El año 1866 marca el inicio de la última etapa en los
sucesos correspondientes al desarrollo de la unificación italiana. Dicho
período se conoce como Tercera Guerra de
la Independencia y coincide con el momento de mayor fervor patriótico para
la entonces naciente nacionalidad peninsular (1). Curiosamente (o no tanto), esos años resultaron pletóricos de avances tecnológicos y científicos extendidos
a la industria de nuestro interés, la del tabaco, que tenía un amplio
desarrollo en la Italia de la época. Fue así que muchas publicaciones del
decenio en cuestión dieron cuenta de los quehaceres tabacaleros, tanto en lo
referente a la producción como también al consumo. Uno de esos pretéritos
trabajos (asequibles hoy gracias a sitios como Google Books o archive.org)
es el Manuale del Fumatore, editado
en Milán en 1866. Su autor, Giácomo
Sormanni, era un reconocido enólogo que por lo visto extendía su apego a
las cuestiones del buen fumar.
El momento de aparición del libro coincide con los primeros
años de importación argentina de cigarros italianos, período crucial de la
historia que nos desvela en este blog. Por ese motivo tomamos tan antiguo testimonio
con mucha atención, toda vez que nos puede ayudar a comprender mejor no solamente cómo eran los toscanos a mediados del siglo XIX, sino también cómo se los
consideraba y cómo se los fumaba. En una próxima entrada veremos que los
mencionados ingresos de tabaco peninsular se incrementaron exponencialmente
durante el decenio de 1860, lo cual tiene su sentido en la no menos creciente
inmigración que arribaba simultáneamente a nuestro país (2). En semejante
contexto, las consideraciones de Sormanni tienen para nosotros un gran valor
histórico. Y aquí viene los más interesante de todo: oh sorpresa, dentro de la
variedad de puros itálicos reseñados por el experto, los toscanos se llevan la
peor parte. De hecho, son criticados de un modo directo y cortante.
El capítulo que nos interesa se titula Rivista dei Zigari Nazionali y presenta observaciones y comentarios
de los puros italianos más famosos del momento, a saber: Virgina, Cavour, Roma, Sella, Superiori, Toscani, Bolognesi, Wevey y
“Cigaritos”. Hemos hablado en este
espacio sobre muchos de ellos, especialmente del Cavour y el Virginia
(Brissago), pero nos queremos enfocar de manera específica en lo que dice
sobre los toscanos, que es lo que sigue.
Zigari Toscani: Sono della forma dei Cavour ma un poco più sottili e più lunghi -i militari ne fano
grande uso perchè forti- la loro qualità è inferiore e tramanda un odore
cattivissimo. Traducido, “son de la forma del Cavour pero un poco más
delgados y más largos -los militares hacen un gran uso de ellos porque son
fuertes (3)- pero su calidad es inferior
y transmiten un olor muy malo”.
En líneas generales, Sormanni no parece tener un buen concepto
sobre los cigarros itálicos en general, pero su crítica al toscano es la más lapidaria de todas. Ello lleva a preguntarse si los puros que conforman la esencia
de este espacio eran considerados realmente tan malos en aquella época. Desde luego
que no existe una respuesta única e inequívoca para dicha cuestión (hay una
obvia subjetividad implícita en los
comentarios del autor), pero la realidad es que, por ese entonces, el toscano
no era visto como un producto de alta calidad, ni mucho menos. Aunque hoy se
pretende negar su origen humilde por el simple hecho de que dos próceres
italianos eran aficionados a él (Vittorio Emanuele II y Giuseppe Garibaldi) (4),
los vestigios documentales y testimonios de los tiempos del Resorgimento indican en forma bastante
clara lo contrario, o sea, que poseía todas las características del puro económico,
simple y popular. Hacia 1860 o 1870, el toscano acreditaba la misma reputación que puede tener para un
argentino de hoy, en términos gastronómicos, un choripán de puesto callejero.
En otras palabras: algo típico, pero de calidad discutible.
Maurizio Capurro, un lúcido usuario y colaborador del sitio www.gustotabacco.it
, dice algunas cosas muy sensatas
acerca del tópico que estamos analizando. Por ejemplo, que “hoy en día, los toscanos son menos comunes que en otros tiempos. No es
extraño verlos en boca de profesionales con cuello blanco, así como resulta
sorprendente hallarlos en escritos de sibaritas y sommelieres que anteriormente los
consideraban apestosos. Muchos de nosotros gastamos tiempo y energía para
estudiar, escribir y compartir con otros aficionados el gusto por ellos. Se
organizan eventos con personalidades que apenas los habían fumado alguna vez en
bares o en los bolos.” Y finaliza con una frase sobre la realidad del
toscano en los viejos tiempos, bien distinta a la rutilante celebridad de hoy,
que corona lo antedicho y a la vez que explica en gran medida las
consideraciones de Sormanni escritas hace ciento cincuenta años: “muchos fumaban toscanos simplemente porque
no podían permitirse algo mejor”.
Por último, tanto el orden de presentación de los cigarros italianos como los comentarios al respecto refuerzan nuestra hipótesis (tantas veces expuesta aquí) de que el Virginia y el Cavour fueron más famosos y mejor considerados hasta que el toscano comenzó su despegue, allá por 1890. Así se desprende hasta el momento de todas nuestras investigaciones, y en ellas seguimos... como siempre.
Notas:
(1) La lista completa de todas las batallas y combates que
la historia oficial italiana considera como pertenecientes al proceso del Risorgimento (aunque muchas de ellas
enfrentaron a pueblos que luego formarían la unidad del mismo país) puede
hallarse en el siguientes enlace: https://web.infinito.it/utenti/f/francots/ris/batris0.htm Se trata nada menos que de 76 acontecimientos
bélicos de distinta envergadura llevados a cabo entre 1820 y 1870, con una gran
mayoría acontecida a partir de 1848.
(2) Anticipando un poco lo que veremos pronto, la primera
importación de 1861 fue de 220.000 cigarros. En 1866 ya era de 2.093.000
unidades, o sea que prácticamente se había decuplicado en apenas cinco años.
(3) ¿Era eso verdad? ¿Constituían los soldados un grupo
característico de fumadores toscaneros en la vieja Italia? Existen indicios que
así lo sugieren, como muchas estadísticas oficiales sobre exportación de
toscanos con un elemento común: el incremento temporal de los envíos a ciertos
países de África mientras fueron ocupados militarmente en tiempos de la
expansión colonial italiana (Libia, Etiopía). También podemos hallar evidencias
locales, como la siguiente resolución publicada en el Boletín Oficial de la
República Argentina a fines de febrero de 1904, que habla por sí sola. Nótese
que se despachan cuatro veces más toscanos que cigarrillos.
(4) En un reciente viaje tuve la oportunidad de
charlar con Enzo Scivetti, Ambasciatore in Puglia del Sigaro Toscano, quien sostiene
eso, que era un producto consumido por todas las clases sociales. Scivetti es
un eminente catador de toscanos y un sólido experto en la realidad tabacalera
italiana del presente, pero no sé si se ha ocupado en indagar todo lo que dice
el pasado sobre el tema. Como se observará, personalmente me permito disentir
de su respetable opinión.
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