamente, los toscanos pasaron a ser líderes en ventas dentro de nuestro país? A diferencia de otras certidumbres cronológicas que me he propuesto establecer mediante un trabajo de investigación histórica que apenas comienza, y que incluso cuentan con una fecha estimativa preliminar (año de la primera importación desde Italia -1866- y año de la primera fabricación nacional -1881-), la época en que nuestro héroe tabaquístico logró posicionarse en las preferencias del consumo argentino es mucho más difícil de definir con exactitud , dado que seguramente se trató de un proceso gradual. No obstante, tengo algunas certezas al respecto. Sería largo enumerarlas, por lo que prefiero esperar hasta que cuente con  mayores evidencias, pero todo indica que ello sucedió en el decenio comprendido entre 1885 y 1895.
(2) Eso es sin dudas remarcable en una mirada internacional (ver entrada del 10/1/2013), pero no sirve a los efectos de demostrar la supremacía comercial dentro de la Argentina.
(3) Reseñado en la entrada del 25/9/2012 de Consumos del Ayer, “Cigarrerías y casos policiales”.
(4) Aroma d’Italia. Emigrazione italiana e Monopoli dei tabacchi fino alla Grande guerra. Luca Garbini.
(5) Para 1907, daría unos 52.000.000 de toscanos importados y 13.500.000 de toscanos nacionales, lo cual es bastante razonable para la época.
(6) No debe sorprender la presencia de niños en la imagen, ya que el trabajo infantil era algo normal y socialmente aceptado en esos tiempos.
(7) Este ítem es intrigante, porque lleva de inmediato a buscar una posible interpretación del concepto “similares italianos” y su verdadera diferencia con el resto. En una de las entradas de Consumos del Ayer sobre la historia de los Regia Italiana postulé que se trataba de los toscanos ítalo argentinos de la SATI, hechos con un blend de tabacos nacionales e importados. Esa sigue siendo la posibilidad  más fuerte, pero se abren otras: ¿podrá tratarse de los toscanos elaborados en Suiza? Supuestamente no, porque entonces pasarían a ser “importados”, pero el interrogante sigue abierto de todos modos, por ahora.


sábado, 16 de marzo de 2013

Un yankee en Misiones: el tabaco Kentucky de la Compañía Introductora de Buenos Aires

El tabaco Kentucky, originario de Norteamérica, es el alma del toscano italiano genuino. Mediante un antiguo procedimiento de secado al calor directo del fuego de leña, la materia prima en cuestión obtiene un típico aroma ahumado  muy apreciado en algunas variedades especiales de cigarros puros y en numerosas mezclas de tabaco para pipa. Hacia fines del siglo XIX, la dependencia de la industria toscanera peninsular  al respecto era tan grande  que el gobierno italiano se vio forzado a abrir, en 1897,  una agencia en la ciudad de Nueva York con el fin de seleccionar, comprar y exportar hacia su país las mejores partidas de Kentucky cultivadas en el sur de USA (1). Mientras tanto, los fabricantes argentinos de la época “se las arreglaban como podían” (por decirlo de alguna manera) para imitar el estilo copioso y aromático de los toscanos clásicos del Viejo Mundo. Las evidencias documentales indican que se empleaba tabaco negro criollo de Misiones, Corrientes y Tucumán, con un pequeño porcentaje de Virginia oscuro (2). También se importaban, muy eventualmente, algunas remesas desde los Estados Unidos (3), pero está claro que la carencia crónica de buenos tabacos resentía la calidad de los productos nacionales, siempre deseosos de replicar la excelencia de los modelos auténticos provenientes de Italia.


La primera empresa argentina que decidió encarar el cultivo de tabaco Kentucky de manera seria, sistemática y sostenida en el tiempo fue la Compañía Introductora de Buenos Aires (CIBA), fabricante desde 1902 de los mitológicos toscanos Avanti. Fue así que la firma de marras estableció una chacra experimental en la localidad de San Alberto, ubicada unos kilómetros al este del río en la región tabacalera del Alto Paraná  Misionero. Desde algunos años antes, ese sector occidental del norte mesopotámico estaba desarrollando decididamente el cultivo del tabaco de la mano de colonos extranjeros (alemanes, suizos, brasileros, paraguayos), pero tales emprendimientos se orientaban hacia los tipos negros criollos de menor calidad. La llegada de la CIBA en 1918 resultó ser el puntapié inicial para la experimentación con variedades llamadas “exóticas”, lo que equivalía a decir de alta calidad. Con todo, esos primeros ensayos no fueron sencillos. Bien al contrario, la empresa de referencia debió realizar numerosos intentos con su correspondiente rutina de pruebas y errores. 


Juan Nobs (4) relata en sus memorias que la CIBA, luego de contratar expertos tabacaleros oriundos de Brasil, no obtuvo los resultados esperados en San Alberto y optó por continuar los intentos en una chacra experimental de Eldorado (5). Nobs señala que, aunque el cultivo parecía desarrollarse bastante bien, terminó resultando un fracaso total, "pues el tabaco, en vez de tomar un color marrón oscuro, con un lustre y aroma a humo, arenque o carne ahumada, quedaba verde y totalmente inservible". A tal efecto, el director y el vice director de la fábrica fueron enviados a Estados Unidos para adquirir los tabacos necesarios y "observar detenidamente todo el proceso de producción". Así, "llegaron a la conclusión de que debían contratar un experto norteamericano e instalar otra chacra experimental, en vez de comenzar con cultivos en gran escala, como lo habían hecho en Tucumán y San Alberto"  La CIBA vendió entonces su emprendimiento a la Compañía Colonizadora Alto Paraná en 1922 ,  transfirió la estación experimental a Eldorado y contrató al experto norteamericano, que dejó dos discípulos, los que finalmente alcanzaron la meta fijada luego de casi dos décadas de esfuerzos e inversiones. Ya hemos presentado este cuadro en la entrada sobre la fábrica Avanti subida el año pasado en Consumos del ayer, pero lo volvemos a señalar por su valor histórico. Se trata de la producción de tabacos por variedad en la provincia de Misiones hacia 1942 (6).
  
Tipo de tabaco
Kilogramos
Criollo Misionero
6.885.992
Kentucky
965.000
Habano
15.809
Maryland
400.625
Cubano
493.675
Negro en cuerda
796.485
TOTAL
9.557.516

Desde el punto de vista testimonial, estos indicios tienen mucho significado, dado que revelan el gran empeño puesto por la CIBA en pos de mejorar la calidad de sus toscanos. Con el correr de los años, otras firmas hicieron lo propio, tanto en Misiones como en Corrientes y Tucumán. Pero esa época de oro se fue apagando lentamente, merced lo hacía el producto que nos convoca en este espacio. La paulatina caída en la demanda del Kentucky a partir de los años sesenta (análoga al ocaso de los toscanos) hizo que los productores misioneros lo fueran abandonando progresivamente, con resultados visiblemente marcados: hacia 1990, sólo se producían 30.000 kilogramos. Actualmente su cultivo se ha trasladado a la provincia de Salta para ser utilizado con fines ajenos a estas latitudes, ya que se lo exporta a la Unión Europea en su totalidad.



Notas:

(1) Aun hoy, los modelos más caros del toscano italiano (Antico, Riserva, Originale, Moro, etc.) se confeccionan con tabaco 100% norteamericano. Los más económicos, en cambio, (Extra-Vecchio, Classico, Toscanello, etc.) están hechos con Kentucky cultivado y procesado en Italia.
(2) Así lo indican textualmente los viejos testimonios, con toda la incertidumbre que implica el hecho de que el Kentucky no es otra cosa que un Virginia curado a fuego. De cualquier manera, no hay dudas sobre el enorme predominio del simple tabaco criollo en los toscanos argentinos de fines del XIX.
(3) Hay pruebas concluyentes al respecto. Los propios trabajos citados en esta entrada indican que la CIBA tuvo que recurrir, en sus primeros tiempos, al tabaco de USA, pero existen indicios más contundentes aún. Muy pronto nos vamos a referir, por ejemplo, a las barricas de madera en las que llegaba el tabaco Kentucky desde los Estados Unidos hasta las plantas tabacaleras de nuestro país. Y lo haremos de un modo irrebatible: con  la foto de uno de esos viejos recipientes, obtenida en una fábrica de toscanos de la actualidad.
(4) Juan Nobs fue un  de un colono suizo arribado a la Colonia Puerto Rico a principios de la década de 1920. Tenía experiencia en la producción de tabaco y por ello fue elegido por la CIBA para trabajar en la chacra experimental de Eldorado. Más tarde, su destreza en ese campo lo elevó a la categoría de instructor para la producción del Kentucky,  y finalmente estuvo encargado de la fábrica de que la empresa instaló en Posadas. La siguiente es la imagen de un típico galpón para el secado de la materia prima ubicado en la mencionada colonia hacia 1940, obtenida del sitio www.somospuertorico.com.ar


(5) Aclaro que se escribe Eldorado, todo junto.
(6) Tabacaleros y acopiadores en la colonización del Alto Paraná Misionero (1930-1946), María Cecilia Gallero.