Hacia fines del siglo XIX, la industria argentina del tabaco
estaba dominada por los empresarios de origen español, quienes poseían más del 60% de los establecimientos manufactureros. No obstante, el fundamental eslabón
del consumo tenía como protagonistas a los italianos, que eran amplia mayoría
entre la población extranjera (1). No resulta extraño entonces que muchas fábricas manejadas por hispanos incluyeran al toscano entre su producción regular, toda vez que los puros de estilo
peninsular -importados o nacionales- se
alzaban con el mayor volumen de ventas. Según cifras estimativas que hemos podido elaborar a partir del trabajo del profesor Luca Garbini, en un período demostrativo correspondiente al segundo
semestre de 1895 y el primero de 1896,
la Argentina importó unos 40 millones de cigarros italianos, de los cuales 32 millones correspondieron específicamente a toscanos (2). Por ese entonces, la
elaboración nacional aún no equiparaba tamañas cifras (harían falta dos décadas
para eso), pero calculándola en un modestísimo 25% de su equivalente importado y sumándola a éste tenemos una cifra
total que ronda los 50 millones de unidades, y que se encontraba en constante
aumento.
La Guía descriptiva de
los principales establecimientos industriales de la República Argentina del
año 1895, que tanto nos ha servido como fuente de información histórica, ofrece
un excelente ejemplo del establecimiento en el que se mezclaba la antigua
tradición tabacalera española con los más arraigados artículos italianos del
fumar. Se trata de La Buenos Aires,
casa sita en Rivadavia 1549, muy cerca de lo que hoy conocemos como “Congreso”,
aunque en realidad pertenece al barrio de San Nicolás en su límite con el de
Monserrat (3). El texto comienza asegurando que “esta fábrica, que fue
establecida en 1889, ha sido reformada en sus directores desde el 1°de enero
bajo la razón social de Salvador León y Cía., de la que forman parte hoy los
señores Salvador León y don Gonzalo Perea, como socios activos solidarios, y
don José León Crespo, como socio industrial”. Más adelante brinda algunas
precisiones sobre la envergadura de la planta, cuyo local “ocupa un área de 80 varas de fondo por 20 de frente” (4) con un
galpón aislado al que denomina “sala de máquinas”. Estas se componen de “dos picadoras de tabaco alemanas de últimos sistema, un secador con
ventilador a vapor, una curiosa (sic) máquina
para fabricar el rapé, un cernidor a vapor y una prensa para extraer nicotina”,
entre otras. También puntualiza que el personal está compuesto por cincuenta
personas, entre obreros y empleados administrativos.
Pero lo que más nos interesa es la mención bien precisa de “dos estufas para secar cigarros italianos”, que no deja dudas sobre la elaboración de toscanos, Cavour y Brissagos, tan
de moda en ese entonces. Ahora bien, después de tanto énfasis puesto
en este blog en cuanto a la identificación de viejas fábricas toscaneras en
manos italianas, un emprendimiento de clara estirpe española parece fuera de lugar, pero esa es una visión
de lo más errada. Muchos cigarreros de la época –sin distinción de nacionalidad- habían “captado” la tendencia, lo que los hizo dedicar parte de sus
esfuerzos industriales en la confección del toscano y sus compañeros de género.
Los cigarreros nativos de Italia llevaban la delantera por las obvias razones de
afinidad, tradición y conocimiento, pero los españoles (tan numerosos en el
ramo, como hemos visto) no se quedaron atrás cuando empezaron a notar el constante
incremento de la masa consumidora que ponía su ojo en el producto de nuestro
interés. De hecho, el decenio de 1890 marca el despegue definitivo del toscano
y su rápida llegada al podio del cigarro de hoja más importado, fabricado y
fumado de la Argentina, que se hizo muy evidente a partir del 900 y se prolongó
por los siguientes setenta años.
Para despuntar ese vicio que tenemos de ubicar personajes de
la época con mayor especificidad, buscamos y encontramos a Salvador León en el censo 1895. El joven
acometedor tabacalero, de 34 años, se domiciliaba a pocas cuadras de su empresa
(Alsina 1719) y vivía junto a su esposa Dolores,
también de 34 años, su sirvienta Antonia
García (38) y sus hijos José (10),
Mercedes (8) y María Isabel (5). No tenemos dudas de que se trata del mismo
individuo apuntado en la guía industrial, ya que una de las columnas del
formulario censal está dispuesta para dejar constancia de la eventual posesión
de alguna propiedad inmueble, y en ella
se aprecia la incontrovertible palabra “cigarrería”. Otra conclusión que se desprende de los datos apuntados es
que León llegó a nuestro país entre 1887 y 1890, ya que sus dos retoños mayores
aparecen como españoles y sólo la hija más pequeña es argentina. El corte de
nacionalidades, entre las niñas de 8 y 5 años, es incuestionable y revelador de
sendos nacimientos antes y después de la
migración.
Al parecer, Salvador León no era cigarrero de oficio sino comerciante, empresario,
lo que se dice un “hombre de negocios”. Evidencias posteriores indican que
vendió la planta fabril y las marcas a su coterráneo José María León , con lo
cual la firma llegó a tener tres leones entre
sus directores. Pero este último era un verdadero barón del tabaco, dueño de “La hija del Toro”, poderosa y célebre
fábrica pionera en la actividad. En 1906, el susodicho renovó para sí la marca de cigarrillos Guardias Nacionales, propiedad de La Buenos Aires en 1895 según la guía descriptiva, e incluso llegó
a contar con esta última marca entre sus rótulos, la del nombre completo de la
vieja fábrica.
Así era el sector del tabaco en aquel entonces: cambiante y
dinámico. Y entre tantas historias de fábricas, comercios, publicidades y
descripciones pretéritas, aquí estamos nosotros para hallar, cada tanto, algún
nuevo dato que nos permita ir construyendo el pasado del cigarro toscano en
estas tierras, tal como lo venimos haciendo desde hace poco más de tres años.
Notas:
(1) Exactamente 492.363 personas, según el censo 1895. Ello
representaba el 48,9% de los inmigrantes y el12,2% de la población total de la
república. Sin embargo, en ciertos lugares concretos como la ciudad de Buenos
Aires o la provincia de Santa Fe, tales porcentajes eran mucho mayores y alcanzaban
hasta el 30% de todos los habitantes.
(2) Ver la siguiente entrada: http://traslashuellasdeltoscano.blogspot.com.ar/2013/07/importacion-de-toscanos-italianos-entre.html
(3) La calle Rivadavia marca justamente esa frontera, donde
la vereda norte corresponde a San Nicolás y la sur a Monserrat. Recordemos que
resulta fácil para cualquier porteño saber de antemano en qué vereda está
situada una dirección numérica determinada , puesto que, mirando las calles
hacia donde la numeración se incrementa, los pares están siempre a la izquierda
y los impares a la derecha. En el caso de Rivadavia, cuya numeración crece
hacia el oeste, los números pares están al sur y los impares al norte.
(4) La vara
española equivale a 0,83 metros y fracción, lo que da unos 17 metros de frente
por 66 de fondo.
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